Último cuadernillo con la obra de Carlos Pezoa Véliz

afiche 2Hoy miércoles 28 de mayo, a las 17 horas, en la Biblioteca Santiago Severín de Valparaíso, se presentará la última entrega de la investigación “Carlos Pezoa Véliz: uso de espacios públicos a principios del siglo XX”, realizada por el escritor Cristóbal Gaete. Esta vez, la temática del cuadernillo son los hábitos de salón, retratados e interpretados en los textos, ahora documentos, de Pezoa Véliz. 

La invitación
Carlos Pezoa Véliz ha dado vueltas por Valparaíso durante un año. ¿No lo has visto? Estuvo en el Cerro Cordillera, en Plaza Echaurren, en el Mercado El Cardonal, en Viña del Mar. Esta es tu última oportunidad hermano, o querrás esperar otros cien años, quizá ya no estemos acá para sacudir un montón de huesos y viejas tipografías y convertirlas en cuadernillos.
No te esperamos nosotros, te espera la clausura de la sistematización y representación de la obra de Pezoa en prosa.

Otra ópera cantada por aficionados
*Extracto del cuadernillo Hábitos de salón; texto publicado originalmente el 7 de julio de 1904 en El Heraldo de Valparaíso, firmado con el seudónimo “Enjorlas”.

Afiche del cuadernillo 5: Centro y periferia de Viña del Mar

Afiche del cuadernillo 5: Centro y periferia de Viña del Mar

Una ópera cantada por aficionados no es ya un hecho nuevo en los anales de Valparaíso, y el extraño hecho de que la ópera escogida no sea despedazada, atanaceada y molida por los audaces emprendedores, tampoco es aquí cosa de ayer… Hace tiempo ya que un cuadro de aficionados cantó en el teatro de la Victoria la Cavalleria Rusticana (1) y Aída (2) con gran éxito, abriendo gloriosamente la serie de estas cultísimas entretenciones y preparando al público para no desconfiar de los demás productos que llevaron el sello del mismo artífice.

En efecto, ¿en qué parte se lograría llenar un gran teatro con lo más selecto de la sociedad, con los miembros de sus más distinguidas familias, con sus más escogidas bellezas y sus más distinguidos músicos y artistas, durante una noche de temporal inaudito, mientras el viento silba en las calles y el mar destruye cuadras y cuadras de malecones, batiéndolos con el furor de un ariete que retumba hasta en la propia sala del espectáculo, durante los pianos de la orquesta? ¿Dónde se logrará congregar todo ese público sibarita e indolente para oír una ópera cantada por aficionados? Sólo en Valparaíso.

Y no porque caracterice a nuestro público, ni porque sea poco exigente cuando ha pagado bien, sino porque es una verdad el viejo adagio de que para muestra un botón, y porque estaban aún frescos los recuerdos del acabado conjunto de interpretaciones de otras óperas, de sus soberbios coros, de su magistral orquesta y de sus primeras partes, dignas en estricta justicia de entrar en línea con los profesionales de la lírica importada.

Afiche cuadernillo 4: Alimentación popular

Afiche cuadernillo 4: Alimentación popular

Se sabía que EI Pagliacci (3) y Hernani (4) serían cantados por alumnos del maestro J. Mario de la Mura, y que él lo había organizado y dirigiría todo; y era bastante. Por eso, el teatro de la Victoria se llenó a pesar del furioso temporal que devastó antenoche nuestro puerto.

Al público no se le engaña ni mixtifica, tiene una especie de instinto que lo lleva a los éxitos y que lo hace prever los fracasos.

Las ambiciosas esperanzas del de Valparaíso no se vieron defraudadas antenoche. El éxito de los aficionados que subieron bravamente a las tablas del Victoria, fue espléndido, completo, justísimo…

Era necesario el análisis minucioso del crítico, la atención forzada del observador estricto, para descubrir en aquella correcta ejecución de que alardearon todos y cada uno de los aficionados, esas vacilaciones o timideces que los denuncian no profesionales de la escena. Vestuario, iluminación, movimiento de escenas, coros y mímica, todo contribuía a hacer la ilusión de una verdadera compañía de ópera, pero de una compañía juvenil, fresca, llena de espíritu y de sentimiento artístico, sin carecer de sabia discreción y calculada pericia.

