Rockódromo 2015: Un festival público, gratuito y de calidad

 Mc Shamániko y Jurel Sónico de Adelaida

 

Mc Shamániko y Jurel Sónico de Adelaida

Por Cristian Zúñiga Lucero, Director de Escuelas de Rock

El primer Rockodromo en la ex cárcel fue el año 2004, en el patio de tierra de un lugar que, en ese entonces, aún exorcizaba a los fantasmas de ese otrora recinto penitenciario. Era el despertar de Valparaíso como ciudad Patrimonio de la Humanidad y epicentro de la cultura en Chile, gracias al aterrizaje del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en la ciudad puerto.

Así, Rockodromo nace como hijo de los Carnavales Culturales; o mejor dicho: como el hijo under de esa instancia que privilegiaba pasacalles, teatro y conciertos de artistas consagrados.

Fueron momentos inolvidables los vividos en aquellos conciertos, donde no cabía ni un alfiler en el patio de la ex cárcel y con presentaciones artísticas memorables: el “Macha” de La Floripondio sólo enfundado en chitecos, La Patogallina y un eufórico recital, Weichafe, Pequeñas Partículas, Sinergia, Cholomandinga, Congreso, el debut de Chinoy y muchas otras presentaciones que hasta hoy, permanecen en el recuerdo de quienes asistían como fieles devotos a estos encuentros en medio del calor de diciembre.

Luego partimos de la ex cárcel y comenzamos un peregrinaje por diversos espacios ciudadanos: está el desembarco en el estadio Playa Ancha, en una memorable jornada con 15 mil asistentes y una parrilla de culto; pasamos por el Muelle Barón, en un escenario que aportó una estética y mística que hasta hoy va atada a este festival; y una última parada previa en Parque Italia. Además, Rockodromo ha albergado otras instancias que escriben su propia historia en nuevos escenarios temáticos que ocupan distintos puntos de Valparaíso: la Noche en los Balcones, la Gira por los Cerros, la Noche de Culto y muestras de documentales y fotográficas que aúnan todo este relato.

Hoy cumplimos 11 años y casi cuesta creerlo. No es fácil mantener un festival de música chilena, en el espacio público y durante tantos años. Creemos que el matrimonio entre Valparaíso y Rockodromo se ha mantenido en forma, por una razón fundamental: esta ciudad es la cuna del rock en Chile y por ende, lleva en sus venas guitarras, redobles y líricas chúcaras. Fue en el puerto de Valparaíso por donde comienzan a hacer ingreso los primeros instrumentos musicales eléctricos llegados a Chile y es aquí donde nacen los Blue Splendor, Payo Grondona, Los Macs, Congreso y Los Jaivas, todos, piedras angulares del rock y la música popular chilena.

En la actualidad, formamos parte del circuito de festivales musicales más importantes de Chile. Y por supuesto, parada forzosa y distinguida entre de aquéllos que activan el verano la Región de Valparaíso, como el Festival del Huaso de Olmué y el Festival de la Canción de Viña del Mar. En momentos donde la ciudad de Valparaíso debate y reflexiona sobre su futuro productivo, cultural y patrimonial, creemos importante considerar a la creación y difusión musical, como un valor agregado que otorga experiencias culturales significativas al Chile actual y que contribuye de manera significativa a promover y desarrollar la actividad económica local.

Somos un país que debe comenzar a diversificar su matriz productiva y también, una sociedad que debe consumir más belleza, creación y espacios públicos de encuentro. La música puede satisfacer ambas dimensiones de vida.

Esta nueva versión de Rockodromo llega en un buen momento para la música chilena. Tenemos una escena musical de exportación, con festivales instalados a lo largo de Chile, distribución disparada en Internet, alto crecimiento de la empleabilidad para los trabajadores de la música y una agenda legislativa activa, rica en debates sobre la música que queremos: ahí está la aprobación de ley del 20 % de música chilena en radios y la emergente discusión en comisiones sobre la llamada “ley de teloneros”.

En ese horizonte, somos un festival único, que reúne a músicos de todo Chile, la mayoría  provenientes de procesos de formación bajo el cobijo de las Escuelas de Rock. Codo a codo, se intercalan con artistas consagrados y con invitados internacionales. Lo anterior hace de este festival, un espacio de encuentro, formación y reconocimiento. Y de su edición número 11, un punto de partida: una vuelta de página para esa primera década de versiones ya inscritas en el imaginario porteño y nacional.

Como Escuelas de Rock del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, les decimos: bienvenidos a Rockódromo 2015. Un festival público, gratuito y de calidad.


grilla rockodromo 2015

 

 

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