Resacas infernales

Ilustración de Bettiana Castro

Ilustración de Bettiana Castro

 

Algunas secuelas nos deja el mes de septiembre, con acontecimientos fatídicos y paradójicamente también celebraciones.

Por Franco Contreras

En las redes sociales observamos tantos cadáveres de corderos empalados y parrillas atestadas de carne que decidimos salir y asesinar por encargo, nuestra comida.

Un sabroso costillar junto a una garrafa nos conducen a la más despiadada de las borracheras, primero las “Pilsen”, luego el buen vino; la conversación empieza a animarse, más tarde aparecen los amigos del ron y la piscola, las risas se transforman en risotadas y de éstas a las infaltables rancheras que a viva voz proclaman lo hermoso que es compartir con la gente querida…

 

– ¿y voh que trajiste?

– la ensalada

– pffffff, yo traje el pernil del chancho, lo vierai cojo en el corral ahora

– ¿tay sacando en cara?

Encima de la mesa, con patadas y combos, termina el cariño, respirando el polvo levantado por la rencilla limpiamos las heridas con el más fino de los licores. La mirada se concentra en el cantinero exigiendo un trago, éste bajo amenaza de golpes y sillas por la cabeza accede al requerimiento balbuceando; “esto es todo lo que tengo”, de esta manera un miserable cartón de vino añejo, nos muestra el incipiente sol matinal.

Rasguños y moretones faciales serian la antesala de fuertes dolores de mollera y el visceral llamando a Guajardo.

¡¡¡¡¡”Cantinero otra copa nos sirve”!!!!!

Con el pasar de los días cambiarán personajes y discusiones, la nieve sorprenderá a más de alguno sin calzoncillos largos, caballos ensillados sin jinete y camisas sin botones descansarán hasta que los acordes típicos inviten nuevamente a dar la siguiente “patita”.

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