Sucedáneo

Por José Antonio Luer
Actor, Director y Dramaturgo, Magíster en Artes con mención en dirección teatral de la Universidad de Chile.  

No es noticia que Internet y los medios virtuales se han transformado en un controvertido espacio de divulgación, circulación de información, manifestaciones, y denuncias, convirtiéndonos en verdaderos cuerpos mediados por la tecnología. 

Me gustaría pensar sobre el fenómeno de los espacios virtuales, especular hasta qué punto la red nos determina, y cómo veo nuestros procesos cognitivos en la Internet, nuestra realidad por excelencia hoy, dejando poco espacio a la subjetividad y mucho a la generalización de contenidos. 

Por varios siglos la filosofía ha asumido el desafío de problematizar nuestra relación con el mundo, proponiendo diferentes teorías epistemológicas; Racionalismo, idealismo, materialismo, entre otras materias de estudio en búsqueda de lo mismo, plantear hipótesis en relación al conflicto entre pensamiento y realidad, es decir, lo que se piensa y lo que existe (Descartes), y en variados casos apelando a la experiencia empírica. 

Según esto ¿Cómo podríamos decir que pensamos el mundo hoy? ¿Podemos reproducir una imagen fiel de la realidad por medio de la virtualidad, o la realidad constituida queda suspendida, se fragmenta, se distorsiona, se rompe, como un sucedáneo de dudosa procedencia?

Lo que llama mi atención de Internet es que a pesar de no ser un espacio físico-material, pone en juego diferentes piezas de nuestro entorno, alterando nuestras opiniones, percepciones, y diversos aspectos de nuestra existencia, desde lo político, social, ideológico, e incluso lo vital. Quién podría negarlo, cuando hoy el dinero es virtual, las clases de lxs estudiantes son virtuales, y nuestra circulación por la web está siendo vigilada para estrategias comerciales,  estableciendo formaciones sociales y culturales que van más allá de nuestras experiencias colectivas.

Hace unos meses pudimos evidenciar el poder de las redes sociales para generar convocatorias masivas a raíz de las protestas en nuestro país. Memes, circulación de videos, imágenes y gifs, se integran a nuestros procesos cognitivos con el fin de juntarnxs, estimularnos, y hacernos entrever una verdad.

La libertad en Internet es algo que no se supo predecir y menos controlar, no habita lo incierto o lo cierto pero apuesta en grande. En lo personal creo que las fallas que presenta la red son fantásticas, trabaja en el error y no anula, permitiéndonos acceder a la verdad desde otros lugares, y como declara Rosi Braidotti en su tesis a propósito de lo posthumano, nos posibilita trabajar en el interior del sistema sin ceder al mito del organicismo y la armonía holística. 

Por supuesto que existe miedo de que nosotrxs, la producción, terminemos dominando el efecto de la información, el convivio, y el flujo de los contenidos. Hay una condición potencialmente política en la red porque nos iguala, democratiza nuestras posiciones, nada ni nadie nos impide hacer y decir, independientemente de dónde vivimos, nuestro sexo, nuestras experiencias previas o nuestro currículum, todos constructos de una realidad obsoleta, sistemáticamente organizada que aquí poco se defiende. 

Claramente la tan legitima y controversial libertad de opinión nos conduce a la pregunta de qué creo, y qué o quién pone los limites de la credibilidad en un espacio democrático como este que nos distancia de la experiencia por medio de los sentidos, y que por el contrario nos propone tomar partido por algo que escuchamos o/y vemos, ideas o registros del mundo no presenciados. 

Siempre ha existido temor de ceder espacio a nuevos fenómenos que modifiquen nuestras maneras de entender el mundo, hay una humana resistencia y un imperativo “alto” cuando aparece un agente movilizador del orden. Es mas seguro pensar que la foto del acusado de violación es una denuncia equívoca porque eso presenta menos riesgo y responsabilidad. Ojo que aquí no estamos hablando en términos morales, de si es bueno o es malo hacer una denuncia por internet, el espacio existe y la posibilidad está, a mi parecer eso es por sobre todo una herramienta. Estas opiniones resistentes que existen en relación a la denuncia, o mas bien, a la libertad de denuncia, hacen que me pregunte si acaso aprendimos de las erráticas represiones del pasado.

Pero vuelvo al tema de la creencia con Denis Diderot, quién se entusiasmó por la verdad diciendo que es tan arriesgado creerlo todo, como creer en nada, y puede que haya tenido razón, aunque nuestra razón nunca ha sido capaz de conocer el mundo o de reproducir una imagen fiel de la realidad, la realidad siempre ha ido por años luz delante de la verdad, de lo que ha sido capaz la razón, y de eso no hay duda alguna, es de modificarla, desordenarla, abrirla y cerrarla, alterando las condiciones y posibilidades dentro de la misma. 

Sería injusto entonces limitar a la inmediatez a distribuir nuestras mentiras y nuestras verdades en las redes, generando consecuencias en nuestras formas de percibir lo que existe, consecuencias negativas y positivas, claro está, pero que se permiten un  movimiento en tensión por la clara necesidad de recuperar un curso que, según mi opinión, nos arrebató el materialismo al declarar que la naturaleza se movía en un orden circular y que por tanto no evolucionaba, cuando en realidad era ella la única capaz de reproducir lo real y distanciarse de los tediosos problemas en torno a la representación.  

Hemos sido cómplices de este potencial de la red en el fenómeno de la protesta, ¿cuantos años costó llenar de graffitis al general Baquedano en la plaza de la dignidad?, y en Internet el cuestionamiento de lo irrefutable está al alcance de un click. El monumento, que existe como una verdad física irrefutable, se instala en la ciudad a la vista de todxs, imponente e inmodificable, dificultando la posibilidad de una nueva verdad amparada por las circunstancias o por el tan legitimo cuestionamiento. Hoy en Internet el acto de develar es más fácil.  

Estamos viviendo una de las revoluciones aún no documentada mas grandes de la historia, la revolución de Internet nos mantiene atentxs y en contacto, nos empapa de un millón de verdades y mentiras, estimula nuestro pensamiento crítico y nos obliga a tomar partido, a involucrarnos con algo, ya sea desde el rechazo, la aprobación, o la omisión. 

Me he hecho amigo de la tecnología este último tiempo porque nos ha presentado muchas opciones de resistencia en el contexto actual en que vivimos, posibilidades que en otras épocas eran inimaginables. En los últimos años hemos mirado con distancia a los Gamers, los Hackers y otros oficios que nos llevan ventaja en el conocimiento y distorsión de esta dimensión virtual, que a mi parecer, y con un buen uso, puede generar un gran efecto a largo plazo, y aquí la falla en la tesis; hacernos recuperar la necesidad y el valor por encontrarnos con otrxs, para reconocer que la realidad que habíamos forjado no era más que un sucedáneo de lo real, reivindicando la organización circular que ya hemos visto corrompida en la naturaleza. 

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