“Menstruando en cuarentena”, una bitácora de sentires y sangrados

Valentina Cortese Lastra
Por: Valentinne Rudolphy

Hace unas semanas se dio a conocer un estudio sobre las alteraciones de la menstruación de las mujeres españolas durante el confinamiento, lo que abrió una conversación que ya estaba dando vuelta por las redes sociales y círculos íntimos: ¿cómo el encierro ha transformado nuestros ciclos?

En una de esas sincronías como las que ocurren con los ciclos menstruales, esta discusión comenzó a surgir en las redes sociales. Por ejemplo: en un momento de mayo, desde este rincón del mundo, las inquietudes sobre la regla se plantearon en forma de convocatoria desde Granada Colectivo, un trío de fotógrafas chilenas que generó el llamado Menstruando en cuarentena, con el propósito de buscar experiencias y testimonios sobre el amado y odiado periodo.

“Una chica nos relató que sangró durante 97 días sin parar”, cuenta Estefanía Henríquez, parte del colectivo, “Fue choqueante, lo encontré muy brígido. Había terminado una relación de dos años y medio y decía que había eliminado el amor – o desamor – a través del periodo, esa era su sensación. Fue al médico y le dijo que no tenía nada malo, sólo estaba sangrando mucho”.

Esta vivencia íntima es una de las 57 que llegaron como respuesta al llamado de Granada. Todo comenzó con una publicación que hizo Estefanía (o Yeye) con una polaroid que capturaba su sangrado libre. Obtuvo muchas reacciones, lo que derivó en conversaciones, y en hacer este “puente” para hablar del eterno tabú de la menstruación en las redes sociales.

Estefanía Henríquez

Al rojo vivo

Granada Colectivo está compuesto por Estefanía, Verónica Garay y Natalia Sandoval. Las tres llevan años en la fotografía, algunas vinculándose inicialmente desde el diseño. Durante el último tiempo han trabajado en conjunto, articulando convocatorias como esta y un espacio feminista, en el que se comunican desde los procesos personales de cada una.

“Estoy ejerciendo el sangrado libre desde hace un tiempo y quería mostrar ese proceso. Durante la cuarentena me sentía mucho más libre con respecto a eso, en un momento muy intenso como el encierro”, relata Yeye, quien reside en Francia.

Granada buscaba la oportunidad de hacer algo durante la pandemia, pero las temáticas de cuarentena parecían agotadas, o trastocadas. Fue así como poner ojos sobre la menstruación cobró sentido, abriendo el llamado y “no sólo enfocarlo en las imágenes, lo que produjo una diversidad de relatos y una llegada mucho más amplia, a más cuerpos, y no limitada sólo a fotógrafas”, nos cuenta Natalia (Barto).

“Queríamos compartir la experiencia para que todes compartieran su material sobre la menstruación, y pudimos generar una especie de puente para visibilizar ese sentir”, agrega Vero. “Entre esos sentires habían periodos muy intensos. Nos dimos cuenta que algo particular pasaba en torno a la experiencia de la regla en el encierro”.

Jocelyn Gómez Chodil

Lazos de sangre

Lo cierto es que apenas iniciaron su convocatoria tuvo gran llegada: existía una especie de urgencia para hablar sobre el ciclo menstrual, mientras que a nivel mundial vivíamos (y seguimos viviendo) una pandemia. Testimonios fueron aterrizando en su bandeja de entrada desde México, Perú, España, Venezuela, Argentina, Chile, Bolivia, Brasil y Colombia.

“Llegaron hartos relatos que no tenían que ver con cuarentena, como sobre primera regla, otro tipo de experiencias, pero igual fue súper bacán. No nos importaba eso, la cuarentena era una excusa para el tema de la menstruación”, agrega Yeye.

Así comenzaron a aparecer estos puntos rojos en el feed. Algo sucede en la cuarentena, que va más allá de lo paranormal: es que estamos a solas, obligadas a sentir sin distracciones nuestra regla, sentadas a dialogar con ella de una manera mucho más intensa de lo que el usual ritmo de vida nos permite.

