Teatro: Barrio Miseria o el callejón sin salida de la marginalidad porteña

Barrio Miseria

Barrio Miseria. Foto: Maglio Perez

Por Hilda Pabst

“Barrio Miseria 221” es un cuento del periodista porteño Danilo Hidalgo, que sirve como material detonador al director Luis Guenel, para construir un montaje políticamente incorrecto y brutal. En un giño evidente a la película (o el libro) Ciudad de dios, nos enfrentamos a una crónica teatral hiperrealista, cruda en extremo, agobiante a ratos y sin piedad para explicitar la violencia, el sexo despojado de humanidad, el machismo y una miseria que huele a humedad, escombros y pasta base.

Valparaíso aparece como un backstage marginal, donde la poesía y la bohemia del imaginario romántico se han reducido al hacinamiento y al mal vivir, y si algo de desgarro poético aún se deja sentir, es sólo para plasmar la nihilista filosofía punketa de que todo está jodido.

Afortunadamente, el humor negro aliviana el peso aplastante del abandono sistémico al que los personajes están sometidos. Pero siempre dejando desnudo el drama social: dos corpóreos mugrientos, Barney y Helo Kitty, que apenas caben en una pieza minúscula bailan y se tropiezan torpemente mientras sostienen un dialogo absurdo y delirante.

El microtráfico por supuesto es el hilo que une todas las partes y el motivo por el cual comienzan a sucederse una serie de extrañas muertes en el barrio. Pero eso es sólo un síntoma. En el lúgubre espacio de convivencia, hasta el amor y los afectos están envilecidos: la chica punky se acuesta con el mejor amigo de su novio y la madre de esta hace vista gorda ante el ultraje de su pareja a la joven. La única salida es traficar y ojalá ganar el territorio del traficante rival.

Foto: Maglio Perez

Foto: Maglio Perez

Algo de Tarantino también chorrea en la violencia pistolera y letal con la que culmina el montaje. No hay tregua a las emociones. La incomodidad es permanente. Es un teatro al que los porteños estamos poco habituados, pese a que alude a una realidad que no podemos desconocer que existe en este Valparaíso tan maltratado. La mirada santiaguina de la compañía Niño Proletario nos deja un poco noqueados por lo radicalmente efectivo de sus recursos dramatúrgicos, actorales, escenográficos y técnicos.

Y hay un trasfondo aún más duro, que se ha insinuado durante toda la obra, pero que sólo al final se materializa en imágenes, siempre muy cinematográficas, que saltaron al escenario desde el cuento de Hidalgo: “Las Ratas son unos niños hip hoperos que se encuentran siempre sobre el cerrito con el que culmina el Barrio Miseria. No tienen más de once o doce años y se la pasan a guata pelada, encaramados en las alturas, siempre cochinos, improvisando rimas y robando en las micros. Hay algo de ternura en ellos, en sus rostros de bebés malvados, en sus cuerpos flaquísimos, en su actitud de bandoleros legendarios. Les fascina la pasta…”

La infancia arrasada sólo se ve detrás del humo fumeta y pastero, es como un registro paralelo, un terreno baldío del que nadie se hace cargo. No hay concesiones en Barrio Miseria. La realidad aúlla con ferocidad y es un deber exhibirla. El espectador con vocación burguesa que se abstenga de asistir.

 

FICHA TÉCNICA

DRAMATURGIA: Luis Guenel y Teatro Niño Proletario (colaboración dramatúrgica de Nona Fernández)
DIRECCION: Luis Guenel
COMPAÑÍA: Teatro Niño Proletario
INTÉRPRETES: Paola Lattus, Claudio Riveros, Fernanda Ramirez, Diego González, Francisca Cruces, Giannina Fruttero, Rodrigo Velásquez, Francisco Medina
DISEÑO INTEGRAL, ESCENOGRAFÍA E ILUMINACIÓN: Catalina Devia
SONIDO: Carlos Barros
TÉCNICOS: Tatiana Pimentel, Evelyn Ortiz
GRAFICA: Alejandro Délano

PRODUCCION GENERAL: Evelyn Ortiz

 

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