Sensualidad desbordante en la nueva expo de Natalia Moya

Son las 11 de la mañana de un jueves ruidoso y Natalia Moya, con lentes de sol y el pelo tomado en tomate, está caminando hacia el ala oeste de la feria libre de Gómez Carreño, en Viña del Mar. Acá no hay puestos oficiales y todos los coleros se concentran, siendo ellos los principales responsables de una exhibición inmensa de objetos insólitos, manufacturados, reciclados y fusionados que descansan sobre paños en el piso de tierra. Parte de esa costumbre es la que la artista rescata para sus trabajos, sólo que en esta ocasión, su principal objetivo son cuerpos humanos y sus adornos; cinturones, pliegues, transparencias, cameltoes, pretinas, potos, chalecas desabrochadas, detalles que componen sus retratos fotográficos en búsqueda de identificar un paisaje urbano contemporáneo.

Natalia Moya

Natalia Moya

Por Valentina Peña Caroca

En Sensual, su nueva exposición, que se inaugura el sábado 6 de agosto, a las 19 horas en La Pan (Valparaíso 154, Cerro Lecheros), exhibirá parte de esa ardua y numerosa recolección que ha ido liberando durante los últimos meses en su Instagram.

Han antecedido al evento otras instancias similares que Natalia, admiradora del fotógrafo británico Martin Parr, ha localizado en espacios domésticos transformados en galerías de arte contemporáneo, como lo fueron sus exposiciones Zapato Warro en La Finca, Pulga en Worm y la más reciente Lloran Las Rosas, en honor al hit de Cristian Castro, donde junto al fotógrafo Sepia Brindis, recordaron grandes clásicos de internet como Maldita Lisiada y La Caída de Edgar, enalteciendo (sobre un refrigerador y con greda) la belleza de una bota picuda.

Todas tus exposiciones se han hecho en espacios domésticos, casas transformadas en galerías. Además de eso, ¿cuál ha sido el común denominador?

-Yo diría que el común denominador de todas estas exposiciones es que he sido acogida muy amenamente por todas las personas a cargo de los espacios. Todos han sido super generosos, y no en el sentido de “desea donar su vuelto a la fundación…”, sino que en ser respetuosos con mi trabajo, dándome de la libertad de hacer y deshacer a mi pinta, sin prejuicios ni trabas, dejándome meter bulla, ponerme mañosa, hacer hoyos en sus muros, que son parte del paisaje que me interesa.

Y en esa búsqueda de un paisaje urbano contemporáneo también has visitado varios países. ¿Cómo esa interculturalidad repercute en ti y en tu obra?

-Me gusta mucho viajar, disfruto el tramo desde Melipilla hasta donde sea. Según cada viaje, distinto el impacto, aunque podría clasificarlos de la siguiente manera: primero, en los viajes turísticos me he divertido mucho, he visto a los humanos haciendo las cosas más absurdas posibles, y yo también las he hecho. Segundo, también están los viajes a ciudades taquilleras, en donde he ido a museos a ver obras muy famosas, bienales de arquitectura, conciertos. Y tercero, también están los viajes más lolein aventureros, por ejemplo cuando fui con unos amigos a La Tirana y acampamos en plena pampa sin baños ni agua servida. En esas instancias he descubierto lo cómoda que soy, y al mismo tiempo he podido adentrarme en las situaciones que más me gustan.

¿Cuáles?

-Chilenos de fiesta aglomerados mirando una procesión o “sapeando” un incendio, o en el estadio o en cualquier cosa.

Y el tiempo que viviste en Brasil, ¿en qué categoría está?

-Ése lo destaco. Fue el 2012. Comenzó como “voy a ir a ayudar a una amiga a grabar un documental en el Sertão…” y terminó en que me quedé viviendo el 2013 en Sao Paulo, estudiando varias cosas interesantes y trabajando como audiovisual. En general, creo que los viajes son todo lo que el cliché dice que son: experiencias únicas que abren la mente, bla, bla, bla. Pero eso sí al regresar te atrapa la rutina y lo super descubrimientos que tuviste se diluyen en anécdotas semi-fomes. Pero obvio, siempre algo queda.

SENSUAL

Sensual, de Natalia Moya.

Sensual, de Natalia Moya.

¿Eres sensual?

-Sí.

¿Quiénes son sensuales?

-Chuta, mucha gente, pero pensando en famosos… Javier Bardem, Alexis Sánchez y Marc Anthony.

Lo que muestras en tus fotos no corresponde al estereotipo típico de sensualidad, o del cuerpo perfecto. ¿Intentas revalorizarla o estás siendo irónica?

-La verdad, de todo un poco. No me caso con ninguna de las opciones. Lo que sí te puedo decir es que lo mío no es activismo. No tengo con estas fotos, por ejemplo, el exclusivo discurso “estos son los reales cuerpos, y no los de la tele”. No, para nada. Respeto a quienes abordan su trabajo desde esa área, pero no es lo mío. Y de ironía también hay, obvio, pero no tampoco es el tópico central. Para mí lo sensual de esas fotos se relaciona con el goce que me genera componer la imagen, sus colores, su forma, y no tanto con el simbolismo. Igual mi idea del arte es que debe generar preguntas en cada espectador.

¿Cómo haces la captura sin que la gente se dé cuenta?

-Buena pregunta, el cómo sacar la foto ha sido todo un tema en este proyecto. Para poder responderte tengo que hacer alusión a varias cosas. En primer lugar, para mí estas fotos son paisaje, no retratos, pero eso la gente no lo sabe. Entonces, si voy por la feria sacando fotos a hombros de viejas obviamente me echan la foca, porque no saben que lo que me interesa es exclusivamente es su hombro. Segundo, en ese documental de Vivian Maier (Finding Vivian Maier, 2013), se menciona algo así como que parte importante de la construcción de sus fotos radica en el hecho de que la cámara que usaba la llevaba colgada a la altura del pecho, lo que le daba un ángulo especial. Yo me quedé con esa reflexión, y sumándosela al otro factor, es que decidí sacar fotos haciéndome la weona para que no me descubrieran, con la cámara colgada a la altura del pecho, y disparando a mi objetivo cuando éste estuviera lo más cercano a mí posible.

¿Y te pillaron?

-Varias veces me descubrieron; algunos me miraron feo, otros se cagaron de la risa.

sensual natalia moya

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