Valparaíso un libro abierto

Este 9 de mayo en Balmaceda Arte Joven

Este 9 de mayo en Balmaceda Arte Joven

Por Eduardo LeBlanc, diseñador

Este jueves 9 de mayo comienza “Valparaíso un libro abierto, jornadas de literatura y diseño”, proyecto financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2013. El objetivo de este evento según sus organizadores, los diseñadores porteños Pamela Román y Eduardo LeBlanc, “es tener un acercamiento a la producción y la historia del libro dentro de nuestra cultura. Una visión tanto desde el punto de vista de la generación de contenidos, como desde el desarrollo gráfico en torno a este”.  Para eso han preparado charlas, conversatorios, workshops y una exposición, todas actividades gratuitas que se llevarán a cabo en Balmaceda Arte Joven.

Desde este acontecimiento, Eduardo LeBlanc escribe para La Juguera Magazine y se pregunta: ¿Qué sucedería si a una estirpe guerrera se le da libre acceso a la cultura?

“Valparaíso, un libro abierto” se plantea como una expresión de entrega y disposición al trabajo. No a ese trabajo que comúnmente se entiende, sino a un trabajo que yo vinculo conceptualmente al juego, o quizás a esa primera concepción etimológica de escuela, relativa al tiempo libre pero que implica, a través o a causa de alguna inquietud, un enfoque terco y tozudo por generar una obra consciente, una obra superiormente funcional.

No es mi intención ser localista ni abanderarme por Valparaíso, por tanto no diré que “en Valparaíso esto sucede mucho y a cada rato”, porque quizás en otro lado sucede más aún. Simplemente puedo confesar que conozco bastantes agentes que merecen ser oídos, observados, experimentados, a partir de su obra, sin distinción de disciplinas. En el caso de estas jornadas, nos hemos enfocado en el trabajo gráfico y editorial.

La historia del libro en nuestro país se construye en base a particularidades dignas de investigar, y a través de las cuales podemos ir también comprendiendo la realidad que hoy como sociedad tenemos frente a este hermoso objeto. En las primeras décadas de la Conquista, el consumo de libros estaba fuertemente restringido por la Iglesia y la Corona española. Todo tipo de lectura debía ser primeramente aprobado por la Inquisición, no estaban permitidas las obras de los principales filósofos de la Antigüedad. Todo tipo de material literario que representara un detonador de cuestionamientos, ya sea a la autoridad terrenal o divina, eran considerados “libros prohibidos”, y todo aquel que se vinculara a ellos, era castigado severamente por la Inquisición, cuestión que derivó en pocos libros y casi ningún lector.

Pero fue bajo este clima culturalmente represivo de la Colonia que poco a poco comenzó a germinar, y luego bajo el influjo de la Ilustración floreció aún más cierta inquietud entre algunos criollos por “traer la luz” a un pueblo que por siglos vivió en las tinieblas (acá está en pleno el discurso conceptual ilustrado). Fue así como poco a poco comenzaron a entrar libros “prohibidos”, en un principio a modo de contrabando por Valparaíso, y posteriormente ya sin trabas legales ni eclesiásticas en el período de la independencia.

Todos los detalles del desarrollo de la imprenta en nuestro país son notablemente rescatados en el libro “Historia del libro en Chile. Desde la Colonia hasta el Bicentenario” de Bernardo Subercaseaux. Ahora, ¿cuál es el estigma que deja plasmado en el ADN de un pueblo tal distorsión/represión cultural?, o más bien, en sus posteriores modelos políticos, un país que no podía acceder libremente a la lectura, en tiempos en que vecinos como Perú (sí, sabemos que era un Virreinato) contaban con considerables bibliotecas?. No deja de ser curioso cuestionarnos el escaso interés que tiene la lectura para el ciudadano chileno de hoy en día y, sobre todo en las autoridades, el hecho de que las condiciones en que se mantiene una editorial independiente es prácticamente en la sobreviviencia. Otra arista no menos penosa la constituyen los altos impuestos que se le achacan al libro, cosa que a la larga se torna un círculo vicioso puesto que el problema de las editoriales no yace únicamente en los altos impuestos, sino que también, y quizás en mayor medida, en que existen muy pocos lectores.

¿Estaremos quizás sintiendo aún las réplicas culturales represivas de la Colonia?.

Se especula que la Corona española siempre planteó mantener a Chile sumido en la ignorancia ya que era un pueblo con un ascendente potencialmente guerrero, el mapuche, que constantemente representó una amenaza para el español y ofrecieron la resistencia más férrea a sus propósitos, y posteriormente el patriota rebelde no se quedó atrás.

¿Qué sucedería si a una estirpe guerrera se le daba libre acceso a la cultura?, ¿cuánto triplicaría su poder?. Repito mi pregunta, ¿no nos suena esto acaso muy familiar hoy en día?.

Personalmente no soy de esos que achaca toda la carga de conocimiento y de desarrollo intelectual a los libros, pienso que es un hermoso soporte, lleno de magia y que tiene la capacidad, precisamente, de salirse de ese mismo “soporte”, para pasar a ser un “medio de”. Pero ojo, un paseo, una conversación, un buen disco oído de principio a fin, reflexionado, experimentado, no se quedan atrás.

Más info en http://valparaisounlibroabierto.com

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