Nicolás Muñoz, de Concreto Azul: “Valparaíso muere con las botas puestas”

Los cerros hablan de perseverancia. Tener que caminar Valparaíso y haberlo comenzado a habitar, demuestra el ingenio, esa forma de buscar darle una vuelta a las cosas. ¿No hay mucho espacio a nivel del mar? Lo inventamos (y nace el plan); ¿los cerros parecen desafiantes? Hasta la punta levantaremos casas, aunque no haya otra manera de llegar que caminar.

Por: Valentinne Rudolphy | @valosa | Fotografías: Diego Alonso.

Eso pienso mientras subo el Cerro Alegre después de entrevistar a Nicolás Muñoz Brauchi, el sujeto de la librería. ¿Cuál? Específicamente Concreto Azul, en la mitad de calle Cumming.

Nicolás se dedica a ser librero desde hace 11 años, y hace dos que junto a su socio, el poeta Jaime Pinos, llevan adelante Concreto Azul. A pasos de la Aníbal Pinto, donde todo pasa. Pasa el carrete, pasan los turistas, y también, la cultura, siendo una calle que lleva hacia puntos centrales del área en Valparaíso.

Es por la misma ubicación que la Concreto es un punto de encuentro social. Todos pasan por ahí, saludan caminando. En estos 52 días, cada vez que paso le pregunto a Nico cómo le ha ido, qué es lo que ve él desde su librería. Eso hablamos un miércoles, mientras la calle se preparaba para una nueva marcha en Plaza Victoria.

¿Qué es lo que más te duele de Chile?

– La desigualdad. Lo escuchaba hoy en una charla de Humberto Maturana, ¿qué es lo nuclear de todo esto? La inequidad de Chile. Que Golborne salga sin pudor pagando 11 millones tras su juicio, monto menor a una deuda universitaria del CAE. Algunos pagan su educación mientras hay otros desfalcando al país, más molesta ahora. Estamos en la calle hace un mes, sin parar, y los ricos no dejan de arreglarse los bigotes.

Diego Alonso

¿Cómo han sido estos dos últimos meses para ti?

– Han sido difíciles para todos yo creo. Pero también han sido productivos en lo personal,  en lo humano, cada quien encontró su rol dentro de la coyuntura. Concreto siempre fue una especie de trinchera, un lugar de resistencia. También un espacio donde todos pueden descansar.

Se han convertido naturalmente en una especie de refugio

– Sin quererlo tendimos a eso, y a la semana del estallido ya estábamos haciendo poesía durante el toque de queda. Somos un punto de partida o de llegada de la marcha, un espacio de recogimiento y reflexión. 

Como espacio de resistencia, están bien. 

Pero las ventas, están mal.

Porque “la gente” no compra libros (independientes, en Valparaíso), menos en crisis.

Hemos hablado en varias ocasiones sobre cómo este lugar, este espacio como le dices, siempre tiene concurrencia. Sin embargo, eso no se traduce necesariamente en compras y eso ha sido un tema dentro de “la crisis”. En términos fríos es importante analizarlo. ¿Cómo lees tú ese fenómeno?, ¿se cumple el propósito de la librería así, en este contexto?

– Siempre hemos querido que la gente lea, pero no se puede obligar a nadie. Sabemos lo que significa vender libros en Valparaíso. Casi no hemos vendido libros en estos dos meses. La gente gasta la plata en cualquier cosa menos en cultura. Primero hay otros intereses y necesidades, y si queda algo en la billetera, ahí recién piensas en gastar en libros. Es lo último en la lista de prioridades.

Por otra parte, nos encontramos en Cumming, que se convirtió en las primeras semanas en zona de guerra. Habían repetidas marchas y terminaban replegándolas en la Pinto, ya con los manifestantes más carne de perro, los más duros. La represión hacía imposible transitar la calle, y en las mañanas estaban los vestigios de la noche anterior. Entonces entiendo que no se vendan libros. Además es un síntoma: que la gente no lea me habla de porqué llegamos al punto actual, y hay muchas personas que no tenían idea de las bases que necesitamos hoy.

“Siempre deberíamos leer”, concluimos ambos, mientras Nico me habla de su esperanza. Que este mes, más que nunca, hemos tenido fuentes – desde textos hasta especialistas – que están llevando estos mismos temas a pantalla o a la radio. Los medios, las redes, están atestadas de información que va nutriendo a la gente, llamándolas a leer o a comprender la importancia de buscar herramientas en el texto, por decirlo de alguna manera.

“Está Jaime Bassa, Cristóbal Bellolio, Mónica González… gente que sabe y que escribe, que leen, y están hoy para decir por qué pasó esto: si leemos, también sabremos”, sentencia..

¿Piensas que esa situación se condice con que las autoridades o la elite quieren tontas “a la masas”?

– Entiendo ese discurso pero no es tan real, pues creo que “la masa” entra en este juego y tiene responsabilidad. Elige gastar en otras cosas, tiempo y dinero, en no educarse a través de libros, por ejemplo. La élite, el tipo de arriba, puede controlar el precio de mercado y sí, pero finalmente quien toma la decisión de leer o no es del ciudadano.

