Viaje al sur

Dando forraje al ganado con el Pipo

Dando forraje al ganado con el Pipo

Viajar  en junio a la Trapananda, la tierra que quedó lejos, el fin del mundo, el extramuro, la Patagonia, la “aysenidad”, puede ser  todavía hoy en el siglo XXI, una epopeya.

En estos viajes se aplica bien el  lema: “En Patagonia el que se apura pierde el tiempo”.

Habitada desde antes que llegara el Estado de Chile a la región,  fundada por  Antolín Silva Ormeño a principios de 1900, Balmaceda fue  el primer pueblo continental de  la región de Aysén, con un trazado en círculo diseñado por el mismo Silva Ormeño,  anónimo prócer de la patria como hay muchos.

Este trazado en círculo fue cortado medio a medio cuando instalaron ahí  el aeropuerto de la modernidad,  dejando el cementerio tan separado del pueblo, que al principio los velorios se hacían caminando en medio de la pista.

Balmaceda es el lugar de la región que sufre de más bajas temperaturas en invierno, llegando a veces a menos 24 grados centígrados. En ese lugar está siempre presente en forma constante el viento de la pampa, la inmensidad y el aeropuerto.

Cuando quieres viajar hacia allá en invierno nunca sabes si podrás llegar ni sabes si podrás salir. Los patagones estamos acostumbrados. ¡Pobre del oficinista que viaje en “traje” y que tenga que estar esperando en ese aeropuerto uno o dos días la salida del avión!

Una vez estuve cuatro días esperando “condiciones” como se dice cuando no hay aterrizajes ni despegues. En esos años, viajábamos hasta Puerto Montt en bus y de ahí tomábamos el avión a Balmaceda. Esa vez esperamos cuatro días en el aeropuerto de Puerto Montt.

En esos años los aeropuertos en el sur eran unas casitas de madera con una enorme chimenea al medio. Ahí la gente comenzó a hacerse amiga, a conversar, había uno que nos leía el tarot, cantábamos, jugábamos cartas, arreglábamos el mundo hablando de política, de la dictadura. Era la década de los ochenta, ahí las líneas aéreas no se hacían cargo de nada, tu debías llegar cada mañana al aeropuerto y esperar a ver que dijeran. Como en el cuento de Cortázar “Autopista al sur, pero en un aeropuerto austral casi al fin del mundo.

Hoy es distinto: Están las redes sociales, el avión se atrasa y tu tuiteas, Lan Chile regala indemnizaciones a los que se quedan pegados, las redes sociales ayudan para que le avises a las radios que llevas dos días pegado en un aeropuerto, te contactan con amigos, como el Pipo, que nos fue a buscar al aeropuerto en la última espera, nos llevó a alojar a su casa en el campo  y pudimos acompañarlo a alimentar sus vacas esa mañana de nieve antes de ir a tomar el avión.

Les dejo esta foto para que me crean.

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