“La historia de los anfibios” de Teatro La Mala Clase se construyó así

El 4 de noviembre llega a Valparaíso el cuarto trabajo de Teatro La Mala Clase, “La Historia de los Anfibios”, creación colectiva que pretende continuar con la reflexión sobre la educación, lo que significa y compromete. 

La obra, pone en escena un grupo de apoderados de un primero básico, que se reúnen de forma urgente a raíz de un accidente escabroso ocurrido con un compañero de sus hijos e hijas. En la búsqueda de encontrar soluciones, una inesperada noticia dará un vuelco en la manera que ven a sus hijos, quienes están a cargo de una profesora finlandesa.

¿Cómo se construyó este trabajo teatral? Su directora, Aliocha de la Sotta, nos entrega detalles en esta columna exclusiva para La Juguera Magazine.

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Por Aliocha de la Sotta

Cuando montamos La Mala Clase el año 2009, nos preguntamos acerca del sentido de la educación en un país. O quizás antes, mucho antes, en las marchas estudiantiles del 2006 nos escandalizábamos por el contenido de ciertas consignas que gritaban los secundarios de entonces, debatíamos en extenso ante la lectura de textos de corte matríztico escritos por profesores como Humberto Maturana o Francisco Varela, analizábamos la educación recibida, el contenido de dicha operación era algo que rondaba nuestras conversaciones.

Los años y los gobiernos han pasado y hoy ante una reforma educacional discutida en el congreso, ante palabras como “gratuita” o “de calidad”, “liceos de excelencia” o “lucro”, quizás la sensación es distinta pero ¿Algo ha cambiado? ¿Qué significa eso de educación de calidad? ¿Para qué educamos? ¿Cuál es el sentido?

La idea es ampliar la pregunta sobre la educación que queremos, no discutir solamente de cómo será financiada, preguntarnos para qué sirve, cuándo comienza esto de la enseñanza, de educar en Chile ¿Porqué? ¿Para qué?.

La historia de los anfibios es una reflexión sobre las prácticas educativas en el aula chilena actual. El texto y la puesta en escena son el resultado de un trabajo colectivo en donde, desde el interior de Teatro La Mala Clase, surgen las tesis y las propuestas artísticas de diseño integral. El texto y los personajes surgen de improvisaciones colectivas donde logramos de alguna manera aquilatar las metodologías empleadas en nuestros anteriores trabajos de creación, que ésta vez, han sido sistematizadas y llevadas a cabo de manera integral por los y las integrantes del colectivo. Ha sido un trabajo arduo y extenso en el tiempo y es evidente que sin el financiamiento de los fondos públicos de cultura nacional no hubiese sido posible llevar a cabo este proyecto.

Iniciamos el trabajo teórico con un listado de textos que debíamos revisar, también películas y textos teatrales. Desde The Wall de Alan Parker hasta Carnage de Polanski, la obra teatral Clase de Guillermo Calderón, la película Canino de Giorgios Lanthimos, fueron material de análisis y de discusión, también revisitamos films y documentales que ya habíamos analizado cuando creamos La Mala Clase, ahora volvíamos a mirar ese material poniendo mayor atención en las formas de educar, las prácticas que llevamos a cabo día a día en los colegios sin la posibilidad de cuestionar o de desnaturalizar.

¿De qué hablamos cuándo hablamos de educación, de enseñar?

Nuestras experiencias personales conformaron un listado largo de recuerdos y preguntas sobre la experiencia que lleva en sí el hecho de ir al colegio. El aula. Los profes. El uniforme. La lista. El orden. La separación entre niñas y niños. La escuela técnica. La humanista. La científica. La jesuita. Las clases de historia. Los compañeros. Las compañeras. La religión. Las mañanas. El frío de las salas. La sensación de no haber aprendido nada. O no mucho. O no recordarlo. O nada útil para la vida. Ésta vida. Cada reflexión, cada recuerdo fue conformando un entramado interesante a través del cual seguimos escarbando día a día.

El tema era inmenso. Necesitábamos clases de historia.

Las disertaciones grupales fueron nuestra segunda etapa. Nos repartimos temas de interés y nos exponíamos los unos/as a los/as otros/as.

La historia de la educación primaria en Chile, el proyecto moderno en Latinoamérica, el positivismo, la arquitectura del edificio llamado colegio, Paulo Freire y sus escritos sobre la educación cómo práctica de la libertad.

¿Se puede educar para revolucionar? ¿Educar es dominar? ¿Quién educa? ¿La familia? ¿El colegio? ¿La televisión? ¿La calle? ¿La profesora?.

Estudiamos métodos educativos foráneos y las diversas metodologías de colegios que llamamos alternativos, una sesión entera fue destinada a Finlandia, daba risa que mientras estábamos en eso, el gobierno recién asumido enviaba a sus representantes al país nominado como el país con el mejor sistema educativo en el mundo para estudiar y aprender de ellos.

Hablamos desescolarización y esa palabra contrastaba fuerte en nuestra realidad, un país que se rige por un ranking de notas para definir si un colegio es bueno o no y en el cual su población trabaja muchas horas diarias. Chile el país dónde aun no se define si queremos alejar el mercado de nuestra educación, el país que debate si la educación es un derecho para todos y todas o no.

ANFIBIOS3¿Cuál educación? ¿Para qué? ¿Cómo?

Hablamos de los niños. De las niñas. De la infancia. De tener hijos o no. De mandarlos al colegio o no. Aprendimos que hay padres y madres que deciden educar a sus hijos e hijas en sus casas, todo nos parecía tan complejo, tan difícil o utópico en un país como el nuestro.

Paralelo a estos meses de estudio aparecían las primeras fábulas posibles, los personajes, la situación dramática, el texto. La escena. El teatro.