Afiche cuadernillo 3: Discursos y prácticas de la precariedad

Afiche cuadernillo 3: Discursos y prácticas de la precariedad

Lo primero que llamaba la atención era la orquesta; una orquesta como no hemos visto otra tan numerosa en el Victoria, dirigida por la eximia batuta del maestro La Mura, dócil, ágil, enérgica y expresiva como un gran instrumento bajo la mano del director. En seguida, se nos ofrecieron los coros, formados de voces frescas y armoniosas, hábilmente manejadas y que llenaban el proscenio de caras inteligentes y hermosas. La orquesta y los coros arrancaron, por sí solos, frecuentes aplausos. Apenas si podría hacerse un cargo a la primera y otro a los segundos: el de ser demasiado numerosa para las voces que debía acompañar aquella; y el de haber cierta desproporción entre el número de tenores y el de bajos, a los segundos…

Después, desfilaron ante el público las partes. Primero, Tonio, caracterizado por don Valentín Délano Ross, con soltura admirable, con gracia fácil, que nos cantó de un modo extraordinario el magistral prólogo de Pagliacci. Su voz poderosa, la soltura de su movimiento en las tablas, y la natural exactitud con que supo interpretar la majestad de Carlos V en el acto de Hernani, después de la gracia clownesca del payaso villano, le merecieron la primera ovación de la noche y no la menos entusiasta de ellas.

Afiche cuadernillo 2: Prácticas de la fe y espacios fúnebres

Afiche cuadernillo 2: Prácticas de la fe y espacios fúnebres

Don Arturo Sinn Tagle, en seguida, fue sin disputa el héroe triunfador de la noche. En su papel de Canio se reveló un tenor lírico de primer orden, y sobre todo un actor dramático capaz de comprender y expresar la actitud, los más hondos y complicados combates del alma humana. Su voz pura y fresca dominaba fácilmente la masa orquestal y le valió, conjuntamente con el mutis final del acto primero, las fatigas del bis y los honores de una salva atronadora de aplausos. Hernani, el caballero de la barba negra, fue digno de Canio, el trágico Pierrot de la veste blanca.

Y con los dos primeros, entre los hombres, el señor Teodoro Bascuñán y el señor Carlos Beéche, compartieron los aplausos, los vivas y las llamadas a escena. El señor Bascuñán cantó el rol de Silvio con el sentimiento más perfecto de su personaje, y luciendo toda la cultura de su agradable voz grave y sonora, y el señor Beéche, bajo el traje pintoresco de Arlequín, posesionado de la escena y de su extensa voz, cantó su serenata a la puerta de Colombina con pureza y nitidez tan exquisitas que le fue forzoso repetirla.

Afiche cuadernillo 1: Tránsitos y transportes

Afiche cuadernillo 1: Tránsitos y transportes

Dejamos intencionalmente para el último a la señorita Amelia Chacón, que cantó el rol de Nedda con gran soltura y gracia. Su voz, aunque apagada por la orquesta en algunas partes, se hizo oír y aplaudir repetidas veces, y en general fue celebrado su juvenil empeño por sacar avante las bellezas de su parte en medio de la formidable competencia de sus triunfantes compañeros.

Resumiendo, la ópera cantada por aficionados fue un acontecimiento musical en su género, que hizo las delicias del público, que así vio compensados sus sacrificios con una velada encantadora; y muy especialmente, fue un triunfo, un espléndido triunfo, para el empeñoso e inteligente maestro J. Mario de la Mura, que tantas simpatías se ha captado ya en nuestra ciudad.

 

(1) Melodrama en un acto.
(2) Ópera en cuatro actos con música de Verdi.
(3) El payaso, en español.
(4) Obra de teatro de Víctor Hugo.

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