Maculada, he cambiado camas clínicas por lienzos

“Al contemplar mi imagen en la superficie gris mercurio de la tostadora, me fijé en que parecía joven y vieja al mismo tiempo”.

El año del mono, Patti Smith.
Por Sara Viloria 
@saloriart

Estoy ad portas de cumplir 30 años y el panorama hoy es mas o menos sencillo. Pablo lava la loza del almuerzo y prepara café con canela. He decidido no comentarle que escribo este artículo y me sumerjo en la cotidianidad del encierro, generalmente respetando mis tiempos creativos, él se hace cargo del almuerzo y la jornada matutina. Estoy en el estudio y veo a través de la ventana a una pareja del otro edificio comiendo una ensalada en pleno despliegue de otoño. Hace exactamente un año miraba a través de la ventana de mi departamento tipo estudio en el barrio Bellas Artes al único árbol sobreviviente de la cuadra, mientras apenas y se leía en las noticias lo que significaría para el mundo la pandemia. Visto desde el presente, yo era una mujer migrante, sola, acababa de vivir un aborto y tenía como única compañía a Tinta, mi gata, las cajas de alimentación del gobierno, libros y lienzos. En otra época me habría dicho a mí misma que lo peor ya ha pasado, al menos así hablamos “nosotros, los suicidas”, citando el título de mi querida Eleonor Concha Venegas.

La forma que tuve de asumir la precariedad del año 2020 fue haciendo un lienzo de 2 mt por 180 cm. Retraté a una mujer urgando su reflejo entre nenúfares, luego me senté a llorar. Es probablemente el único cuadro que haya querido quedarme y lo hice para una rifa que me permitió pagar la renta. Llevé a cabo el sorteo en vivo a través de las redes sociales (fue la primera vez que hice una transmisión en vivo desde mi cuenta). Me tomó cuatro días desprenderme de ese cuadro, no quería enviarlo, fue mi única compañía en semanas, y de haber sido un espejo habría sido también el que mas me haya visto llorar. Lo ganó una ex alumna eslovena que reside en Santiago, de una mujer migrante a otra me parecía una pasada equilibrada.

También me apoyé en la poesía. Mi amigo y traductor David Brunson me trajo la colección de poemas de Sylvia Plath, tenía Todos los cuadros que tiré , de Cecilia Pavón junto a la almohada, y un libro sobre 50 plantas que han cambiado el curso de la historia, un regalo de cumpleaños. Durante los meses de soledad me fui acompañando con plantas, las plantas han sido mis hijas y mi espacio de reconexión con la vida. Hoy no pinto sino plantas, temo que no sea una etapa sino una forma de coexistir y habitar los lienzos a través del verde.

Alejandra, una alumna periodista me ha pedido que escriba para su revista colectiva e independiente un artículo sobre arte y sanación, pienso que tengo todas las herramientas para desplegar este tema, pero al mismo tiempo no puedo sino abocarme a la historia propia, porque lo personal es político, y esa es una declaración absoluta que llevo como consigna desde que era una adolescente.

Me llamo Sara Viloria, tengo esta edad, y a los 13 años me tiré de una ventana, traté de suicidarme. Mi columna y mis talones se reventaron, por eso tengo este ritmo particular al caminar. Viví un año de mi vida pintando con la vista fija en el techo, conozco de cerca a Frida. He comenzado muchas ponencias con esta línea, no con ánimos efectistas, que de cualquier forma lo son, pero tal vez justificando cada una de las palabras que vienen a continuación; soy una mujer emocional, soy guiada por mis pasiones, soy profundamente sensible, no puedo vivir la pintura si no es de esta forma, como si cada vez que pusiera el pincel en el lienzo no tuviese otra opción que saltar al vacío.

Plath, Sexton, Pizarnik, Wilms Montt. Todos son nombres que han dado voz a mis espacios de soledad. En la pintura, por el contrario, son hombres los que respaldan esta necesidad de vivir al límite entre la vida y el bastidor: Vincent, Jackson, Jean Michelle, me permito nombrarlos a través de su nombre y no de su apellido, otra pequeña declaración política.

Estos artistas despertaron a través del arte al monstruo que les daría y restaría vida. Es tan sanador el arte como condenatorio, nos lleva a explorar los rincones mas oscuros que no son posibles descubrir desde la palabra, y también nos das las alas para salir ilesos/as de ahí; aquí parte mi verdadero discurso.

Podemos ser suicidas que lidian día a día con el propio vértigo de la incertidumbre, o podemos ser pájaros que sobrevuelan transitorios sobre las telas de los bastidores, pero quienes hacemos arte siempre lidiamos con una tensión que se expande entre la búsqueda de la belleza y la necesidad agobiante de sacarla de los ojos, hacerla materia viva a través de la pintura.

No siento que estos sean los días mas creativos pero es un diario de pausa. La tormenta ha pasado y soy un remolino que queda residual después de ella. No tengo una fórmula o un paso a paso propio de los modelos de autoayuda para vivir, a través del arte, la clave del éxito, o la consagración sensible de aquello que sea de una u otra forma profano, pero me he sostenido en las acuarelas. Anne Sexton escribe en “A mi amante, regresando junto a su esposa”: “Escálala como un monumento, ella es una escultura, yo soy una acuarela, me deslavo”… También yo soy acuarela, también despliego los dolores a través de manchas, soy capaz de navegar estas superficies porque no conozco otra forma de vida. Soy Sara, Maculada, con manchas tengo la ropa, los dedos, y la historia llena de pintura. He cambiado camas clínicas por lienzos y, como decía Teresa W. Montt, no soy apta para señoritas.

Sara Viloria (Venezuela, 1991)

Ilustradora, poeta y artista visual. Vinculada desde la temprana infancia a la restauración y a la pintura, creció entre retablos y acuarelas. Su trabajo personal se encuentra ligado a las representaciones botánicas desde un enfoque emocional aunado a lo pictórico, a la fecha ha realizado tres muestras individuales y numerosas muestras colectivas.

Actualmente reside en Santiago de Chile donde cohesiona su trabajo como ilustradora editorial, poeta y artista visual independiente. Es embajadora de Canson paper, y a la fecha ha realizado portadas editoriales para Libros del Amanecer y Tajamar Editores.

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