Rockodromo Patrimonio Migrante: Un retorno a los orígenes

“Lo que ustedes cantan es, es el canto africano (porque el rock es hijo del jazz, que es hijo del blues que es hijo del espiritual) (…) y yo estoy segura de que ustedes saben cantar con el grito, ese grito africano que es un grito de libertad, es un grito primal y esto se canta desde el mismo lugar es un canto de la entraña, es un canto que no es esteticista. Se canta con la vida, se pone la vida en esto. El canto cósmico. Ella dice que es un canto universal, un canto cósmico”

Pedro Aznar recordando las palabras de Leda Valladares

Fotografía: Carlos Ormazábal

Fotografía: Carlos Ormazábal

Por Estefanía Urqueta C.* / Galería de fotos de Jorge Severino Durán

En la escena musical porteña el recorrido temporal de 11 años de Rockodromo, bajo la tutela de las Escuelas de Rock (CNCA), ha logrado afianzarse como un importante espacio de difusión y trabajo de la actividad musical local como nacional.

La parrilla programática de este año no solo consiste en el tradicional concierto masivo con múltiples bandas y solistas chilenos, sino que esta vez la propuesta ofreció un programa más amplio que abarcó cuatro días de actividad y difusión musical entre el 4 al 8 de febrero. Desde muestras fotográficas, presentaciones de libros de bandas, conversatorios en torno a la actividad musical, la presentación de Noche en los balcones, pasando por un espacio para la música migrante y la tradicional jornada de toda una tarde de rock que esta vez se extendió en dos jornadas con una notable convocatoria del público.

Uno de los nuevos espacios que se consideraron fue Rockodromo Patrimonio Migrante que el viernes por la tarde ocupó la tradicional Plaza Aníbal Pinto para el despliegue de las bandas invitadas a la jornada quienes aportaron con ritmos tradicionales del candombe uruguayo, danzas del oeste africano, cumbia colombiana y música de Haití. Puesta en escena que jugó y rompió con los límites de un concierto estrictamente musical, retomando el sentido original de las expresiones artísticas al considerar la danza como parte fundamental de la presentación e incluso hizo una invitación a la participación del público en este relato musical.

En este sentido, se abre la discusión de cuál es el sentido de estas expresiones en el marco del Rockodromo, el cual se ha caracterizado por ser un espacio propio del rock nacional. Frente a esto se puede abrir una segunda interrogante acerca de cuáles son los límites en la música popular actual para catalogar ciertos tipos de expresiones como pertenecientes a un género determinado, en este caso específico al rock.

Si se hace un recuento a lo largo de la historia del rock, se constata que este género siempre se ha caracterizado por su flexibilidad y la capacidad de ir bebiendo y haciendo relecturas de otros géneros o estilos para integrarlos dentro de su repertorio. De esta manera, la distancia que se podría generar a priori con los grupos que estuvieron en Rockodromo Patrimonio Migrante no aparecería tan ajena. Sin embargo, otra lectura que se puede realizar a la invitación que se hace al incluir el trabajo de grupos como Afro Play, Comparsa Catanga, Comparsa del Puerto y Cumbiamé alude a un sentido más primal del rock. Una vuelta a los orígenes de este estilo que se consolidó como parte de la cultura popular desde la segunda mitad del siglo XX.

Como señala Pedro Aznar al recordar las palabras de Leda Valladares, el rock posee un estrecho vínculo en sus orígenes con África con ese grito desde la entraña evocando libertad. Grito que no solo se remonta a ese territorio sino que abarca una expresión universal del canto cósmico, en donde también se consideran las distintas expresiones de folclore local de cada región. Así, la unión de Comparsa Catanga y Comparsa del Puerto no solo hacen una demostración de festividad y alegría, sino que también contiene todo un trasfondo ritual y religioso de las tradiciones uruguayas que fue compartido de manera sintética pero con gran empuje con el público porteño, logrando generar un diálogo y sentido de comunidad dentro del espacio urbano de Valparaíso.

Afroplay también nos remite a este sentido primal del rock, presentando las bases de este estilo el ritmo de los tambores y la conexión ineludible de música-danza que también ofrece una pequeña muestra del sentido ritual de la música popular. Cuestión que también fue expuesta de manera notable, tanto a nivel musical como en sus coreografías por Cumbiamé, agrupación que logró generar una síntesis muy bien lograda entre la tradición y elementos de la música actual. Por ejemplo en el ensamblaje de sus instrumentos, generando un sonido muy bien logrado que remitía a los orígenes locales de Colombia, que a su vez lograba un lenguaje cercano a la música contemporánea.

Rockodromo Patrimonio Migrante plantea un escenario muy interesante, en donde la vuelta a los orígenes del rock y al sentido de la música popular vienen a romper con los límites de las categorizaciones buscando volver a unir y retomar el fin convocante, comunitario y ritual de la expresión musical en sí misma, mostrando la constante capacidad de los ciudadanos de apoderarse de los espacios públicos, haciendo una relectura de la vida en comunidad, resignificando los rituales primales dentro del territorio contemporáneo porteño.

*Profesora de Historia PUCV. Alumna del III Laboratorio de Crítica Cultural de Balmaceda Arte Joven Valparaíso

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