Salvemos Quirilluca: El corazón de Puchuncaví

Mientras la atención nacional se centra en la pandemia por Covid-19, los miembros de Salvemos Quirilluca lograron que el Servicio de Evaluación Ambiental admitiera a trámite un recurso de invalidación contra Maratué, megaproyecto inmobiliario que podría dañar el último pulmón verde costero de Puchuncaví.

Por Sandra Rojas
Fotos Ricardo Quero / Del libro Quirilluca, registro fotográfico de nuestro patrimonio.

Para la comunidad de Puchuncaví, Quirilluca es un oasis. Al norte de la Playa Larga de Horcón, cercado por acantilados y alejado de las grandes urbes, pareciera ser un refugio verde en la costa; el único en medio de una zona que, por sesenta años, ha sido consumida por la devastación ambiental.

Quirilluca es playa, bosque, añañucas, chungungos, chercanes, tencas, loicas, chaguales, bellotos del norte y piqueros. Pero también es el reflejo de la ambición inmobiliaria que, con un proyecto denominado Maratué, pretende utilizar más de mil hectáreas para la edificación de 14.180 viviendas en un período de 45 años.

Según Ricardo Quero, miembro de la organización Salvemos Quirilluca, la construcción de una mole habitacional como esa significaría la destrucción de flora, fauna y de una memoria cultural histórica ligada a los acantilados. “Quirilluca es un respiro de aire puro, un retiro espiritual en un lugar que ha sido sumamente azotado por la contaminación del cordón industrial de la bahía. Por lo mismo, nosotros tenemos la convicción de salvaguardarlo, protegerlo. Hay una relación emocional con este sitio”, sostiene.

Chungungos y Piqueros

Para llegar a Quirilluca, hay que caminar más de cuatro kilómetros. Con su orilla de poca pendiente, oleaje suave y senderos que recorren el borde del talud, es el rincón secreto de una variada población de fauna azotada por varamientos de carbón y aire contaminado. En sus acantilados, nidifica el piquero común, comunidad única en toda la zona central de Chile continental; en el mar, nadan decenas de chungungos, una especie de nutria marina en peligro de extinción. “Son animales que se desarrollan acá porque están aislados de los humanos. Si esto se poblara, probablemente se vería afectada su reproducción, migrarían o terminarían desapareciendo”, explica Ricardo.

A esto hay que sumar que el bosque reúne a la población más costera de Bellotos del Norte, árbol centenario en estado vulnerable que, en 1995, fue declarado Monumento Natural. Los acantilados, que alcanzan los 40m de altura, también son reconocidos como geositios por la Sociedad Geológica de Chile. De igual forma, la construcción habitacional pondría en riesgo la privacidad de al menos cuatro balnearios cercanos, entre ellos, la playa nudista Luna.

Si bien desde la inmobiliaria El Refugio -ligada al empresario Óscar Lería y su familia- aseguran que Maratué vendría a solucionar el problema habitacional de la comuna y que 125 hectáreas serían transformadas en Santuario de la Naturaleza, muchos de los habitantes reciben estas propuestas como simples premios de consuelo, exiguos ante el daño. “Nosotros consideramos que es insuficiente. En un informe técnico que hicieron expertos de la PUCV y la UPLA proponían, al menos, 500 hectáreas de santuario, 150 claramente es un retroceso. Respecto a las viviendas, hay mucha incertidumbre. Dicen que, de las 14 mil casas, 2 mil serían subsidiables, pero nunca han aclarado qué tipo de subsidios. Dudo que los vecinos de la comuna puedan acceder a ellos”, dice Quero. El proyecto tampoco acredita, de manera sustentable, la procedencia del agua potable para los más de 14 mil nuevos hogares, la mayoría de veraneo.

Conflictos de interés

Incluso el Ministerio de Medio Ambiente ha intentado declarar esta zona como un lugar de conservación. Hace un tiempo, licitaron un estudio de la consultora Geoneyen, que hoy se encuentra en la mesa del Consejo de Ministros para la Sustentabilidad, quienes deben resolver la viabilidad de nombrarlo Santuario de la Naturaleza. Irónicamente, dentro de ese grupo, están los titulares de Agricultura, Antonio Walker, y de Obras Públicas, Alfredo Moreno, quienes tendrían vínculos de amistad con los dueños de la inmobiliaria. “Moreno es amigo personal de uno de los promotores de Maratué, son muy cercanos, compañeros en el rodeo. Por otro lado, Walker promueve otro proyecto, El Alto, que está al lado, y es hermano de Francisco Walker, el principal promotor”, revela Quero.

Bingos, marchas, publicación de libros, cartas públicas y llamados de atención. Así, vecinos y miembros de distintas organizaciones han tratado de detener el avance de las inmobiliarias. Si bien ha sido difícil, ya se avistan algunos logros. Hace unos días, el Servicio de Evaluación Ambiental admitió a trámite un recurso de invalidación contra la Resolución de Calificación Ambiental que le había dado luz verde a Maratué. Un pequeño paso que los motiva a seguir resistiendo. “Con este logro, continúa el trabajo de tumbar un proyecto que pretende destruir nuestro último pulmón verde y talar 131 hectáreas de bosque nativo para construir segundas residencias dirigidas a 56.000 nuevos turistas”, celebran desde la organización. Y agregan: “Continuamos presionando y a la espera de que el Ministerio de Medio Ambiente cumpla con su propuesta de declarar el sector como Santuario de la Naturaleza”.

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