Quemar, cambiar y amasar para crear: entrevista a Worm Gallery

Por: Val Rudolphy, periodista.

Como otras disciplinas, el arte contemporáneo plantea interrogantes. Hace unos meses la oportunidad de una entrevista nos llevó a Worm a hablar de estos cuestionamientos: acciones e interrogantes que se ramifican y afloran.

No-definiciones se persiguieron la cola en la calurosa tarde de enero que llegamos a Worm Gallery, cantera de arte que se ubica en el sector del Almendral de Valparaíso que en el pasado mes de abril cumplió 7 años.

Durante todo aquel trayecto se han consolidado como espacio autónomo que se desarrolla de manera coherente. Desde acá han funcionado como galería, espacio de residencia para artistas, lugar de tocatas y lanzamientos de libro, entre otras cosas.

Ha tenido distintos integrantes en su historia, así como una serie de propuestas que hablan de la versatilidad y la supervivencia.

“Los espacios de exhibición a veces intimidan, nosotros queríamos algo amable. La cotidianeidad llevada a la misma pregunta que nos plantean: ¿cómo hacemos que el arte y lo contemporáneo sea algo acorde a tu manera de vivir?”. Las palabras de Sebastián Gil resuenan en la sala en la que estamos, tomando té, comiendo semillas y pasteles de la Ligua.

De partida, Worm nació por el impulso de alejarse de los espacios institucionales. “Había que hacer algo”, pero no sabían qué. La respuesta fue esta casa, que describen como un espacio de pensamiento. Entre vulcanizaciones y estructuras antiguas, con grandes techos que se llenan de vivencias.

La luz llega de frente a Renato Órdenes San Martin y Sebastián Gil Muñoz, ambos artistas visuales, quienes son y alimentan a Worm.

Arte es esto: hablar de estas cosas disfrutando el té y teniendo un punto de encuentro, dejando que las cosas pasen. Y que lo contemporáneo es lo que pasa ahora, como dicen ellos, “son nuestros pares, con quienes nos juntamos, cómo pensamos esto que estamos haciendo todos los días”. Porque no hay un único objetivo en este lugar, sino que “cada día Worm se adapta al presente nuestro”. 

Nos perdemos en la traducción conversando. ¿Por qué habría un artista de tener que definir el “Arte”? Renato comenta que “No es tarea del artista definir, menos su práctica contemporánea”, refiriéndose a que en muchas ocasiones se delega esta responsabilidad a que se “responda los por qué”.

“La tarea del artista es ‘hacer monos’, y moverse. No necesariamente monos de manera artística: establecer todo tipo de vínculos y puentes vinculantes con ese fenómeno que se llama arte, que puede ser cualquier cosa”, agrega.

– R: Yo sería muy irresponsable si le digo a un estudiante, “esto es el arte”, pero eso llevarlo a cabo como un proyecto de arte, es otro asunto diferente.

– Sebastián: Acá no anunciamos que estamos en Worm Gallery. Es casa, es la guarida, donde tomamos té y hacemos entrar de vez en cuando a gente.

Coincidentemente mientras hablamos de esto, a través de la ventana vemos pasar a Edith, una de las vecinas que saluda amablemente a ambos artistas. Abrirle la puerta a ella es algo importante, en la lógica que conversamos. “Quizás el vecino no entiende todas las capas de la cebolla del arte contemporáneo, pero sí disfruta una de ella: el objeto, la gente, las onces. Si lo entendemos como una cebolla con miles de capas, de algo más superficial a lo profundo, se puede disfrutar o padecer el espacio”.

Un proceso de amasado y fermentación

Lo que conversamos se me asemeja a un proceso de cocina. Mientras llevaba unas semanas probando la manera perfecta de hacer pan y pensaba en la levadura y su vida y respiración, me remonta a la conversación sobre arte y cómo ésto va, cada día, mutando. 


– R: Las etapas que ha vivido el espacio no han buscado definir lo que hacemos, sino que expandir nuestra idea del arte, todo el tiempo. Las definiciones se han ido modificando, y así, por ejemplo, mi idea de arte es tener una familia viviendo en la casa de arriba.

“Lo que buscamos es más bien sostener una práctica que sea expansiva, una cuestión que no se cierre, que ojalá siempre se nos escape, que ojalá que no lo controlemos, que podamos aceptar todas las manifestaciones que algún artista proyecte. Y que nuestra idea de arte se incremente con esta cuestión”, menciona Renato. 

En sus palabras, estos siete años han demostrado que forman una especie de laboratorio: un centro de residencia donde artistas vienen y viven acá sin exigencia de un proyecto artístico de por medio. Donde tienen independencia.

Vuelvo a la imagen de esta masa: en la que uno pone algunos ingredientes y pretende conocer el resultado, estar en control. La levadura es la incertidumbre de por medio. El calor, el ambiente, todo puede afectar para que la masa se mueva y responda a sus estímulos. La fermentación por medio de la espera otorga sabor. Es un organismo vivo que aún puede cambiar de resultado final.

“Hemos visto muchos proyectos interesantes que nacen producto de conversaciones, tomando té, y entendemos que no es lo mismo ser una institución que arma líneas programáticas, según una curaduría y así… No nos importa nada de eso. El arte tiene su libertad y autonomía y nosotros tratamos de confluir con ella”.

Este organismo vivo que mencionamos es, en sus palabras, “como una araña de muchas patas” en la que se incluyen a las residencias, la educación artística, la reflexión teórica y mucho más. 

