Nomen est omen

Un entramado de heridas y dolores rescata en "La hija única" Guadalupe Nettel.
Por: Amparo Arias V.
Pasante de la Escuela de Crítica de Valparaíso

Siempre me han gustado los epígrafes. Abres el libro y están ahí: una antesala hacia el trayecto –aún desconocido– que nos llevará la lectura de cada página.

Según su definición, epígrafe es una “Frase o cita al comienzo de un escrito o capítulo que sugiere su contenido o expresa la idea o pensamiento que lo ha inspirado”; o bien, desde su origen etimológico proviene de la palabra griega antigua ἐπιγραφή (epigraphé, “inscripción”), y este a su vez de ἐπί (epí), “sobre”, y γράφω (gráfo), “escribir”.

En un texto literario, se sitúa después de la dedicatoria, antes del primer cuento o de la primera parte de una novela. Una especie de tríada –donde la elección cita, autor y obra a la que pertenece– queda supeditada a decisión del escritor(a) por adentrar a los lectores al texto que le sucede e iniciar así un diálogo intertextual con la obra literaria, pues la mayoría de las veces, suelen ser frases de otros autores que sirven para entender el carácter de la obra que se tiene entre las manos. 

Del mismo modo, la escritora mexicana, Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), ganadora del Premio Herralde 2014, no prescinde de este gesto y en su última novela, publicada recientemente por Anagrama (2020), “La Hija única” distribuye tres epígrafes –nada azarosos– sobre la página:

Tras la dedicatoria– como lectores ya estamos en condiciones de desatar el primer nudo. Nettel reúne tres cauces que avanzan bajo la mirada de la protagonista, como brotes ascendentes en busca de luz. Tres mujeres vistas a través de los ojos de la narradora, relacionadas entre cariños, maternidad e individualidades; como en una constelación familiar. 


Primero Laura, la protagonista, quien tras regresar de París a su México natal, resignifica sus propios vínculos –mujer, hija, amiga– desde sus decisiones y descubrimientos. Donde la opacidad de los personajes, mayoritariamente femeninos, escapan y desean soterrar diagnósticos y fantasmas. Salir a la superficie pese a las negativas y a retos inimaginables, estrechando lazos afectivos –incluso no sanguíneos– para aprender a relacionarse de nuevas formas y convivir como sujetos, mujeres y en familia.

Esta historia pone en relevancia esas capas que nos habitan como seres humanos y lo espeja con temas contingentes. Por ejemplo, el nacer mujer hoy, la decisión de ser madre o no frente a un mandato social.  “La sociedad está diseñada para que seamos nosotras, y no los hombres, quienes se encarguen de cuidar a los hijos, y eso implica muchas veces sacrificar la carrera, las actividades solitarias, el erotismo y en ocasiones la pareja”, dice. De sembrar la duda ante la libertad sobre el impulso de reproducirse.

Se podrían dividir en grupos igual de grandes: las que contemplaban abdicar de su libertad e inmolarse en aras de la conservación de la especie, y las que estaban dispuestas a asumir el oprobio social y familiar con tal de preservar su autonomía”. La maternidad cambia la existencia, y Alina, la mejor amiga de Laura, desea tomar ese riesgo y cambiar ese “yo singular” contra todo pronóstico.

La novela comienza con una acción. Esta es: “Mirar a un bebé mientras duerme es contemplar la fragilidad del ser humano”, donde el lenguaje empleado en esa primera descripción nos sobrecoge. La belleza de un recién nacido que se funde al deseo de protegerlo, de despojar los miedos que nos acechan constantemente. Un deseo que se deshace al mismo tiempo que se esboza una primera tensión, pues en alguna cuna del mundo, hay un bebé que deja de existir.

Enfrentar la muerte y respirar el profundo desconsuelo dentro del cuerpo que se prepara para alumbrar. La madre tendrá que despedir a su hija al nacer. Aparece lo ominoso en un período de gravidez que se ve amenazado por la muerte. Dar a luz a sabiendas que esa vida que crece y patea dentro, no podrá vivir. ¿Se puede nombrar el dolor de perder un hijo?Es algo tan temido, tan inaceptable, que hemos decidido no nombrarlo” se lee en la ficción de Nettel. 

