Sebastián Moreno, cineasta: “Guerrero es un espejo que te invita a revisar tu propia biografía”

Manuel Guerrero y Sebastián Moreno en Valparaíso. Fotografía: Ximena Miranda.

Por Rodrigo Fredes Pizarro

A mediados de los años 80, la palabra “Fanta” para muchos adolescentes como Manuel Guerrero Antequera no era una bebida ni resonaba con las burbujas de fantasía. Se trataba de Miguel Ángel Reyno, alias “El Fanta”, un ex militante comunista devenido en torturador, que andaba tras los pasos de su padre Manuel Guerrero Ceballos, dirigente comunista asesinado el 30 de marzo de 1985 por agentes del Estado, pertenecientes a la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), junto a José Manuel Parada Maluenda y Santiago Nattino. Cuando supo que los tres habían sido degollados, el niño Guerrero no lloró. Se hizo más fuerte y pidió venganza, convirtiéndose en un activo dirigente secundario. Pronto debió ser sacado del país por la Vicaría de la Solidaridad, pues su vida también corría peligro.

Tres décadas después, el destacado director nacional Sebastián Moreno, quien tenía 13 años cuando oyó el reporte de Radio Cooperativa sobre la muerte de los dirigentes, decidió plasmar la historia de vida de Manuel, el hijo. Al documento lo tituló simplemente Guerrero. Un apellido valiente y en dónde vuelve a sorprendernos con una obra que emociona de principio a fin, por la fuerza del personaje principal y por la indiscutida calidad profesional del equipo con que arma sus películas.   

Algunos de tus trabajos anteriores, como La Ciudad de los Fotógrafos (2006), tu primera obra documental, ya es un film épico. También lo es el anterior Habeas Corpus (2015), donde tocas siempre el tema social y de DDHH. ¿De qué manera se estableció el vínculo con Manuel Guerrero, tu personaje principal en esta historia?

SM: Naturalmente, es un poco por la misma razón que surge La Ciudad de los Fotógrafos. Crecí también en un Chile de dictadura, donde a los niños no se les contaba mucho porque debía haber un filtro. Mi papá fue siempre una persona de izquierda, fotógrafo, y el caso del asesinato de Guerrero, Nattino y Parada fue algo que golpeó muy fuerte a nuestra comunidad y entorno cercano. Como niños igual nos vimos involucrados y afectados por la emoción de los adultos, de nuestras familias. También observábamos las imágenes de Manuel siendo niño, hablando en público sobre la muerte de su padre… Y bueno, un día nos reencontramos ya como seres maduros para conversar sobre el tema y terminamos haciendo esta película.

Conversamos con ambos en Valparaíso, unas horas antes del estreno.

Manuel Guerrero, 1985.

¿Qué piensas hoy Manuel de todas esas imágenes de archivo donde apareces con apenas 14 años como dirigente secundario enfrentando públicamente a la dictadura?

MG: Mientras veía el proceso documental que Sebastián iba ensayando, me surgió la figura del niño guerra de la canción del músico Hugo Moraga. Y claro, teníamos 13 o 14 años cuando iniciábamos nuestras militancias políticas en organizaciones revolucionarias. Había una causa y actuábamos desde un concierto de colectivo, nadie andaba por la suya, y confiabas ciegamente en el compañero que tenías al lado, porque de eso dependía tu vida.

Al punto que cuando ya eras adolescente te agarra la Vicaría de la Solidaridad y te saca rápido del país…

MG: Claro, y ahí está el punto de inflexión que recoge el documental: el niño combatiente que se va a formar afuera para volver a cobrar venganza, pero que es atravesado de pronto por la historia universal, como la caída de los socialismos reales y el formar parte de los movimientos para democratizar la (ex) República Democrática Alemana. Y donde muchos hijos e hijas debimos tener la fortaleza para reinventarnos, para seguir adelante con estos combates por otras vías… Ahí me invitó Sebastián con este documental a visitar nuevamente estos lugares de infancia y adolescencia, mientras yo al mismo tiempo estaba de viaje, pero un viaje  interior.  

Se aprecia en la película una línea de vida que se da naturalmente y con una estructura dramática que corre por sí sola. ¿Sobre qué base armaste este guión, Sebastián?

SM: Comenzamos el registro con el presente de Manuel, hace diez años atrás, en el momento de su elección como concejal por la comuna de Ñuñoa. De a poco los archivos comenzaron a coincidir con los relatos y la investigación, eso nos permitió ir estructurando el viaje que comienza con el hito terrible de la muerte de su padre y que retorna y supera ese lugar. Es como un espiral, donde la misma persona te va contando su historia en distintas épocas. Es el mismo Manuel de 5, 13, 16 y 47 años.

En términos de construcción del personaje, se observa un trabajo fluido en la forma cómo va avanzando Manuel en relación a la historia…  

SM: Claro, pero fue largo el proceso porque también vas atravesando etapas. Y Manuel fue muy generoso al momento de compartir su historia, su experiencia de vida, que es quizá lo más valioso que pueda tener uno en este mundo. Por eso es una película que se abre a todas las edades y públicos, debido a que todos vamos a pasar por ese mismo tránsito, todos fuimos alguna vez adolescentes y todos vamos a ser adultos que tuvimos un pasado. Es un espejo que te invita a revisar tu propia biografía, a preguntarte ¿Dónde estabas tú en ese momento, ese día? ¿Qué hiciste en ese período?.

MG: También fue un proceso de descubrimiento de mi propia historia, pero siempre teniendo el cuidado de que si bien es algo muy personal, a la vez la siento como parte de una historia colectiva, como una biografía social.


¿Y cómo lograste controlar la rabia que sentías de adolescente por la injusticia social de entonces? Si yo volviera a este país después de todo ese tiempo, y viera cómo estamos, creo tendría más rabia…

MG: Claro, pero yo creo que el proceso no es negar la rabia, sino complementarla con la reconstrucción, con este viaje interior para recomponerse, observar el daño, conjurarlo, y volver a encontrarse con los demás para retomar la lucha, que puede ser en distintos formatos. En el contexto de la dictadura tomamos ciertas opciones y en el presente seguimos ensayando, pero ya con una sabiduría. Y no para presentarla como modelo, sino como una experiencia compartida, para generar a partir de eso una conversación.

¿Y crees que este documental lo logra?

MG: Sí. Pienso que esa situaciones límites que pasamos tantos en la dictadura, muestran también tus propios límites. Y eso se resuelve encontrándote con otro, no yéndote a un autoinmolación o a una estetización de lo vivido. Y salir jugando finalmente. Creo que esto puede dar pie a diálogos intergeneracionales, para transformar este presente que no está a la altura del sacrificio que hicimos. El tema de la corrupción actual es el mínimo. Reconquistar nuestra democracia es un pendiente, si lo medimos con la vara de que hubo gente que dio la vida. Hay una nobleza que nos debe inspirar de manera constructiva. Entonces no se trata de negar la rabia, sino complementarla con una paz contigo y los demás. Es un proceso de sanación en la historia, no negando lo ocurrido.     

Funciones en Insomnia Alternativa de Cine (Teatro Condell) VALPARAÍSO:
Viernes 25 de agosto – 19:00 horas
Jueves 31 de agosto – 19:00 horas

 

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