Nueva editorial El Español de Shakespeare

editorialintroDícese que uno debe seguir sus sueños. Pues bien, nuestra nueva editorial El Español de Shakespeare tiene literalmente un origen onírico: tras la publicación de un libro alguien nos preguntaba por nuestra casa editora y le decíamos su nombre, añadiendo: «nos urgía crearla y por eso esta novela veloz, pero ya preparamos otra más concienzudamente». Desde luego, ahora el compromiso es aprovechar cada palabra, hoja, trazo digital, idea o diálogo para que el espíritu universal de las letras traspase los límites idiomáticos y, como Shakespeare, procuren la satisfacción en cualquier lugar o momento. ¿Cuál otro podría ser el objetivo de un escritor y editor en su diario empeño?

Por Iván Quezada

El acto de poner palabras en un texto es una oposición a los hechos consumados. En El Español de Shakespeare creemos que todas las formas de hacerlo son correctas, ya sea ateniéndose a las reglas clásicas de los géneros literarios, rompiendo con ellas, o mezclándolos todos. A la vez, la
corrección debe ser efectiva. Todo escrito, en prosa o en verso, crónica, novela, poesía o cuento, requiere de los máximos cuidados formales y de fondo, valiéndose del debate creativo entre autor y editores. Asimismo, es imprescindible que el arte visual de la publicación prolongue y matice el efecto de la bella escritura, es decir, de la escritura desinteresada.

Quienes afirman, como una verdad absoluta, que la gente ya no se interesa por leer, son los mismos que desean convertir a la Literatura en una actividad elitista, destinada a estimular el ego de los propios escritores. El verdadero talento de un autor no se cristalizaría en una hermosa historia o en una cadencia verbal impecable, sino en su capacidad de organizar una camarilla que le permita acceder —a través del expediente del «voto útil»— a los fondos estatales destinados a la creación artística. Entonces… ¿debemos hacer libros para que nadie los lea? Nuestra editorial defiende el valor de la entretención en la lectura, de la comunicación entre el escritor y su público, del lenguaje sencillo y revelador. Nunca el doble discurso ha tenido relación alguna con los libros. En suma, nos proponemos recrear el vínculo con los lectores venciendo la barrera de los precios de los volúmenes y de la distribución discriminatoria de los mismos. Pero lo más importante será poner por encima de
todo el valor de los textos, más allá incluso de quién los escriba.

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