Morpho: en el tránsito de los lenguajes, el género y la identidad

La nueva creación del coreógrafo y bailarín Joel Inzunza junto a un equipo interdisciplinar trasciende la danza contemporánea: Morpho es una potente propuesta visual y escénica donde los cuerpos de las y los intérpretes están ahí para intentar romper sus propios límites y acercarse a nuevas nociones de identidad de género.  

Por Carla Alonso Bertaggia  
Fotos: Josefina Pérez

Cuerpos que salen de la tierra, aparentemente sin género definido. Cuerpos forrados en una tela negra que hace las veces de segunda piel –solo se ven los ojos de los bailarines a través de una rejilla tipo burka-, y que se mueven como plantas en busca de una grieta de luz, en medio de una profunda oscuridad. Cuerpos similares que poco a poco despiertan y emergen. 

Esta primera escena de la obra de danza contemporánea Morpho -del destacado coreógrafo y bailarín Joel Inzunza, junto a un equipo interdisciplinario-, entrega una primera pista de lo que veremos durante la hora que dura el montaje: una propuesta que cruza lenguajes y narrativas. “Es una pasada de la danza contemporánea a las artes visuales”, como diría el director al final de la obra, para indagar sobre las nociones de identidad de género, a través de la búsqueda corporal.

En escena están bailarines de alta talla como Daniella Santibáñez, César Cisternas, Pable Morales, Daniel Arce e Ignacia Peralta. Sus perfomances son acompañadas por la música del compositor José Tomás Molina -ganador del Premio Pulsar 2021 a la Mejor música para audiovisuales-, y en diálogo con el diseño lumínico y estético de Nicolás Jofré.

Es danza contemporánea, pero es mucho más que eso; es una apuesta visual y experimental. Destaca el trabajo de iluminación y diseño sonoro, que no están puestos como un mero acompañamiento: marcan el ritmo, definen la estética de las escenas e interpelan al espectador. 

Un punto alto son aquellos segundos de blackout en los que el público no ve nada en la escena ni alrededor, donde el sonido y la música logran que los espectadores se sientan parte de una transición hacia algo desconocido. Al encenderse la luz aparecen imágenes nuevas en una suerte de superficie lunar. Los bailarines transitan haciendo uso total del espacio, para luego desaparecer. 

En cuanto a la danza, hay potencia y riesgo en los movimientos. Sobresalen las interpretaciones de Daniella Santibáñez e Ignacia Peralta en momentos de mayor protagonismo de ellas, como el solo de esta última bajo un gran plástico plateado, donde pelea por respirar y escapar de ahí.  O el solo de Daniella Santibáñez amarrada de la cintura a una cuerda que, de algún modo, la limita y le impide alcanzar a los otros. También destacan los fraseos de los cinco intérpretes, cada uno con una cualidad y corporalidad particular. 

Los movimientos que se ven en escena evocan la neutralidad de los cuerpos. A ratos son cortados, como de maniquí. Otras veces fuertes, rápidos, sin conducción. Danzan con las texturas, como queriendo romperlas. Pareciera que el mensajes es “da lo mismo lo que seamos, estamos bailando para comunicar algo”.

Cuando la luz permite observar un poco más, nos damos cuenta de que el vestuario está rasgado en zonas específicas. Esto evoca a la idea de un cuerpo -una piel- que se desprende de cosas, de conceptos pre concebidos, de límites o estructuras.

La escena es una atmósfera futurista, donde conviven zonas de oscuridad y de luz. Ahí, el encuentro de los bailarines y las improvisaciones en dúos o tríos –como el de Daniel Arce y dos intérpretes-, abre paso a la desnudez de los cuerpos. En ese momento aparece el otro como un espejo, y el vestuario, de nuevo, es un elemento que los hace neutralizarse.

Posiblemente es en ese momento, el de los dúos y tríos descubriéndose bajo la piel, que el ritmo de la obra baja por unos minutos -un tiempo sin tiempo-, para luego despegar rápidamente. 

“Ofrecí mi cuerpo al vacío”, dice la narración en off hacia el final de la obra. “Desaprender para entender las cosas”, es otra de las frases que relata la narradora. O “soy presencia… un instante de existencia”. A esa altura del montaje, esos textos solo vienen a confirmar aquellas sensaciones que como espectadores hemos experimentado con Morpho, obra que busca levantar reflexiones y conversaciones que se escapan de conceptos binarios. El significado y la construcción de un lenguaje están justamente en el tránsito, en ese intermedio que se escapa de lo dicotómico de las cosas: femenino-masculino, luz-oscuridad, vestuario-desnudez, vida-muerte.

El director ha explicado que el acercamiento al tema de la identidad y el género no es biográfico sino coreográfico. “Tanto las entrevistas, consultorías y guías teóricas que tiene el proyecto, me permitieron coleccionar ámbitos perceptivos, energéticos, impresiones necesarias y miradas corpo-poéticas”, dice Joel Inzunza.

Al final de Morpho, uno de los intérpretes -visiblemente emocionado- aparece con un cartel pegado al pecho que dice “las vidas trans importan”. Y si bien la obra no se define como un “work in progress”, tampoco se trata de una obra terminada.
Morpho deja claro que la lucha por la visibilidad continúa. 

Ficha artística 

Proceso de investigación, lenguaje de movimiento y performance: Daniella Santibáñez Monasterio, Ignacia Peralta González, César Cisternas Valdés, Daniel Arce Pavéz y Pable Morales Núñez / Conversación preliminar y acercamiento teórico: Silvio Lang y Omi Campos / Asesoría estética de vestuario: Ignacia Peralta González / Realización de vestuario: Nibaldo Manríquez / Fotografía: Josefina Pérez Miranda / Colaboración audiovisual: Juan Pablo Garretón / Colaboración gráfica: Sol Dugatkin / Música original: José Tomás Molina / Mediación artística: Karen Carreño Rivera y Alejandra Cabrera Monzálvez / Colaboración audiovisual y documentación: NoFear Producciones / Diseño lumínico: Nicolás Jofré Sotelo / Voz en off: Karen Carreño Rivera / Producción: Joel Inzunza & CO / Textos, dirección coreográfica e integral: Joel Inzunza Leal.

La obra cuenta con la colaboración de Academia PulsoDanza, Universidad de las Américas, City Lab, Nofear Producciones y Sinattad. 

Morpho está en cartelera en GAM hasta al 15 de mayo, con funciones los días jueves y sábados, a las 20 horas, y los domingos a las 19 horas. Valores $5.000 general; $3.000 para estudiantes y tercera edad. 

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