Nona Fernández: “El proceso constituyente es aún más importante y crucial que el retorno a la democracia”

La actriz y escritora chilena cuenta que está en medio de una pausa creativa y abocada a su rol como generalísima de campaña para la elección de constituyentes de este fin de semana. Aquí desgrana sus meses de cuarentena, algunas de sus recientes lecturas y también las razones de su inesperado y fugaz paso por la política.

Por Pedro Bahamondes Chaud / Fotografías: Sergio López

Tuvo que postergar su regreso a los escenarios, y además dejó de escribir hace unos meses. La pandemia y el cierre inminente de los teatros durante el 2020 frenaron el estreno de Space invaders, su nueva obra junto a la compañía La Pieza Oscura basada en su novela homóloga del año 2013, y que recientemente fue traducida al portugués y publicada en Brasil por editorial Moinhos. Pudo haberse refugiado en una nueva ficción para combatir el receso teatral y abstraerse del encierro y la rutina de la cuarentena, dice Nona Fernández (1971), pero en lugar de eso optó por asumir un nuevo y más colectivo rol en la escritura, e intentar poner comas y puntos en un nuevo texto aún más relevante y urgente: la nueva Constitución.  

Pausó nuevos proyectos literarios y teatrales, dejó libros a medio leer sobre el escritorio y se convirtió de la noche a la mañana, a contar de diciembre recién pasado, en la generalísima de campaña de Andrea Gutiérrez, también actriz y candidata a constituyente por el distrito 10 en la lista Movimiento Sociales: Unidad de Independientes.

“Participo desde la Red de Actrices Chilenas (Rach). Soy una especie de vocera, aunque pésima”, dice la también autora de libros como Mapocho (2002), La dimensión desconocida (2016) y Voyager (2019), y ganadora, entre otros, del Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL Guadalajara. “A partir de la revuelta de octubre me activé mucho más en lo colectivo, y desde ahí hemos estado trabajando. También estoy en las Autoras Chilenas, y empezamos a ver entre todas cómo se venía este proceso constituyente, intentando entenderlo. Siempre tuvimos muchas ganas de participar, pero no encontrábamos una manera que nos hiciera sentido. A mí se me invitó a ser constituyente y no acepté. No soy una señora apta para serlo, tienes que tener una biografía y un trabajo de años que te respalden en el trabajo colectivo. No se puede calentar materia en este momento”, agrega.

¿No basta el arte? 

-No, el arte es mi pega y es un trabajo colectivo sin duda, pero yo no he trabajado por los derechos de los trabajadores del arte ni he dejado mi carrera por eso otro. Y hay personas que sí dejan sus carreras de lado por los derechos de los y las trabajadores, los derechos de nuestro gremio. Hay quienes han dedicado su vida al trabajo colectivo y sindical, y yo soy solo una hueona que ha salido a la calle a reclamar. Puedo tener cierta figuración por la pega que hago, porque escribo libros y hago obras de teatro, pero hay otras pegas que son mucho más silenciosas. Ser actriz y escritora no me da la preparación para entender políticamente el momento e ir a una convención constitucional solo por el hecho de ser una figura. El arte no te prepara para estar hablando y negociando con peces gordos y de un mundo político salvaje que además no es el tuyo. Por eso creo que las personas que deben estar ahí son quienes han estado en la colectividad y detrás de esas demandas desde siempre. No solamente respaldándolas, como yo lo he hecho, sino articulándolas, pensándolas, negociándolas y quemándose la cabeza, el cuerpo y la vida por ellas. Uno no puede despertar un día y sentir llamado de la Constitución como si fuese el llamado de Dios, y lo he visto mucho. 

¿Qué te movió a participar de todo este proceso?

-Yo igual estoy vieja ya, y he estado siempre artísticamente reclamando y encauzando con ese reclamo. Pero sería una mentira si te dijera que estoy con las ganas de cambiarlo todo, porque pensé que ya no se podía cambiar nada y esa es la verdad. Estaba siempre movilizada por la rabia y el fracaso, y de pronto, con la revuelta, nos llegó una posibilidad de cambio mucho más concreta y real, que es la escritura de esta nueva Constitución. Yo estoy de ese lado por ahora, porque no sé qué vaya a pasar después de las elecciones de este fin de semana. El presente se ha vuelto un enigma en este país. 

