Trans Web del Festival de Arte Erótico (FAE): Arte, erotismo y sexualidad en pandemia

Por: Jannel Lobos, periodista. 


“Erotismo y muerte” será la temática narrativa que guiará la cuarta versión de la fiesta privada Trans-web del Festival de Arte Erótico, que se realizará el próximo sábado 29 de agosto desde las 22 horas. A través de distintos formatos, FAE lleva un tiempo incursionando en la exploración del imaginario erótico y su relación con las cuerpas, cuestión que cobra especial relevancia en esta época de aislamiento físico y virtualidad. 


Hace algunas unas semanas asistí por primera vez a una fiesta erótica en formato web del Festival de Arte Erótico (FAE). Las “Trans-web” son fiestas privadas y performativas, que en contexto de pandemia son una adaptación del Festival que se realizaba en Santiago y del que ya había escuchado hablar mucho. Francamente, mi versión pre pandémica se incomodaba un poco con la idea de sumergirse ante un desafío que implicara experimentar con el erotismo y la sexualidad. Pero qué lesera. “Si no es ahora, ¿cuándo?”, pensé.

Primero lo práctico, porque la cosa no es ná al lote. La reserva de entrada se realiza previo pago de una membresía (que puede ser individual, de pareja o grupal). Posteriormente, recibes un correo de confirmación donde se adjunta el protocolo de participación y seguridad del encuentro, documento que establece algunas reglas y consideraciones básicas para asegurar que la experiencia sea placentera (como la no grabación y distribución de imágenes, el resguardo de tu identidad y la forma en que puedes ingresar (ya sea como voyerista o exhibicionista). 

Comencé a prepararme emocionalmente para el evento que según el cronograma partiría a las 22 horas y terminaría a las 2 de la mañana. Me arrepentí de no haber tomado siesta. No había investigado mucho porque quería vivir la experiencia sin spoilers, pero no sabía qué significaba realmente el rol del vouyer, si podría participar de algún modo o si solo tenía que observar si así estaba dispuesto. Con todas esas dudas nerviosas rondando, al final decidí que no iba a poder escribir un gonzo real si no me la jugaba un poco. 

Fabriqué un antifaz precario, me pinté bien los labios y me puse una camisa colorinche que desabotoné a la altura del ombligo. La organización sugiere que lxs participantes se “performeen” o cubran su identidad de algún modo para evitar cualquier mal uso de la imagen, además de utilizar un nombre de usuario que pueda chequearse al momento de ingresar. “La Mariana”, fue el nombre que escogí a última hora con la idea de no tomarme las cosas tan en serio – ya sólo quería disfrutar la noche.

A las 21.45 exactas recibí las coordenadas de ingreso y accedí a la plataforma Zoom, donde ya empezaban a conectarse varias personas. Todxs parecían demasiado entusiasmadxs y cómodxs en el espacio. Una música estilo foxtrot acompañó la espera mientras armaba un cañito y me servía un brebaje para mayor relajación. A las 22 en punto comenzó a visualizarse un video donde una voz metálica recordaba las reglas de la velada. No grabar, no transgredir al otre, dejarse llevar por la experiencia. A esas alturas la mezcla de  hierba, vinito y cansancio empezaban a surtir efecto. Así es: voy donde me lleven. 

Se presentó a Leonor Baesler, quien realizaría el set tecno erótico en vivo (y que gracias a una impecable técnica se escuchó maravilloso durante toda la velada). Luego comprobaría también la importancia de los estímulos sonoros y visuales durante la experiencia y su exquisita relación con la trama narrativa del encuentro. Alcancé a contar un poco más de 70 cuentas conectadas durante las cuatro horas de fiesta.

La primera video performance estuvo a cargo de Anna Balmánica y Amonoma, quienes durante la noche también iban tomando otros roles o hacían las veces de anfitriones del evento. Una serie de performances (que en vivo deben ser de otro planeta), se iban intercalando con música y desafíos interactivos que primero eran reproducidos por facilitadores andróginos, para luego dar paso a la experimentación de lxs participantes. 