Siguiendo esa lógica y esos clichés, ¿qué crees sobre que la gente ve a los libros como artículo de lujo?

– Creo que las personas se escudan en esa argumentación para no leer. La excusa es que son muy caros, pero si vienen a la librería, verán que hay libros de lujo y/o fetiche, pero también libros de $5.000. Y cuando se enteran, no compran. Tampoco es que un libro es tan descabellado de adquirir si eliges comprar un plasma o unas súper zapatillas o un concierto sin problemas.

¿Qué has oído en este mes acá en la librería? Con tus personas, los visitantes recurrentes o habitantes de Concreto.

El público de librería es casi siempre el mismo. Algunos compran, será un 10%. Lo veo como que somos una especie de librería centro cultural, donde pasan cosas y vienen a conversar y la gente lo asocia a que habrán interesados en libros y se podrá hablar. Hay personas que vienen y se quedan todo el día, y así. Acá viene quienes quieren hablar de libros, contar que están leyendo un libro, aunque no esté el que ellos dicen buscar. Te cuentan su historia literaria reciente, pues a veces están en hogares donde nadie lee. A mí me pasó eso con mi familia, o mi grupo de amigos de infancia, y en la librería te encuentras. Y la gente de librería es a quienes les gusta conversar, después pasan a un bar o un café, gente a la que les gusta hacer vida.

Es un poco lo que sucede en la noche fuera de este lugar, el callejeo nocturno de Cumming

– Sí, y así hay muchas personas que se quedan sólo por estar. Desde un libro hasta conversar de la vida, en especial este último mes, que casi todo es de política.

Todos comprendemos esa mezcla entre esperanza y desazón: hoy día sabemos que estábamos mal, antes no nos dábamos cuenta. Pero hoy hay un avance discursivo, pues se habla de política y coyuntura, todo el mundo sabe qué sucede. Eso es que todos se están comunicando mucho, también entre vecinos y sindicatos y colegas.

Con respecto a los vecinos, ¿cómo se ha articulado Cumming de los ataques que han tenido? No sé si categorizarlo así…

Sí, han sido ataques. Harta represión, porque las marchas se repliegan lentamente mientras avanza la policía, y este sería el último bastión.

Los locatarios y vecinos de Cumming se han articulado en torno al contexto social, cuenta este librero, para poder dar la lucha y defender su barrio. Bautizaron la Plaza del Descanso como Plaza de la Resistencia, y están más comunicados que nunca.

“He tenido que repartir mascarillas a los turistas que bajan de Cerro Alegre y se encuentran con esto que está pasado a lacrimógena o gases del zorrillo. El aire está impregnado por el chorro del guanaco”. 

¿Qué ha sido lo más heavy que has visto acá mismo, no “en la calle”?

– Lo mismo en verdad: a los milicos disparando afuera, tirando como 20 lacrimógenas, el zorrillo tirando gas con Cumming vacío sólo para generar incomodidad. Arrojan lacrimógenas apuntando los edificios, y rebotan, y tenemos que ir a buscarlas si los vecinos no están o se esconden. Lo más brígido es entender que no hay respeto por un barrio residencial y comercial completo, y que tengamos que recoger los casquillos de balas o perdigones de la entrada. 

¿Cómo te parece que ha vivido este periodo Valparaíso?

– Valparaíso tiene un rol, y algo que siempre ocurre es que los polos siempre se encuentran acá. Como Lastesis, o Jaime Bassa, son voces que se articulan desde acá. A pesar de que ha sido un territorio súper saqueado y violento, con contradicciones y autoridades que se enfrentan, funciona su capital humano. Esas voces que sólo aparecen aquí y cumplen su rol en nuestro país, sin planificarlo. Por contraparte, De la Maza de las FFAA era la autoridad más dura en sus cuñas, y también era de acá de Valparaíso. Algo sucede.

Tenemos a una derecha que ve a Sharp como Fidel Castro desde el día uno, instaurando un discurso casi de Guerra Fría. Tampoco es un santo, no estoy de acuerdo con todo lo que él es. SiValparaíso resiste hoy día es porque sí, porque ha resistido terremotos e incendios y derrumbes y seguimos resistiendo. No es por Sharp ni por Dj Méndez ni por Castro: vamos a seguir resistiendo hasta que dejen de atacarnos. Valparaíso muere con las botas puestas.

Ya terminando, ¿qué es lo que más amas de Chile?

– El nuevo chileno/a, que ya habla sin tapujos de política y no porque no sea un experto no opina. Todes tienen la misma voz, están aprendiendo mucho, e inquietos de saber qué hacer. Ya no estamos calmos en la casa esperando que cambie todo, sino que estamos saliendo a la calle para cambiarlo: yendo a asambleas, a marchas, haciéndolo nosotros mismos. Y todos en su lugar pequeño aunque sea, están en pro del cambio. Ese engranaje lento se torna más rápido.

¿Cómo lidias con la incertidumbre del estallido social?

Enfrentando el día a día no más. No tengo mucho que pensar más allá.

Comenta desde Facebook

Comentarios