No a los proyectos zombie

Por Franco Contreras

El rechazo a “HidroAysén”, la represa que se pretendía construir en la XI región, rompe el paradigma que hizo parecer imparables a los mega-proyecto. Ambientalistas y comunidades confirman la validez de sus argumentos y golpean la puerta de quienes conciben estos proyectos, transportándolos desde el pragmatismo económico hasta la verdadera consideración de la participación ciudadana.

Otros han dejado su estampa, como el caso de Pascua Lama, detenido por no cumplir con su RCA (Resolución de calificación ambiental), lo que significo un costo mayor al estimado, despidos masivos y un desastre ambiental, que llevo a la autoridad a clasificar su impacto como “daño irreparable”. Por otro lado en el Valle de Aconcagua, Codelco trabaja para llevar a cabo “Andina 244”, una desmesurada expansión de la capacidad extractiva con una alta probabilidad de generar externalidades que clasifiquen en la misma categoría de daño.

HidroAysén se convierte en un acto de prevención, obligándonos a buscar otras formas de generación de energía y  una política de estado clara en este ámbito y Pascua Lama nos cuenta una historia sobre hechos consumados que entrega la “lección aprendida” a la hora de prevenir un bochornoso desastre en Andina.

Se habla de minería sustentable como promesa de fábula, repitiéndolo tantas veces como sea necesario para convertirlo en realidad como hizo Dorothy, pero lamentablemente no vivimos en las tierras del mago de Oz.

Quizá algunos ejecutivos y políticos intuyen cuando un proyecto “nace muerto” o “huele a gladiolo”, pero de todas maneras visten de médico y tratan de reanimarlo, algunos lo logran, pero solo cuando ha pasado poco tiempo entre la pérdida de signos vitales y el inicio del masaje cardiaco. Cuando han transcurrido varias horas es imposible resucitarlo y si lo logran será con secuelas, mientras tanto algunos continúan golpeando infructuosamente el pecho de estos al punto de casi atravesarlos, como le sucede al embalse “Puntilla del viento”.

Si concentramos los esfuerzos en generar valor a la sociedad y dejamos de despilfarrar recursos tratando de resucitar algún “proyecto zombie” quizá podríamos seguir soñando con “algún lugar mas allá del arcoíris”. 

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