“No es sólo creación”, remarcan.

“Y no son únicamente muchas patas desde las artes visuales. Ha habido de todo. No tiene una definición clara, porque en realidad lo más interesante es que no lo tenga y que siga un fundamento más ideológico. Pues el arte no es algo inscrito en un mercado. Es un lugar autónomo”.

El espacio para cuestionarlo todo

En los días que hablamos Worm, contaban en su pared con la obra de Álvaro Oyarzún, Dibujo Sistema (2019). De acá emerge la figura de las capas, pues es una especie de cuerpo deforme que se expande en el muro. Sebastián tiene toda su atención en ella. “Me hace mucho sentido esta ameba que se va alimentando de ciertas cosas. Como que un día se secó, apareció por otro lado. Hemos querido definirnos constantemente, pero siempre se nos sale por otro lado esta hueá”.

Pero este lugar es importante y eso se siente y se toca. Se habita, incluso. De manera constante. La conversación comienza a tener más certezas enérgicas, abriendo aún dudas. En esta algidez, Renato sentencia: “No sé bien qué creo, pero creo en esta hueá. Entonces tratar de explicar qué es, es súper difícil, porque involucra muchos elementos. Involucra a mi familia”.

Entre las palabras surge la idea del “pegamento que surge desde lo simbólico” con el arte, con lo que en torno a aquello se genera y cómo todo baila a su propio son. Dan lo mismo las definiciones cuando las cosas pasan, y llevan años pasando acá. 

El pegamento que ha mantenido a Worm también tiene que ver con la coherencia de su discurso. Con la consistencia que, año a año, han logrado tener, junto a una crítica por mantener. 

– R: A mí me afecta mucho el neoliberalismo en el arte. Me carga el mercado del arte, pues hemos mantenido un espacio desde la colaboración. Ideológicamente, es un espacio que no vende obras, porque ninguno de los dos vive del arte. El arte es un espacio de libertad que quiero sostener para siempre. No someto al arte bajo ningún sistema económico ni de subsistencia. Para mí es un espacio que mantengo muy aparte de la vida cotidiana, si bien se ve permeado por la misma, no lo tranzo. Acá no hay jerarquías, ni alguien mejor o más noble que nosotres a determinar qué es y no es arte. 

– S: Lo que hemos estado haciendo acá durante siete años ha sido un cuestionamiento constante. Los artistas no necesitan dinero para producir, y siempre ha habido producción. Hay un fetiche del arte como mercancía, y para mí no tiene mucho sentido.

Finalmente, nunca han dado cabida al ser un espacio neoliberal para el arte. Y después de octubre dicen haberse puesto más radicales en cuanto a su punto de vista y cómo ser consecuente con ciertos discursos. Así lo menciona Renato: “Pensamos  que nuestra línea editorial debe ir en concordancia con las demandas ciudadanas chilenas. Porque sino sería poco coherente con nosotros. Esto llegó a derribarlo todo”.

Al calor de la hoguera

Ambos evocan una conversación con el artista Nicho Jackson, en la que hablaban sobre el arte como una hoguera, que “quema diferencias en la medida de que te acercas a ella. Mientras más te acercas al fuego, más quemas diferencias. Esa metáfora… no tiene que ver con definir o acotar. Estamos llenos de parcelas y definiciones y modos, de procedimientos. Hoy en día estos son los que nos mantienen en crisis. Quizás son los modos y procedimientos los que debemos quemar y tienen que cambiar”.

Mientras avanza la hora y llega el atardecer continuamos hablando de no-definiciones. Del Poder del arte (Roneo, 2019), y Markus Gabriel. Renato se refiere al autor y, en particular, hace referencia a que “Estoy pegado con él y habla de que el arte es en sí mismo, definición de sí mismo. Desde donde lo observemos es una percepción, nunca es la cosa en sí misma. Lo demás es narración que no tiene que ver con el arte”.

En el libro de Gabriel, postula que “El arte utiliza nuestro sistema nervioso y nuestro espíritu para poder hacerse realidad”. Es por eso que Worm afirma que “nuestra relación con el arte pasa por la poética, por la teoría, por la práctica. Por nuestra experiencia, amigos, familias y pololas…”.

– S: Y no es algo que planificamos. Una vez hasta tuvimos una especie de reality por una semana. La vida estaba pasando en esta cuadra y era tanta emergencia, que sólo actuamos. 

“Este año cumplimos 7 años y no sabemos si seguirá o mutará o se transformará” rezaban antes de su aniversario, hace unos meses. Worm se sigue transformando, pero no decae. Sea habitación de residencia, o como casa familiar, o como una biblioteca o espacio de tocata: “el hecho de tener el espacio responde a una falta” que sigue supliéndose.

Las ideas siguen en la conversación y en su vida, desarrollándose, como parte de este proceso de fermentación y vida que se experimenta a través de él. De esta gestión que se mantiene. Pronunciándose sin vacilación.

“A Worm no lo vamos a manchar. Pensamos todo en conjunto para no mancharlo, para no soltar esa línea de coherencia en torno a una idea de arte. Que no vengan a desviar en 180º esto. Ser completamente consciente de que si es un lugar completamente simbólico, sostenerlo desde ahí. Ponerle mucha cabeza, mucho corazón, mucha voluntad y compromiso y que se acabe cuando tenga que acabar”.

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