Ray Charles no podía ver las estrellas ¿Cómo sueñan los ciegos?

Oh woman, oh, woman, don´t treat me so mean, 
You´re the meanest old woman that i´ve ever seen.
Ray Charles, Hit the road Jack.

Por Frida Tovar


Hace apenas tres noches, dos infusiones para dormir, y un antifaz relleno de harina, que desperté en medio de la noche con la revelación de un sueño que jamás había tenido. 

Yo, la de los sueños volteados, la misma que sueña imágenes terroríficas y fantasías nunca antes vistas, soñé oscuro. Así como lo leen, mi sueño prescindió de la vista.

Desperté con la cabeza revuelta y una canción pegada en el cerebro porque no podía recordar una sola imagen pero sentía aún el sueño latente en la melodía: Hit the road Jack.

Isabelle Arnulf, en el libro ¿Cómo soñamos? explica uno de los métodos de recogida onírica más usados en el último siglo, los “noctarios”, que son prácticamente diarios de sueños en los que el o la soñadora anotan cada noche su experiencia. Ustedes saben que si no atrapas al sueño en los primeros tres segundos de vigilia, se escurre para siempre de tu memoria. Así que me dispuse a comenzar uno de esos y me apresuré a escribir mi sueño con la mano floja. 

Era yo, acostada en el pasto con los ojos abiertos, mirando al cielo y presenciando una lluvia de estrellas junto a Ray Charles. Sonaba de fondo Hit the road Jack. ¿Cómo supe eso si no podía ver nada? ¿Por qué había creado una imagen en mi cabeza? ¿Así soñaban las personas ciegas? Eran demasiadas preguntas. 

José Carlos Dávila, catedrático de Biología Celular en la Universidad de Málaga, asegura que en el caso de las personas con ceguera congénita, un problema en la retina basta para impedir que la información visual llegue al cerebro a la hora de dormir. Y si esa información no llega, la corteza cerebral es colonizada por otro tipo de sensaciones, como el tacto, el oído, el olfato e incluso el gusto. 

Me tallé los ojos y así, con el rímel corrido y el cabello enmarañado me pregunté ¿Cómo era posible que estuviéramos tan acostumbrados a mirar? A rellenar la ausencia de vista con imaginaciones desesperadas. ¿Es posible que mirar se haya convertido en una adicción y que ya no seamos capaces de adaptarnos a la oscuridad? Pensé en las redes sociales, en la televisión, las películas, las series, incluso pensé en este ensayo y lo pienso ahora mismo que lo voy escribiendo. Al momento de traducir mis pensamientos al lenguaje escrito, estoy muy posiblemente negándole la entrada a un sector importante de la población: los ciegos.

Nuestra vista está gastada, la mía por lo menos cuenta con unos nobles tres grados de miopía en cada ojo, el mundo cada vez se va haciendo de más y más armazones y todes marchamos por ahí como bichos con googles. Recuerdo a Carlos Fuentes nombrando a una de sus obras El tuerto es rey y pienso, ¿si en un país de ciegos el tuerto es rey, en un país de videntes el ciego no lo sería también? (dejando atrás las monarquías, claro, que ese ya es otro tema). 

Aún consciente de mi privilegio, envidio de pronto a la gente que no puede ver nada, a las personas que no pueden ver los gráficos violentos del día, me parece de pronto divertido que haya una realidad alterna confluyendo en este mismo instante, en la que las voces bonitas dicen más que una skin care routine, unos ojos azules o el baño exquisito de una selfie durante la golden hour. En un mundo voyeurista, algunas veces dan ganas de dejar de mirar. 