Te has puesto seguramente en todos los escenarios…

-Claro, y si mi candidata sale, aplaudiré y estaré ahí para que todo ese proceso ocurra como lo hemos estado planeando. Y si no, y finalmente va a ser todo lo mismo, buscaremos otros mecanismos para hacer legítima esa Constitución. Buscaremos la calle, la asamblea paralela, todo eso a lo que le teme tanto la derecha, sus pesadillas de la gente rodeando el palacio Pereira, etcétera. Hay muchos caminos que no sabemos hacia dónde van, pero hay que asegurar para que este cambio sea concreto y efectivo. Yo sé que soy una persona muy privilegiada, pero sé que soy también una tipa sensible, que tiene sentido común y que más o menos conoce las realidades de este país, y por eso me movilizo como me movilizo. Pero el intercambio que he presenciado en los últimos meses ha sido de un nivel de enriquecimiento que no tengo palabras para expresarlo. Me ha tocado ver la amabilidad y generosidad de la gente, pero también su fragilidad, precarización, el empuje y su organización. Es impactante y tremendo cómo nos han hecho creer que no somos capaces de provocar un cambio, que no tenemos energía ni articulación. Y la gente lo está, está muy articulada, sabe mucho más de lo que creemos y quiere provocar un cambio porque desconfía de este sistema. Y todo eso que estaba o que sigue desperdigado, tiene que tener un curso constitucional como debe ser.

Aun cuando estás así de involucrada en la campaña y las elecciones, ¿sospechas de lo que pueda suceder con la nueva Constitución? 

-Absolutamente. Si me lo preguntas, cuando se formó este ‘acuerdo por la paz’ y se generó toda esta vía institucionalizada, incluida aquella foto siniestra a las 3 de la mañana, que es por lo demás una hora súper poco abierta a la ciudadanía, en ese minuto me entró la sospecha. Esta hueá cagó, pensé, y no va a ser lo que esperábamos. Con el tiempo me ha tocado observar y entender de manera cada vez más profunda, por el rol que estoy teniendo ahora en la campaña de la Andrea, que es un acuerdo que por supuesto profundiza la desigualdad y reproduce todos los vicios que ya tiene nuestro sistema social y político; sin embargo, tiene una grieta, insisto, que hace que este escenario siga siendo todavía un enigma. Y esa grieta es que la ciudadanía vote, que la voz del estallido tome una causa a partir de lo que pueda ser esta votación. Y yo quiero ser optimista, trabajar por eso. Si no ocurre, y volvemos a reproducir el diseño que tiene el Congreso, o si esa asamblea o convención constitucional reproduce eso mismo por las personas que vayan a estar ahí, habrá que buscar otra medida, un plan b. 

Porque podría volver a deslegitimarse la democracia…

-Exacto. Efectivamente estamos jugando un gran riesgo, y si las elecciones no son benéficas para la ciudadanía y si los partidos políticos terminan cooptando la instancia completa, podríamos tener algo como la democracia que ya tenemos, una democracia que aún es legitimada y que vamos a volver a ratificar con todas sus imperfecciones. Para redondear, yo te digo que este es un momento histórico, quizás el más importante que hemos vivido. Y voy a ser radical: El proceso constituyente es aún más importante y crucial que el retorno a la democracia, porque lo generó la ciudadanía, el pueblo. La democracia se pactó, los milicos la conversaron, eso no se sostenía más. No quiero minimizar lo que ocurrió, sin duda que fue importantísimo, pero aquí fue todo más reactivo, y fue la gente la que reaccionó. Un estallido social es un malestar que no ocurre orgánicamente solo, viene de décadas y tiene que ver con este sistema y con cómo nos afecta. Lo que tenemos es una herencia de lo que nosotros mismos hemos gestado, pero nunca una Constitución ha sido abierta para que el pueblo la escriba. Ha sido escrita siempre por las élites, y sabemos lo que eso implica. Entonces, si no somos responsables con este momento histórico y no tomamos esta oportunidad por la que además se luchó y hubo heridos y muertos, honestamente no se me ocurre otro momento histórico más importante. En esa reflexión he estado, y todos los días muta. 

Te tiene además en una especie de pausa creativa, y al mismo tiempo te ha puesto frente a la escritura desde otro lugar.

-Sí, y no estoy haciendo nada más que esto por ahora. No teníamos dimensión de lo que implicaba estar en una campaña política, porque yo nunca lo había estado. Y se transformó todo en esto, no he podido hacer nada más. He tenido que ir pateando las pegas, los trabajos, los proyectos creativos. Pero es lo que me toca y es lo que hay que hacer. Este es un intento que no toma más que unos 4 o 5 meses de esa pausa. Y digo intento, porque no lo veo en términos épicos: esto es lo que hay que hacer. Sabemos lo chiquititas que somos y lo complejo y gigante que es el sistema, pero también tenemos muchos sueños y consciencia de realidad. Es un proceso hermoso el que estoy viviendo, y qué importa si no estoy escribiendo ahora mismo. Igual me hace falta, no te digo que no. El trabajo creativo es súper importante para mí, y aún me hace falta poder decantar todo esto que estoy viviendo en una escritura, que no he podido. O sea, escribo puros discursos, columnas, panfletos y cosas que no logran bajar en el sentido que a uno más le gustaría, pero ya habrá tiempo para eso. 