Por otra parte, especialistas se han referido a los factores de estrés y/o cambios en sueño y alimentación que se generan en cuarentena y cambian nuestra menstruación. El ciclo de la vida se altera, el interno también.

Barto comenta al respecto que “Creo que antes la vida iba tan rápido que no me detenía a pensar si era regular o no, vivía con la regla y ya. Ahora te das cuenta cuándo te llega y lo que te dura, es un autoconocimiento intensivo”.

Conversamos con las integrantes de Granada Colectivo sobre su convocatoria durante el encierro. ¿Cómo se han visto afectados los ciclos menstruales en pandemia?
Estefanía Henríquez Cubillos

Un sentir compartido

“Los contenidos eran re potentes desde la mirada de cada persona. Habían chicas con más experiencia con la foto, pero todas con diferentes maneras de expresarlo en la escritura, eso llamaba la atención”, cuenta Verónica sobre los relatos que fueron recibiendo poco a poco. “Lo bacán es que se dieron el espacio para analizar cada proceso”.

Mientras conversamos, cuentan que cuando iban subiendo los resultados de la convocatoria, en los mismos comentarios se generaba una conversación. Un reflejo de la necesidad e importancia de hablar de estas vivencias, más en el encierro. “Creo que logramos una complicidad y red que para nosotras fue sorprendente”, comenta Barto.

Cuando les pregunto por sus propios ciclos menstruales, también mencionan cambios: cambiar de ciudad y percibir un periodo más regular, pasar de pastillas a dejarlas y notar esos cambios, y también vivir de manera más intensa los dolores que ello conlleva.

Sanar, que esta sangre no es (solo) una herida

¿Cómo ha sido su relación con la regla?, irrumpo. El tabú de la menstruación está presente desde hace siglos, y ahora logramos destaparlo más, entender que es algo normal. Pero todas las presiones sociales – quizás las mismas que nos hacen percibir los “cambios” ahora durante el encierro – guían a ver esto como algo prohibido de tocar, como sucio, incómodo, y desagradable. ¿De qué manera estos testimonios que surgen de la convocatoria nos pueden hacer re-pensar este imaginario?

Lisette Valenzuela

Verónica se refiere a un bordado que le llamó la atención. En este, Valentina (la fotógrafa) comentó que relacionaba los dolores de la regla con “aquellos dolores que habría sufrido su abuela y su madre. En eso me siento reflejada: es necesario decantar a través de la sangre para poder sentirnos mejor. De alguna forma hay procesos que nuestro cuerpo contiene, historias pasadas que heredamos de otras mujeres que también menstruaron, y que nos tuvieron a nosotras. También lo estamos procesando, en eso me reconozco”.

“Veo la regla como una oportunidad pa’ botar cosas. Es un poco como catarsis para mí. Hace mucho me cuestionaba el tema de la regla”, cuenta Estefanía. Ella plantea cómo la introducción de la copita menstrual en nuestras rutinas también generan una conexión que “sana” esta relación: poder tocar y oler nuestra propia sangre, experimentarla de otra manera.

En sus palabras, amar a la regla también conlleva odio o tedio y pasarlo mal, pero aceptar ese sentir y ese sangrado cíclico que compete a distintas cuerpas: “Ojalá tener la libertad de vivirla como una quiera, sin preocuparse por lo que digan los demás”.

Los relatos que fueron reuniendo en su cuenta – ahora todos publicados en Instagram – también permitir analizar sus propios procesos, y cómo encariñarse con este ciclo tan acallado.

“Me pasó durante la convocatoria pensar en lo poco que dialogo con mi propio acto de sangrar. Me sentía en contradicción, pero veía los relatos, pensaba en el tiempo dedicado a ello. Pensaba en lo poco que nos contamos entre amigas al respecto, y cómo transformarlo en creación. Es un ejercicio es muy bonito. Qué mal que tengamos que “odiarla” a veces. El reconocerse en otras experiencias es lo que nos da la posibilidad de saber que no estamos solas en los sentires, nos ayuda a abrir a darnos la chance de entender un poco más la menstruación o conversar más de eso”, finaliza Natalia.

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