Pero yo no soy la única que lo ha pensado, a lo largo de la historia, miles de personajes se han cuestionado el derecho a mirar y ser mirados. Edipo, arrancándose los ojos, Medusa, convirtiendo en piedra a cualquiera que la mire, o un hombre quedándose ciego en medio de la calle debido a un virus incurable (¿nos suena?) en Ensayo sobre la ceguera

De igual modo son más las personas que no han podido elegir el destino de sus ojos y nos han demostrado que se puede mirar de otro modo, Ray Charles cantando Hit the road Jack al piano con lentes de sol o Helen Keller promoviendo el socialismo y el sufragio femenino a una sociedad que, a diferencia de ella, no puede ver el progreso  que se presenta frente a sus narices. Pero nombrar únicamente a las personas que se han construido un camino entre la multitud vidente, sería negar una de las realidades más aplastantes para un mundo de ojos espías:

Según la OMS y el Organismo Internacional para la Prevención de la Ceguera, en su iniciativa “El derecho a ver” lanzada en 1999, cada cinco segundos, una persona se queda ciega en el mundo. Cada minuto, un niño se queda ciego, al año se quedan ciegas alrededor de siete millones de personas y nosotres seguimos  hablando de mirar a las estrellas como si fuéramos les únicos en el mundo. Pues a fin de cuentas, somos polvo de estrellas, y mirarlas es como encantarnos viendo nuestro propio ombligo.

Es por esto, que hoy, le declaro la guerra a la vista y propongo un pequeño instructivo final para hacerse de la vista gorda e invitarles a dejar de mirar las estrellas.

  1.  Colóquese en una superficie en la que tenga asegurada una ventana directa al cielo estrellado (aún cuando por contaminación usted sea incapaz de ver un solo astro). Si no lo hay que no cunda el pánico, consiga estrellas de plástico fluorescente y péguelas en el techo de su cuarto, a fin de cuentas, ya nada es real en el mundo y la vida toda se vale de pequeñas instalaciones. Si no puede hacer ninguna de las anteriores, mínimo imagínese unas estrellas, yo sé que puede.
  2. Por el contrario de lo que se piensa, para hacerse de la vista gorda, no es necesario cerrar los ojos, así que manténgase mirando las estrellas de plástico o las reales (igual las últimas ya están muertas), fijamente.
  3. Como pasa con las palabras, que al repetir una demasiadas veces pierde su encanto, al mirar demasiado tiempo un objeto éste pierde su forma y usted se pierde con él en sus pensamientos más profundos. Esté preparado para eso, no todo el mundo puede con su oscuridad.
  4. Una vez que se ha perdido en sus pensamientos, recuerde todos los males del mundo y lo privilegiado que es de haber leído este maravilloso mini ensayo y estar ejecutando semejante extravagancia por gusto.
  5. El exceso de realidad va a terminar por abrumarle, así que va a intentar poner la mente en blanco.
  6. Como el color blanco es sinónimo de privilegio, y usted es una persona inclusiva en vías de experimentación cieguística, usted optará por poner la mente en color negro y se sentirá mejor consigo mismo. (solo por unos minutos, porque recordará que está solo con sus pensamientos).
  7. Piense en las personas que no pueden usar la vista. Ore por ellas.
  8. Piense que esas mismas personas no pueden verle haciendo esta ridiculez. Brinde por ellas.
  9. Tome dos infusiones para dormir y colóquese un antifaz relleno de harina, duerma y asegúrese de tener un sueño que se rija únicamente por los sentidos ajenos a la vista.
  10. Recuerde anotar su sueño como se lo enseñó Isabelle Arnulf algunos párrafos atrás. 
  11. No escriba un ensayo sobre la ceguera, (contando este, hasta el momento ya hay dos, ambos, escritos por videntes experimentales privilegiados). Disfrute su logro sin hacérselo VER a nadie.
  12. Recuerde que Ray Charles, perdió la vista a los siete años a causa de glaucoma juvenil, y aún así cantaba con ahínco “you´re the meanest old woman that i´ve ever seen”.
  13. Recuerde que está en todo su derecho de no mirar ni ser mirado, pues a fin de cuentas, en un país de voyeristas, el ciego es rey.
  14. Hit the road Jack, don´t you come back no more.

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