Paulina Villacura y la subversión de una voz fantasmal

Sus melodías, que parecen una etérea composición mántrica, disparan sin letra contra la inacción gubernamental que perpetúa la no devolución de tierras a los pueblos originarios. Y su manifiesto es acompañado por un trompe, un teclado, una drum machine (Korg Volca Beats), dos pedales de efecto loop (Boss RC3 y Boss RC30), un tambor y un platillo.

paulina villacura -

Petronila Escudero

Por Valentina Peña Caroca

Subiendo una escalera de catorce peldaños, se accede a un pasillo torcido. La primera puerta a mano izquierda da lugar a una pieza alfombrada, donde sobre varios muebles que rodean una tarima con instrumentos musicales, descansan coloridas calaveras de todos tamaños, una colección que Paulina Villacura o Petrolina Escudero (su seudónimo) se ha dedicado a aumentar conforme su paso por Brasil, Argentina, Francia y México. Sosteniendo un vaso con jugo de melón en una mano y un cráneo amarillento esculpido en la otra, distendida relata una historia que le contaron en La Ligua: “Hay un sapito que se relaciona con los ríos. Y este sapito hace mucho que no salía a la superficie, porque los ríos no tenían agua y se creía que estaba escondido en las napas subterráneas. Pero el año pasado llovió y el sapito volvió a aparecer, nutriendo las siembras y apartando a todos los bichos malos”.

Hace poco Villacura se presentó en el Muelle Barón junto a otros artistas como parte del Festival de las Artes Valparaíso. Con su obra “Cachureítos Musicales” sólo fijó algunos detalles generales antes de entrar en escena, y el resto salió de forma natural. Sus melodías, que parecen una etérea composición mántrica, disparan sin letra contra la inacción gubernamental trascendente que perpetúa la no devolución de tierras a los pueblos originarios. Y su manifiesto es acompañado por un trompe, un teclado, una drum machine (Korg Volca Beats), dos pedales de efecto loop (Boss RC3 y Boss RC30), un tambor y un platillo: “La drum machine me permite generar una cama vocal, y teniendo esa base como punto de partida, puedo ir agregando progresivamente voces y ruidos. Para eso tengo los pedales que capturan hasta tres horas de sonido. Ambos me permiten repetir una determinada sección sonora. Así agarro papa. Algunas veces me manejan y me dejo llevar para donde ellos quieren. No me da miedo. Generalmente también incluyo otros objetos que no necesariamente se reconocen como instrumentos, pero desprenden ruidos interesantes, como un cuenco o una botella de metal. Tengo una pequeña mesa de sonido además, para las sutilezas.”

Paulina Villacura - LJM¿Por qué decides armar tu espectáculo sola, desvincunlándote de posibles colaboraciones?
-Terminé sola porque nunca me había atrevido a estar sola, siempre quise hacer música en comunidad, siempre atada a condiciones externas. Es bueno hacerse responsable y controlar tus propias aventuras. Un tiempo fui vocalista de bandas de jazz y de rock, pero con el tiempo me empecé a aburrir; tener la responsabilidad de la letra y su contenido implica todo un tema, y generalmente nadie cachaba el contexto o el mensaje que queríamos entregar como banda y sólo se quedaban con una primera impresión: “¡oh, la vocalista!”. Desde niña, cuando era chica jugaba a hacer programas de televisión en los que yo cantaba, yo animaba y yo hacía de todo. Me hacía guitarras de palo y me encerraba en la pieza y nadie se atrevía a entrar. Seguramente pensaban que los iba a obligar a cantar. Después llegó mi primera radio grabadora y comencé a guardar lo que tocaba con una guitarra real. Tímida nunca fui, porque en el colegio participé en todos los actos. Nunca he tenido pánico escénico ni nada así, pero sí mariposas en la guata justo antes de toda presentación, de ansiedad; una ansiedad buena. Una vez que estoy en el escenario se me pasa todo. Lo más terrible en mi caso es la espera.

¿Y cuál es ese mensaje que pretendes transmitir?
-Hay que devolver las tierras. El día del Festival de las Artes habían muchos grupos mapuches, pero ninguno planteó o transmitió de forma clara su mensaje. Todo fue automático, no se dio un espacio para el debido diálogo. Lo que yo planteé es que no sólo este gobierno, sino que todos tienen deudas con sus pueblos originarios. No sólo basta con cantar. Cada día pasan miles de injusticias de las que nadie se hace responsable. Cuando me presento lo hago desde el feminismo, desde la conciencia latente de presos políticos, ya que siempre hay que ser crítica políticamente; debe existir un planteamiento y un ofrecimiento. Así se ayuda. Y no hablo sólo de los artistas, sino que de todos, sin dejar de lado profesiones u oficios; un médico, un abogado. Imagínate cuánta plata podrían donar por la causa mapuche si no sólo se dedicaran a ganar más y más.