La palabra y opinión de los escritores suele ser pontificada en momentos históricos o de análisis sociopolíticos como estos, ya sea por sus libros o sus declaraciones en entrevistas, incluso por las redes sociales. ¿Cómo lo ves tú?

-Tendemos a pensar que los escritores son personas que tienen que tener opinión sobre todo. Yo siempre digo: los escritores somos gente que escribimos y lo mejor que tenemos pensado lo escribimos en nuestros libros. A mí por ejemplo me carga cuando me piden cuñas de cosas que ni siquiera tengo idea de qué son. Cuesta estar opinando de todo, aunque uno como ciudadano tenga una visión y una mirada de las cosas. Pero no siempre tiene por qué ser así, y se ha vuelto un vicio para algunos. Por eso hay ciertos dichos que tienen la vuelta que tienen, y el mundo de las redes es una selva, un campo de batalla, así que, quien quiera exponerse ahí, que se exponga. Pero tampoco debemos mirar la opinión de los escritores más que como lo que son; personas que opinan, ni con más importancia que la que tienen. A veces se equivocan y vuelven a opinar, cambian de parecer, a veces se iluminan más y de pronto dicen huevadas también, como le pasa al 100% de la población en redes, pero al escritor no se le perdona porque se le da un podio que no tiene. Yo de hecho opino bastante, pero intento opinar de las cosas que sé. A veces una se sale de madre también y pega un disparo en el aire, pero no lo miraría con más detención. Los escritores no somos tan importantes. No somos más importantes que el resto. 

A propósito, ¿qué has estado leyendo?

-Ahora último y desde diciembre, en realidad, bastante poco. No tengo mucha posibilidad ni concentración. Estuve leyendo bastante antes. El tiempo de encierro y pandemia ha sido mucho de la lectura, pero desde que partí la campaña no he podido entrar en la literatura. Cosas que valga la pena recomendar: Autobiografía del algodón (2020) de Cristina Rivera Garza, notable y precioso, y Conjunto vacío de Verónica Gerber, otra autora mexicana que me encanta. 

Se ha hablado mucho de la crisis en el mundo de la cultura, de la falta de diálogo entre la autoridad y los artistas y de la precarización del sector. ¿Cómo lo has visto tú?

-Jamás ha habido un diálogo. El Ministerio de las Culturas no tiene una disposición política para con nosotros, a pesar del impacto que esto ha traído para muchos. El mundo de las artes escénicas ha sido el más golpeado de la cultura, y la situación a mí, a estas alturas, lo que me da es pura pena. La gente no logra imaginar el nivel de precarización en que ya funcionábamos, y que en pandemia ha sido aún más dramático. Y no es solamente el hecho romántico de no poder enfrentarte al escenario, que por cierto hay mucha nostalgia de eso, es el hecho también de poder trabajar. La cantidad de compañeros que han tenido que volver a la casa de sus padres o dedicarse a otra cosa, son solo algunas de las pequeñas tragedias que son las mismas de todas y todos los trabajadores precarizados en general. También se nos ha dicho mucho que los artistas pataleamos de más y que pensamos que somos los únicos, pero puta, discúlpennos, este es nuestro trabajo. Sabemos que no estamos al margen de esta tragedia social y cultural que está viviendo este país, en términos políticos y económicos, y mis ganas de escribir esta nueva Constitución son también porque no veo otra alternativa posible ahora. 

Ahora que has estado más infiltrada en el mundo político, ¿te interesa involucrarte más o de otro modo en política?

No, y voy a ser bien sincera. A mí me motiva el proceso constituyente, porque creo que se requiere la energía de la ciudadanía, de la que me siento demasiado parte, sin duda. Pero el ejercicio político a mí no me interesa. Yo tengo súper claro cuál es mi rol o mi trabajo en este mundo, y es el lado creativo, que puede ser suspendido durante 4 o 5 meses en función de una campaña. Desde ahí puedo irradiar algo de energía para la escritura de la nueva Constitución. Yo creo que ese acto es profundamente cultural, no es solamente un cambio político ni económico, es un cambio cultural y de mirada. Pero es en el teatro, en la escritura, donde yo sí soy útil. Y acá puedo ayudar a empujar cosas, pero no, no me interesa la política. Incluso pensándola distinta, no me interesa. Yo me veo mucho más en la calle que en los grandes salones; para mí, ahí está la verdadera política, o al menos la que me gustaría ver y de la que me gustaría participar.

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