La oveja rosa de la familia

Momo004 (1)

Del álbum familiar de Alberto Droguett-Figueroa

Por Alberto Droguett-Figueroa

Recuerdo cuando le conté a mis papás que era gay, tenía 17, faltaba poco para salir de 4to medio. Nunca había estado con un hombre, pero yo estaba seguro, era algo que sabía y con lo que luché durante años de mi adolescencia.
Culpo a mi crianza profundamente católica. Me costó años sacarme las culpas de encima, porque es aterrador crecer bajo una religión que sólo te enseña a temer al mundo y a recibir lo malo del mismo como si lo merecieras porque sí.

La relación con mi familia no fue la mejor durante un tiempo, recuerdo que peleábamos bastante y no nos llevamos muy bien. Cuando les conté que yo era gay no estaban felices, pero lo aceptaron, puede que a regañadientes, pero lo hicieron.

Hubo cosas en las que fallaron, y otras en las que yo fallé. No las relataré porque es un tema familiar. Nuestros problemas ya no eran el que yo fuese gay, era la forma en la que yo quería vivir mi vida. Reconozco no haber tomado las mejores decisiones, podría arrepentirme, pero gracias a ellas soy quién soy.

Y gracias a mi familia, jamás podré olvidar eso.

Supongo que a ambas partes nos faltaba madurar. A ellos, aprender a entender que los hijos no siempre crecen para ser lo que esperaron y yo, comprender que toda su vida creyeron estar haciendo lo que pensaban era mejor para mí.

Después de mucho tiempo, nos reconciliamos.

La vida se ha ido relajando, todo mejoró. Aunque suene cliché. No diré que es una convivencia sin conflictos ¿Qué clase de familia no los tiene? Pero aquí estoy, a días de mis 25 y sigo viviendo con ellos. Me cuesta irme.

Los necesito, necesito a los 5 que son mi familia.

Momo005

Los hermanos de Alberto

¿Y el tema de ser la oveja rosa de la familia? Es un detalle, dejó de ser importante, porque no lo es. Siento que es lo más relajado que hay, más que relajado, es natural. Las veces que he estado con alguien no hubo problema en que vinieran a mi casa. Ese alguien se puede quedar, termina fumando con madre en la terraza. Recuerdo cuando tenía dudas si terminar o no una relación, la mayor preocupación de mi papá era si iba a encontrar quién me aguantara.

Madre incluso dejó de considerarse católica y participar en la Iglesia, porque no estaba de acuerdo cómo los curas son capaces de tratar a las personas que se parecen a su hijo.

Mi familia, mis papás y hermanos son lo más importante que tengo, porque ellos, a excepción de unos pocos amigos, son los únicos que han estado conmigo y sé que estarán siempre.

Por lo mismo, siempre están primero en mi vida.

Después de todo lo que se vive siendo adolescente, la distancia, el mal entendimiento que supuestamente vivimos al crecer, volvemos a los que nos forjó, porque nuestros padres no sólo nos impregnaron sus defectos, también nos llenaron de virtudes y valores que nos diferencian como persona. Es algo de lo que estoy agradecido, de tener a ambos, tenerlos juntos aún y tener hermanos para pelear y querer, formar alianzas, pegarnos jugando y escondernos cosas y ser cómplices.

Comenta desde Facebook

Comentarios