Un Paraguaplégico en Villa Alemana

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 Media hora en colectivo desde Valparaíso a Villa Alemana para ver a Paraguaplégico, banda que he escuchado pero nunca he visto en vivo. Los amigos de Cajitas Rectangulares me han dado algunas reseñas de ellos y al parecer el evento será imperdible.

Los Paraguaplégico  no tocan muy seguido. La verdad es que casi nunca. Su baterista, al que apodan Dunga, vive en Brasil hace un tiempo, por lo que se desintegraron y cuando viene a Chile se reúnen esporádicamente, casi sin ensayar, y tocan. De hecho, esta es la única tocata que harán y el batero se va a Brasil mañana a primera hora.

El concierto es en el Rockamblue. Al llegar, me topo con el periodista René Cevasco, quien, según él mismo me ha dicho en otras ocasiones, sale muy poco de noche. Si es que está acá a estas horas de la madrugada, debe ser por algo, pienso.

Una de las tantas bandas de Jurel, Adelaida, comienza la velada. Todos sentados escuchando y calentando motores con las piscolas y las cervezas. Pasa el rato y es el turno de Paraguaplégico.

Lo primero que me llama la atención es la pasión que ponen arriba del escenario sus cuatro integrantes. Se nota que para ellos esta es la banda de sus vidas y a la vez, por algunos comentarios que lanzaron sobre el escenario, no les gusta esto de tener que tocar esporádicamente. De alguna forma, creo que se lo recriminan sin culparse unos a otros.

Paraguaplégico se podría decir que es una banda “tarro”, es decir, su música es pesada como ellos solos. Sus canciones me recuerdan a las reinas de la edad de piedra de Josh Homme, pero la intensidad  y densidad de los paraguas es aún mayor.

El show continúa sin freno, como latigazos que no se detienen. Siempre a todo volumen, sin parar. Cuando ambos vocalistas dejan de cantar, sigo escuchando gritos que retumban en mi cerebro y mis órganos vibran con la potencia que sale de los amplificadores. Tal vez estoy muy cerca del parlante. Ya están todos parados cerca del escenario disfrutando de los golpes al mentón que Paraguaplégico nos pega fuerte.

Luego empiezo a pensar en la trascendencia. ¿Una banda de Villa Alemana como Paraguaplégico, podrían por ejemplo tocar en uno de esos grandes festivales que se hacen en Chile? ¿Eso es trascender? ¿Qué será para ellos trascender? ¿Cómo hacerlos trascender? ¿Acaso importa trascender en la “industria” musical? Preguntas que constantemente me hago pero que mientras veo a los paragua me atormentan. Tal vez el cuarzo me está volviendo loco.

Los sigo viendo arriba del escenario dándolo todo. Los integrantes se miran entre ellos, sonríen, sudan, toman cerveza,lo están pasando la raja. Termina la tocata y se abrazan. Se sacan fotos, quizás cuándo volverán a tocar.

Ahora voy de vuelta en la micro a Valparaíso. No puedo dejar de pensar en la trascendencia. Para mí por lo menos, ya trascendieron. Y los que estuvimos ahí, seguramente pensamos lo mismo. A fin de cuentas, lo que importa es tocar. Tocar bien y con pasión.

 

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