La maravilla del Aconcagua

frontismuseo

Por Amelia Carvallo

Eso, ni más ni menos que eso, es lo que ofrece el remozado Museo de Historia Natural de Valparaíso con su exposición permanente “Biodiversidad en la región de Valparaíso”. Con un diseño museográfico claro y que estimula la curiosidad, la muestra es altamente recomendable porque nos sumerge desde las profundidades oceánicas hasta la zona cordillerana en diferentes ecosistemas de la región.

El ingreso a la sección que muestra la vida en aguas profundas imita a una sala de máquinas de un submarino: penumbra, pisos metálicos, luces rojizas y tableros donde se cuela un aire frío. Hay una maqueta del fondo marino frente a Valparaíso, un corte profundo señala la fosa de Atacama. Maravillosos animales habitan estos abismos: el cangrejo yeti, que es albino y tiene las tenazas peludas, las esponjas inmutables y el coral negro. Seguimos avanzando hacia la costa, una impresionante mandíbula de cachalote te hace ver el tamaño de este mamífero marino; otros que atrapan la vista son una espantosa jibia gigante y el caparazón gigante de una tortuga laúd.

Más adelante una sala entera muestra la riqueza de pescados que hay en la región, los mismos que comemos: atunes, corvinas, lenguados, reinetas, merluza y rollizos. También hay otros más extraños como las lampreas, o peces vampiros, unas especies de mangueras con dientes por dentro. Más allá las bandadas de aves marinas: petreles, frágiles golondrinas de mar y gaviotines. Un espacio impacta: hay una gran jaula llena de basura plástica, la que devuelve el mar a las playas, la misma que comen peces, aves y mamíferos marinos. El cadáver de un pelícano muestra su barriga abierta convertida en un depósito de basura, hasta un encendedor hay.

Mejor salir al pasillo y ver los óleos de Natalia Babarovic que acompañan a la costa rocosa donde estrellas de mar, erizos y caracoles viven. Sonidos de pájaros resuenan en la sala, seguro que no son los del picaflor de Juan Fernández ni del Pingüino de Humboldt que nos miran. Un vistazo breve a la sección que muestra las visitas que han hecho botánicos y naturalistas a este archipiélago encantador, menos conocido que la popular Isla de Pascua. En el bosque silvestre tórtolas, chincoles y peucos en las alturas; culebras, escarabajos y saltamontes a ras de suelo, lejos del hocico del zorro culpeo o el pico de la codorniz. El bosque nocturno abre bien los ojos con las lechuzas y el chuncho, el ratón orejudo atento escucha al quique que mira las mariposas nocturnas.

La sala de la semilla es entera de madera, huele bien y se escucha el latido de un corazón. En uno de sus paneles muestra la simple maravilla de cómo nace una planta. Quince semillas de porotos y otras tantas de maíz para un panel que advierte sobre el peligro de tener cultivos poco diversos. El espacio destinado al Río Aconcagua resalta la riqueza de este corredor biológico: desde minúsculas pancoras, sanguijuelas y larvas de libélula al gran puma, el cóndor y el guanaco. Simpáticos patos cuchara y jergón comparten con la rana chilena y el sapo de cuatro ojos. En los pajonales de los juncos el Siete Colores minúsculo teje su nido, el coipo al costado es gordo y enorme. Otra parte de la muestra es para el Parque Nacional La Campana, reserva de la biosfera que en sus 8.000 hectáreas tiene zonas de sombra y sol y dos senderos: El Cuarzo y El Amasijo. Palmas, quiscos, robles, boldos, espinos y litres, algunos de los árboles que se encuentran, refugios donde escarabajos, conejos, arañas, ratones y decenas de otras especies buscan sustento entre la hojarasca, los hongos, larvas y lombrices de ese fértil suelo.

La última sala es para las fotografías de Teodoro Kuhlmann Steffens (1869-1957), alemán avecindado en Cerro Alegre que a comienzos del siglo XX capturó con su lente tardes en jardines, incursiones a las ranchas donde se bailaba la zamacueca, los palmares de Ocoa, los vendedores a lomo de burro y a su familia sentada a la mesa.

El museo, que cuenta con acceso para sillas de ruedas por calle Aldunate 1515, queda en calle Condell 1546. La entrada es liberada y su horario es:

Martes a sábado de 10:00 a 18:00 horas
Domingos y festivos de 10:00 a 14:00 horas
Para reservar visitas guiadas (56-32) 2544844

Contacto: Museo de Valparaíso, www.mhnv.cl mhnv@museosdibam.cl

* Foto gentileza del Museo de Historia Natural de Valparaíso

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