Tener que ocuparse del duelo con anterioridad, la purgación, una capa honda que se conecta con el sentido del oído a través de la música. Elegir canciones que se han escuchado antes, a lo largo de su vida y que ahora le gustaría bailar con su hija. Poner play a los temas tristes “Cry Baby” de Janis Joplin, “The man who sold the world” de David Bowie y a los alegres “Happy Together” de The Turtles, “Here Comes Your Man” de Pixies, para ese ser que según los médicos habrá que despedir. “Quitamos su cuarto y compramos una tumba” . ¿Por qué querrá vivir alguien que no ha vivido nunca?. 

A diferencia de Alina, Laura está sumida en la escritura de su tesis, con diálogos y cuestionamientos internos que la llenan. ¿Cómo se escapa de algo que nos asusta cuando lo llevamos dentro?

En el departamento contiguo, Laura conoce a Doris, la madre, y su hijo, Nicolás. Un niño triste y vulnerable, que es habitado a ratos, por el fantasma de su padre. 

“Toda su infelicidad se filtraba por el muro como hace la humedad en temporada de lluvias. Resultaba imposible no olerla, no paladearla. Sentí una pena profunda por ese niño al que nunca había visto y que quizás no era tan monstruoso como yo había imaginado. Decidí hacer un esfuerzo y escucharlo”, lo que despertó en Laura un interés por empatizar y ayudarlos. 

“Las familias biológicas son una imposición, y ya va siendo hora de desacralizarlas”. Nettel logra concluir el entramado de cauces que se sostienen y convergen en un mismo tronco, un campo de estudio casi ornitológico de un par de palomos que esbozan una línea temporal que acompaña la gravidez de la amiga durante esas últimas semanas.

Repara también la relación de Laura con su madre: “nunca me he llevado muy bien con mi madre. Aunque nos queremos mucho, nuestros encuentros están llenos de fricciones y a veces también de dolorosas chispas”. Visibiliza los movimientos feministas, “Un río interminable de mujeres con pancartas en lo alto” y las  cartulinas que se levantan y se oyen tras las marchas del 8M refiriéndose al trabajo de La Colmena. Nunca más sin Nosotras. 

Por último, en La hija única, los personajes entran en diálogo con la obra de Primo Levi (La tregua): “fue gracias a una serie de rutinas cotidianas, como lavarse la barba, que le recordaban su vida de antes y le devolvían la dignidad. Son las acciones sencillas como esas las que sostienen al día”. También evoca voces como las de Alda Merini, Barthes, o Gornick, evidenciando la mencionada intertextualidad que encontramos en las obras  de Nettel –antes lo ha hecho con Rybeiro, Bellatin, Ginsberg, entre otros–. Una escritura de profunda agudeza que saca a la luz la complejidad humana que oscila entre las obsesiones, las memorias corporales y  la imperfección que nos constituyen; un cromosoma alterado, la cornea que se debe corregir, una cosa que duerme dentro de uno y se roba los sueños, sumidos en una atmósfera visualmente orgánica que recoge elementos de la naturaleza, del lenguaje de las plantas y los árboles, activando los sentidos de la vista, el oido, el tacto.

La mayoría de sus personajes arrastran un dolor, un quiebre, y lo llevan hacia la pulsión de la escritura, la fotografía. Pienso en la imagen de la portada, que a diferencia de las portadas anteriores, donde se utilizan fotografías en blanco y negro que complementan el título; en esta ocasión la imagen del nido y el huevo aparece a color. El cine, la música, vertientes asociativas que abren el texto hacia otras disciplinas que suman nuevas experiencias al acto de comunicación entre el texto y el lector. 

Novela. La hija única, Guadalupe Nettel. Editorial Anagrama, Barcelona, 2020. 160 páginas. 

> El pasado sábado 7 de noviembre, en el marco del Festival Puerto de Ideas –que este año celebró diez años– Guadalupe Nettel, participó junto a la periodista Alejandra Delgado y las escritoras Alejandra Costamagna y Mariana Enríquez en “Mujeres al borde del canon. El nuevo mapa literario latinoamericano”, donde reflexionaron sobre sus historias, sus obra y la escena narrativa latinoamericana actual.

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