Réplica, una crítica mosqueada

Por: Frida Tovar
* Participante Curso de Crítica Teatral de la Escuela de Crítica de Valparaíso

“No se trata de entender de qué se trata el mundo, sino en qué se está convirtiendo”.
– Walter Benjamin

¿Algún día saldremos de aquí? Me refiero a este aquí que es nuestro cuarto, nuestra casa, nuestra mente que poco a poco va soldando barrotes entre la introspección y el afuera.


Es esta desesperación de sentirse atrapado la pulsión que mueve a Réplica, una obra de teatro futurista que aborda desde cuerpos chilenos una pregunta que todos hemos tenido y pocos nos hemos atrevido a formular: ¿Hasta dónde puede llegar la sed de progreso tecnológico? No les voy a mentir, de pronto estas preguntas suenan vacías, como ecos metálicos que todo el mundo ha escuchado ¿Para qué hablar en Latinoamérica de ciencia ficción cuando la realidad está superando la fantasía? ¿Qué importa si la tecnología avanza mientras yo siga teniendo una vida fuera de la pantalla? Digo todo esto mientras me pongo los audífonos para experimentar una obra de teatro a través de la computadora. Quizá, después de todo, hablar de esto sea más pertinente que nunca.

La historia: Cinco personajes en una sala de espera que parece más una torre de control. Una maestra, un “sobreviviente” a un juego suicida, un empresario parecido a Steve Jobs, una guía espiritual y una laboratorista investigadora de moscas que pierde profesión una vez que es nombrada madre. Todos ellos convocados por un quién sabe quién, un ente sin tacto, una consciencia celestial, por un hijo de su madre, en pocas palabras.

Tras un cegador oscuro y una música digitalosa, el “sobreviviente” al juego desaparece. ¿A dónde fue? ¿Por qué se fue? ¿En verdad es un sobreviviente o la muerte lo alcanzó y es ahora una réplica? ¿Por qué ya no está la puerta por la que entramos? ¿Cuándo y cómo saldremos de aquí?

Réplica. del latín replicare, que en origen significa pleglar hacia atrás o replegar, responder, contestar. A veces reflejar o hacer doblar.

Toda la obra está hecha de réplicas, espejos metalizados que doblan las imágenes, ilusionismos de vasos reflejando en el agua, el tema de la réplica exacta de un ser humano a través de su huella digital, pero sobre todo: la réplica discursiva.

Los cinco personajes pasan replicándose una y otra vez con argumentos solidísimos como si se tratara de enciclopedias humanas, los dos hombres parecen tener siempre la estabilidad emocional que se necesita para argumentar, las mujeres, por otro lado, son siempre interrumpidas e inestables, parece ser que desde la dirección de actrices, les fue dada la orden de perder todo control frente a la ansiedad. La única que parece no tener idea de lo que está pasando es la maestra, que representa para el espectador una guía verosímil al tema. La maestra se corrompe, pregunta impulsivamente, se entrega a la duda, se desabotona el saco, vive
desaliñada durante toda la obra. Mientras los demás personajes buscan tener la última palabra, ella gatea por los suelos como una lombriz que busca a través de su cuerpo tomar consciencia de lo que está sucediendo. Poner los pies en la tierra. Ella como un bufón, generando risas y soltando verdades que congelan.


Para referentes los hay a granel, la densidad de las preguntas se convierte en un aire que poco a poco pesa en nuestra ansiedad por volver en el tiempo y no haber tocado un celular nunca. De pronto la obra parece un Black Mirror rebajado o una nave espacial de la elegancia de Kubrick en Strangelove, pero otras veces las preguntas que plantea han pasado tantas veces por la experiencia moderna, que la torre de control parece la caricatura de un pixar, personajes bien estereotipados, la científica con bata, la guía espiritual hippie, el diseñador de apps con cuello de tortuga. Un Intensamente bien dilucidado: personajes dentro de la mente de alguien cuestionándoselo todo en pos del funcionamiento colectivo, una junta de trabajo que busca una solución al manejo de crisis.


De pronto, tras los espasmos de luces verdes de pócima mágica y los estrobos como rayos pegando en el castillo, nace también un Frankenstein, y todos nos convertimos en ese Rocky Horror que intenta cuestionarse qué hace en el mundo pero no logra decir una sola palabra. Sólo balbucear.


¿Si la tecnología sigue evolucionando, dónde pararemos? ¿No supondría el nacimiento de nuevas apps, robots y buscadores la extinción de la raza humana? De pronto el sonido de una mosca, es una madre que ha perdido a su hijo imaginando su cuerpo descomponiéndose, allá pararemos. Con o sin tecnología, regalando o no nuestros datos, mirando o no obras de teatro a
través de la computadora, revolucionando o no la experiencia estética, en medio o no de una pandemia mundial, enfermos o no, afuera o adentro, allá vamos todos. A jugar la Ballena azul, a convertirnos en Ángeles que miran ciencia ficción, a terminar tú y yo en un desierto que quién sabe si exista, en medio de esas preguntas que abochornan, dejando o no una réplica de nosotros, teniendo como única certeza de conciencia, que habrá una mosca revoloteando encima de nuestras cabezas.

La ironía de criticar una obra de teatro futurista viéndola desde la computadora.
© Jorge Sánchez

Ficha técnica:

Dramaturgia: Isidora Stevenson / Dirección: Francisco Krebs / Elenco: Paola Volpato, Patricia Rivadeneira, Ximena Carrera, Francisco Pérez-Bannen, Felipe Zambrano / Diseño de escenografía, iluminación y audiovisual: Jorge Velis / Música: Alejandro Miranda / Producción: Carolina Courbis, Alessandra Massardo / Producción ejecutiva: Javier Ibacache

Puedes ver “Réplica” a través de la plataforma Escenix.

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