Lo que estudiamos sobre la escuela zapatista nos dio mucho que pensar.

Nadie enseña a nadie y nadie aprende solo, se volvió algo así como una consigna. Nos sentimos interpelados, más cercanos a esos hermanos y hermanas mexicanos que a la lejana China o Finlandia.

Una cosa se hacía cada vez más nítida, los actores y actrices no harían de niños ni de niñas, no habrían profesores ni profesoras en los personajes de ésta historia y así la idea de ésta reunión de apoderados de un colegio cualquiera del Chile actual se fue conformando con mayor claridad.

Las improvisaciones, los personajes, los diálogos, todo fue impregnándose de la teoría estudiada.

Meses de ensayo y error. Ensayo y error. Probar y depurar.

Recibimos como grupo dos clases magistrales, Don Carlos Pérez Soto y Don Gabriel Salazar nos brindaron una posibilidad única y exquisita, poder conversar, preguntar, dialogar. Los textos de ambos profes eran recurrentes en nuestra bibliografía a lo largo de nuestras anteriores creaciones teatrales, la posibilidad de poder estar con ellos en un diálogo directo y trenzado por nuestras propias inquietudes y preguntas fueron momentos fascinantes que registramos en nuestra memoria colectiva como elementos fundamentales.

Recibimos en esas sesiones una educación dialogal. La palabra y la conversación como un vehículo de transformación. Una característica creadora. La teoría se hacía praxis y de a poco los meses de estudio cobraban vida. Se hacían cuerpo en el actor y la actriz.

Finalmente y luego de varios meses la fábula fue creada, los personajes y la situación dramática final. Un grupo de apoderados, de un primero básico del principal colegio de una comuna santiaguina se reúne de manera urgente a raíz de un accidente escabroso ocurrido con un compañero de sus hijos e hijas.

Durante el transcurso de la tarde intentarán encontrar soluciones a este accidente, pero una noticia inesperada dará un vuelco en sus pensamientos, descubriendo que el hecho no fue accidental.

Tanto el sistema escolar como el familiar se verán en conflicto cuando los apoderados caigan en cuenta que la historia de nuestra educación no es accidental.

A través de diálogos sencillos y vertiginosos los personajes nos revelarán las dificultades de la vida cotidiana, en la cual la educación no es más que su radiografía. Sin embargo, tendrán la posibilidad de pensar cómo transformar la idea de educación, el conflicto es que para poder cambiarla tendrán que también transformar sus vidas.

ANFIBIOS1Cabe destacar la labor realizada por cada uno/a de mis compañeros/as de Teatro La Mala Clase, desde la creación del texto dramático dónde el trabajo magistral de Pablo Manzi quién logró articular y aunar un vasto material, para convertirlo posteriormente, en conjunto con la “comisión texto” y diálogos permanentes con la dirección, en un texto dramático dinámico y sintético de un proceso extenso y múltiple en sus temas adyacentes. Las ideas de diseño integral que logran aunar y articular Iván Parra y Rodrigo Leal en conjunto con la asesoría y el diálogo permanente con Guillermo Ganga, destacado diseñador teatral chileno con quien trabajamos en La Mala Clase fueron generando el resultado artístico, las actrices y actores fueron buscando en sus personajes desde el vestuario y sus accesorios hasta la gestualidad, la observación, y el ensayo riguroso fueron dando resultados. La producción general del proyecto también gestionada desde el interior de Teatro La Mala Clase que dialogaba día a día con el plan propuesto y sus diferentes aristas iban generando una base sobre la cual construíamos día a día.

Asistí como observadora a varias reuniones de apoderados. Perdí la fe en la humanidad y la volví a recuperar. Y así.

Nos confesamos contentos con nuestra obra, por el tiempo que nos tomamos, por esa especie de tenacidad que nos aflora en el trabajo cuando queremos decir algo que nos parece importante consignar.

La historia de los anfibios se construyó así.

La semana pasada suspendimos una función que teníamos programada, había paro de profesores, los estudiantes no podrían llegar esa mañana al teatro; me dio pena por que la mañana anterior habíamos tenido un foro con liceos emblemáticos de Recoleta (Liceo Paula Jaraquemada y Liceo Valentín Letelier) y estudiantes del Colegio Paulo Freire de San Miguel, colegio que surge como una experiencia auto gestionada para niños y adultos, la conversación fue interesantísima, las realidades diversas, la contingencia nacional se hermana con nuestras propias preguntas.

La historia de los anfibios, una creación colectiva (por que treinta cabezas piensan mejor que una) comenzaba su vida nueva.

Como toda obra teatral, se completó con la llegada del púbico, las conversaciones posteriores con adolescentes y pares viene a nutrir el trabajo expuesto. Poder viajar a Valparaíso a mostrar nuestro trabajo será la guinda de la torta.

Todas nuestras preguntas están ahí. Nuestras visiones. Nuestros propios conflictos. Nuestra educación. Nuestro país. Nuestros/as padres y madres. Nuestros colegios y liceos. Nuestras experiencias.

 

 

LA HISTORIA DE LOS ANFIBIOS

Una creación colectiva de Teatro La Mala Clase

Con:

María Paz GrandJean

Paulina Giglio

Cecilia Herrera

Mónica Ríos

Antonio Altamirano

Nicolás Pavez

Iván Parra

Dirección: Aliocha De La Sotta

Asistente de dramaturgia: Pablo Manzi

Diseño Integral : Iván Parra y Rodrigo Leal

Asesoría diseño : Guillermo Ganga

Diseño Gráfico: Javier Pañella

Jefe Técnico: Rodrigo Leal

www.teatrolamalaclase.com

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