Resiliencia crónica o mi cosecha de cuarentena

Por Carolina Ibarra Peña
IG: @_krolito

Hay días que me levanto valiente, agarro el lápiz y escribo una denuncia formal.
Luego me arrepiento.
Es que no se trata de golpes, de malas palabras, de abusos. No.
Se trata de las marcas profundas que dejaste, de palabras que quemaron.
De recuerdos que me dejaron estigmas y cicatrices.
Y no digo tu nombre, tú sabes perfectamente quién eres y qué hiciste.
O quizás aún no lo sabes.
Y podrás tener mil excusas, podrás justificarte mil veces.
Pero tú sabes perfectamente quién eres y por qué lo hiciste.

Hay otros días en que solo quiero gritar, y que todos sepan de qué eres capaz.
Pero con solo gritarlo no se me devuelve la vida que perdí, las noches que no dormí, los días que me odié, las mañanas que lloré, los momentos en que quise morir.
Depresión me dijeron que era. Tómese estas pastillas.
¿Te das cuenta que las excusas no alcanzan?
Estrés post-traumático, me aclararon después.
Tómese estas otras.
¿Te das cuenta que las cicatrices no se borran?

Hay días en que me despierto empática:
Probablemente estás herido. Herido como todos los de tu especie.
Te hirió el patriarcado.
Te abrió con un cuchillo, te quitó la humanidad y te puso ojos de capitalismo.
Todo se vuelve un objeto de tu complacencia.
Te quitó el espíritu, te arrojó a la tierra, para que actuaras como desalmado.
Probablemente llevas la marca primitiva. Esa que arrasa con todo, quema los campos y les arroja sal para que nada vuelva a crecer.
¿Te das cuenta lo difícil que es volver a sembrar, cuando hay que quitar grano por grano?

Hay otros días en que te veo en la cara de todos los que me rodean.
Creo que todos me harán daño.
Entonces agarro un pesado rastrillo, que arranque lo malo y deje lo bueno de la tierra.
Los mejores, son los días en que no te veo. Son días buenos.
¿Te das cuenta que el dolor se carga y no desaparece?
¿Te das cuenta que se avanza, pero siempre se vuelve atrás?
Porque también me pertenecen esos lugares oscuros.
Porque lo pasado no se olvida.
Porque ya tejiste en mi cabeza redes que no puedo destejer.

Durante los últimos días, he ido encendiendo luces.
Frágiles llamas que inundan todo el lugar.
El bullicio de mi mente se calmó, volví a respirar.
No quiero ganar algo, porque lo que perdí no lo puedo recuperar.
Pero te condeno a vivir como un mal recuerdo.
Y te culpo. Eres culpable de lo que me hiciste.
¿Por qué a mí? ¿Por qué tú?
Hoy otra vez estoy arando.
Dejé de culparme.

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