Al igual que en una reunión de Zoom, quien quería ser enfocadx podía levantar la mano y recibir un “spotlight” (visualización en la pantalla principal) que iba rotando entre las distintas cuentas. Un desfile de cuerpas y genitalidades de todas las formas y colores se contorneaban para el deleite de la audiencia. Cerca de las 23 horas se dio paso al primer desafío: Retifismo. A continuación, una serie de spotlights de personas lamiendo e introduciéndose distintos tipos de calzado, masturbándose dentro de ellos, entre otras cosas. Me invadía una mezcla de placer y simpatía ver las performances caseras de lxs cada vez más entusiastas participantes. 

Vergüenza, realmente no te conozco.

Hasta ese momento todavía me sentía un poco incómoda por no participar de las dinámicas, pero entonces me di cuenta de que había mucha gente que no lo estaba haciendo y estaba bien. De cierta forma, todo estaba bien. Avanzando la noche seguían las performances, desafíos y spotlights de personas que bailaban, se desnudaban y se disfrutaban entre ellas (a través del castigo, del masoquismo, del sexo, del baile). Aproveché un par de spotlights espontáneos para bailar e interactuar coquetamente con el espacio e intercambiar unos interesantes mensajes privados. En el chat de la plataforma todxs se animaban entre sí, se destacaba a lxs participantes más osadxs y se sorteaban juguetes sexuales. 

Descubriendo el erotismo digital.
FAE

No parecía gran cosa el sexo, ni lo que las personas querían hacer con él. 

La puesta en escena de cada espacio y el relato cohesionado que enlazaba cada performance, desafío y estímulo visual, daban cuenta de una tremenda labor de producción tras el evento organizado por la equipa FAE. La preocupación por los detalles hizo que cada transición fuera sutil, dando a la narrativa una cadencia precisa para no perder la atención y motivación de lxs participantes. La atmósfera inmersiva permitía traspasar las barreras de la virtualidad para conectar con la experiencia, sintiendo el placer de estar siendo observadora y participante del juego erótico que se generaba.  

Faltando poco para las dos de la mañana y habiendo pasado por varias performances, juegos de rol, parafilias, baile y música, una última performance de erotismo porno contemporáneo anunciaba el fin de la fiesta. En el chat interactivo ya se estaba organizando un after virtual entre lxs participantes más motivadxs. 

Otra cosa importante: tomé conciencia de que en ningún momento me pareció estar en un lugar no seguro. Ya sé que la virtualidad no es lo mismo que enfrentarse a un espacio así en vivo, pero siento que si hubiese estado así, físicamente participando de esta fiesta, me habría entregado al momento sin ningún reparo. Había un clima de respeto tácito en el ambiente. Nadie era juzgadx, ridiculizadx o humilladx por otrxs, a nadie le importaba la forma en que cada quien interactuaba con la experiencia, lo esencial era el disfrute. 

Fuera de toda la educación sexual precaria (o nula), que hemos recibido en este país conservador – además de heteronormado y altamente represivo de todo impulso o deseo sexual/erótico-, estas instancias nos recuerdan la importancia de cuestionar desde dónde nos posicionamos con respecto a nuestros deseos. ¿De qué manera vivimos nuestra sexualidad? ¿Qué tipos de cuerpas deseamos? ¿A qué prácticas socioculturales responde nuestra conexión/desconexión con el erotismo y el placer?

Lxs asistentes experimentaban sin pudor con sus fantasías y deseos frente a la pantalla, con la espontaneidad propia de quien se siente a gusto con lo que tiene para ofrecerse a sí mismx y a lxs otrxs. Ese era un motivo suficiente para entregarse a la coquetería colectiva que facilitaba el espacio y darlo todo hasta el final. Terminó la fiesta y sentía que se habían disipado todas las dudas y juicios previos (de hecho, ya estoy pensando en comprar un antifaz decente para la próxima fiesta). 

Quiero invitarlxs a ser parte de la cuarta versión del Trans Web porque es altamente revelador y dopamínico reconocer e interactuar con la belleza del sexo y el erotismo desde lo real – eso que aprendemos a punta de experimentación y tropiezos-, y no a través de un ideal aumentado por estereotipos de belleza, convenciones obsoletas o la pornografía patriarcal, supremacista y neoliberal que construyó el imaginario erótico de muchas generaciones.

Ya es tiempo de re educar los sentidos y la moral para abordar nuestra relación con la cuerpa, el sexo y el erotismo desde una perspectiva más abierta, respetuosa y consciente. ¿Por qué no empezar ahora?

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