Los amigos de la Echaurren

La plaza Echaurren es el corazón de Barrio Puerto

La plaza Echaurren es el corazón de Barrio Puerto

Por Karo Torres

El ánimo de Valparaíso depende siempre de sus habitantes. A veces la ciudad se cae a pedacitos, alguna pobreza por aquí, una que otra lágrima por allá; los cerros imaginariamente se desmoldan y todas las fachadas se vuelven grises.

Pero todas estas cosas no pueden ser mostradas en fotografías, eso sucede en nuestra más intima reflexión, porque en muchas ocasiones nos hemos sentido relegados de la forma en que nos quieren hacer vivir la ciudad.

Los edificios en altura han cambiado nuestra geografía y han cubierto el sol que alumbraba algunas casas; a la fuerza, muchos vecinos han comenzado a vivir entre las sombras de las altas fachadas; la amenaza de un mall en el borde costero, nos mantiene en la incertidumbre, la que anda rebotando al límite de los precipicios; cuesta entender la inentendible decisión de destrozar la plaza Victoria para crear estacionamientos, nos hace sentir personajes sin voz. Y esta seguidilla de cambios arbitrarios, nos genera un respiro triste como ciudadanos, alejándonos de lo que somos como porteños.

Pero caminar entre medio del tumulto citadino, nos permite encontrarnos cara a cara con nuestra cotidianeidad, conocernos más allá de la ficción de turno. En medio del alboroto habitual, existe una postal que sirve de paréntesis, un lugar de origen y de encuentros pasados. Eso me sucede con la Plaza Echaurren. Lo que alguna vez fue en sus comienzos, se trasfiguró, pero lo que se ha construido hoy, tampoco es parte del ahora.

Es cosa de mirar a  Jorge Farías y  a sus amigos inquietos, esos acompañantes dormidos, que prefirieron el vino antes que cualquier otra verdad. En alguna medida ahí habita el Valparaíso de otra época, uno inventado por la borrachera del tiempo. Trascurre como un espacio creado por quienes circulan o se posan como estatuas. Es un escenario antiguo con personas ajenas al ánimo destructor de nuestro patrimonio.

En la Plaza Echaurren no existen las mentiras piadosas, no hay nuevas construcciones estropeándolo todo, el mall es una palabra lejana y en las calles siempre se saluda de la mano al amigo andante. La borrachera se antepone ante cualquier otra razón y, cuando sus protagonistas cierran los ojos, sus vidas trascurren en otro Valparaíso, en el que dejaron atrás el día  que decidieron cerrarle la puerta a la lucidez.

“Cierro los ojos y el mundo muere” escribió Sylvia Plath. En la Plaza Echaurren existe otra realidad dispar, una triste, pero lejana al Valparaíso que parece estar cayéndose a pedazos.

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