Séptima lectura de poesía en Casa E

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El viernes 22 de mayo a las 19 horas se realizará la séptima versión de las lecturas de poesía en Casa E, ubicada en Lautaro Rosas 344, cerro Alegre. 

Los poetas Alexis Figueroa, Mario Verdugo y Claudio Guerrero leerán poemas propios y participarán en un diálogo posterior moderado por Ernesto Pfeiffer.

Alexis Figueroa (Concepción, 1956): “Son poquísimos los libros como éste -con evidentes riesgos formales, temáticos y políticos-, que lograron ser coronados, no ya en el Casa de las Américas, sino en cualquier concurso con solera institucional y boato internacional en la álgida década setentera y ochentera. Porque convengamos que aunque la parodia crítica se cuela en el corpus, el lugar del hablante es impreciso; fácilmente una exégesis sospechosa u ortodoxa podría haber condenado la polisemia del cabaret y sus doncellas cristianas como una loa cifrada, sexista, apóstata o macabra sobre las virtudes de un “progre” y triunfante capitalismo tardío” (Yanko Gonzalez)

Mario Verdugo (Talca, 1975): “Catálogo de intenciones y búsquedas, fagocitante música de cámara, diálogo feraz, voraz y contradictorio con la conciencia de clase y con la ambición intelectual y socioeconómica, este quinteto de textos parapoéticos –como Mario los define– inquieta de un modo singular porque enciende un fósforo en la sala de gas de la literatura, esa espelunca donde los fantasmas y los profesionales mascullan sus afanes y egotismos, sus difusas perplejidades y sus graves solipsismos disfrazados de grandilocuencia pretendidamente social. Bordeando un muy personal sentido de la resistencia a la comodidad del discurso común, Miss Poesías es lo más parecido a un faro en medio de un archipiélago de pantanos e islas equívocas. Su luz arrasa con modestia y claridad nuestra mente de lectores mientras nos ofrece la honestidad de su crítica y de su liberadora imaginación” (Bruno Montané)

Claudio Guerrero (Santiago, 1975): “Es importante destacar que los hechos que Claudio incorpora no se restringen sólo a la dictadura, más allá de algunos pasajes; no es una poesía situada, he ahí entonces su gesto de sombra ondeándose en un muro. Porque deja ver que la historia de este país, o mejor dicho de este gran fundo, no ha dejado de repetirse desde sus orígenes, ante la resignación de un país, que se divide entre los violentamente amordazados y los que, en un completo abandono al pensamiento, deciden ignorar los acontecimientos. No por ello este libro realiza un juicio o distingo entre el enemigo, los cómplices y la sociedad en que a algunos nos tocó crecer. Claudio se limita a exhibir aquello que tal vez ha pasado desapercibido, coincidiendo así con el filósofo Sergio Rojas, quien propone recuperar visibilidad por sobre la visualidad. Algo así como un llamado a ver las ruinas y no usarlas como imagen arquetípica de aquella noche eterna que señalara el poeta Ennio Moltedo. En otras palabras, no olvidar el deseo de revertir la clausura o el agotamiento de lo humano con que carga un lenguaje que se ha forjado en la barbarie y el nihilismo” (Rodrigo Arroyo)

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