Petronila se identifica como autodidacta; todo lo ha aprendido practicando, viajando y entablando comunicación con otras personas. En 1998 abandona sus estudios de Artes Plásticas en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y se dedica enteramente a la música. Junto a artistas amigos crea el colectivo Rita Lazo, responsable de la organización de las Putas Fiestas, instancias que la acercan al mundo de la performance de la mano de Julia Antivilo (autora del libro “Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías”), Vivian Dran, Eli Neira e Irina La Loca. El 2005 colabora en el Museo de Bellas Artes con Francisco Copello, que realiza una performance y presenta un video autobiográfico; Villacura desde un alto balcón y envuelta en un manto blanco, canta y arroja al vacío una bandera chilena.

Francisco Copello regresa a Chile luego de desarrollarse artísticamente durante 30 años principalmente en Italia y Estados Unidos, indagando intensamente en el lenguaje corporal a través de la fotografía, la performance, la pintura… ¿Cómo llegan a trabajar juntos?
-Trabajé en una librería llamada Taller Sol frente a la Plaza Brasil, y ahí empecé a conocer a mucha gente, entre ellos, Francisco Copello. Justo en esos años, él se encontraba recopilando parte de su vida y obra para un video (“El Vuelo del Ángel”), proyecto que finalmente nunca terminó, pero sí dejó algunos teasers en You Tube. Copello me atrajo desde antes que nos conociéramos; había leído un libro que hablaba de su trabajo y todo lo relacionado con la performance. Es interesante.

Y alimentando tu interés por la expresión corporal, musicalizas además danza Butoh (o danza de las tinieblas), una técnica que nace en Japón en los años 50 como una expresión identitaria de postguerra, que llega a Chile hace dos décadas. Has colaborado con Lobsang Palacios y Carla Lobos, dos exponentes nacionales…
-La Carla, que es un amor, es como un mito para mí, la conocía desde chica. Se hablaba por ahí de esta mina que había llegado de Alemania y se vestía como hombre. Y a Lobsang también, que es un “butoca” de calle, lo conozco hace mucho tiempo. Es alguien muy consciente políticamente, por lo que nos llevamos muy bien; hablamos lo mismo. Me atraen de este tipo de danza los seres fantasmales, la deformidad y el quiebre del cuerpo, lo que normalmente la gente encuentra feo o monstruoso. Además, es una danza milenaria y no hay una escuela oficial; cada interesado comienza a aprender por su propia cuenta. El Butoh no es una cosa estrictamente definida; son los diferentes maestros con los que estableces relaciones los que hacen que todo vaya mutando y evolucionando. El Primer Encuentro Internacional de Butoh se desarrolló hace poco, entre el 13 y el 18 de octubre del 2014.

***

Un gato de pelaje claro se asoma en la ventana mientras Villacura sopla por un silbato negro en forma de calavera. Antes de eso, dejó en claro su interés insaciable por la música local de todos los lugares que visita. De pronto, tras silencio prolongado, aclara: “Siempre he estado inmersa en ese mundillo muy loco para algunos. He conocido a tantas personas y tantos sabores que al final la experiencia no tiene precio. Quiero seguir trabajando como lo estoy haciendo ahora; siempre abierta a nuevas propuestas y a seguir madurando. El ego tiene que estar lejos aunque, claro, siempre hay una cuota de ego en lo que se hace. Creo que ya está todo hecho, pero el artista hace pociones en base a lo disponible. Siempre voy a estar receptiva a invitaciones. Pretendo grabarme, aprender a hacerlo; registrar material y dejarlo online. No me interesa ganar plata con eso. Quiero seguir tomando riesgos. Osea, si me invitan a un evento con mucho público y debo musicalizar una obra teatral que me desafía, aceptar esa invitación. Caer en la improvisación, continuar. Viajar es una gran escuela, guardar plata en el chanchito, cambiar de ambiente, conocer otras maneras de ver la vida”. Cual catrina mexicana, no le teme a la muerte.

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