La deriva en Valpo (Vol. 1)

Bienvenido Sello Recolector, siempre es buena la música!

Bienvenido Sello Recolector, siempre es buena la música!

 

El siguiente texto nace como una reflexión sobre el lanzamiento del Sello Recolector en Valparaíso que el pasado mes de julio nació bajo este lema: “Recolector ha salido a los bosques, a las playas, a los cerros y a las calles con la misión de volver a casa cargando la honestidad de un sonido desperdigado sobre un mapa irregular”.

Por Kuanip

Cavilación 1
Dentro de toda la publicidad política tricolor que empapelaba ese muro de Valparaíso, se destacaba un afiche en particular. Era negro, el color del rock. El trabajo del diseñador era evidente, con una información gráfica amable y la invitación, atractiva. Destacable también de las fotocopias pegadas en postes o los mega afiches repetidos hasta el cansancio anunciando grandes eventos o años nuevos con la misma receta de hace siglos: el champagne (“espumante” le dicen los sofisticados).

Se trataba del lanzamiento de un sello musical en Valparaíso. Algo atrevido hoy, a pesar la hegemonía de la descarga gratis, causal de un letargo sin precedentes por parte de los consumidores de música. En contraposición están los melómanos que buscan, encuentran y compran el “objeto de arte” llamado, CD, vinilo, re-edición, etc. Especímenes que siempre fueron bichos extravagantes, hoy lo son aún más. Lo atrevido es siempre atractivo.

Las seis bandas que tocarían esa noche creaban además un enigma interesante al leer sus nombres: “Flores de Bach”, “Oseas Martínez”, “Trementina”, “Fotogramas” y tal vez el más sinvergüenza (literal) de todos: “Los Fjuiiith”. Una onomatopeya en sinapsis con historias escolares mundiales llenas de energía. Algo mucho más interesante que la moda de nombrar a una banda con la frase más asquerosa que provoque más rechazo.

recolectorintro2Cavilación 2
El lanzamiento sucedería en el Teatro Condell. Un espacio que se empieza a abrir para el rock, con respeto. Ya el proyecto de Cine Insomnia se lo había tomado durante varias temporadas poniéndolo a prueba. Ahora es el turno de la consolidación como espacio abierto a las artes jóvenes, en consecuencia para el rock.Ahora, escuchar rock en un teatro no es lo mismo que ir al cine. El rock se trata de romper reglas, de chasconearse un poco. Es un ámbito que permite la manifestación de libertad que no encontramos en la vida. Un modo de vivir sin dar cuenta de nada a nadie. Se puede vivir como rockero. No es necesario ir a escuchar una banda en vivo vestido para la ocasión; el rockero lo necesita.

Con todo, no existe un solo tipo de rock o un único rock verdadero. En 2013 la cosa se ha transformado en una paleta tipológica de mezclas y fusiones tal que sí hay un rock que se puede escuchar sentado en una butaca viendo a la banda en un amplio escenario sonando de lujo. Eso es lo que se espera de estas tocatas en vivo, sobre todo si son gratuitas. Con esta condición y en un teatro donde no se puede beber, este rock resultaba un tanto contraproducente. La pregunta entonces es: cuál es el mejor espacio para ir a escuchar rock? ¿un tugurio típico porteño?, ¿la playa?, ¿la plaza?, ¿un teatro? ¿todas las anteriores?. No es lo mismo escuchar a los “Ocho Bolas” en La Cantera que en la plaza Sotomayor. La respuesta es: depende de muchos factores, personales, ambientales, ciudadanos, cualitativos, temporales, entre otros, y este evento en particular, si tenía las condiciones para ser escuchado en un teatro.

Cavilación 3
El día del evento llegué al teatro a las 19:50 hrs. En la puerta me piden una colaboración. No tengo efectivo, viajo con la tarjeta del tren ida y vuelta. Decido arrancarme un parche de “Operante Teatro” que uso en mi manga y dejar el tajo a la vista en la chaqueta. Ignoro lo que pensó el de la puerta cuando le hago entrega de un parche como si fuera una joya. Entro. Acaba de terminar la prueba de sonido (soundcheck le dicen), saludo al técnico y resulta ser a quien le compro almuerzo fuera de la pega. Conversamos y le pregunto dónde está el público (estaba anunciado a las 20:00hrs.) responde algo acerca de su trabajo. Me dirijo a los camarines como Pedro por su casa y entiendo de qué se trata todo esto. Abajo están las bandas, el sistema de video, producción, fruta, chelas, maquillaje, fotos, un ambiente de tensión pretocata adolescente muy rico de sentir. No tiene que ver con la edad, sentir esa expectación aunque no nos pertenezca, es motivante. Converso con algunos conocidos: bateros que ahora tocan bajo, productoresque tocan guitarra, modelos que cantan, ex guitarristas que componen ahora en teclado, etc. Todos muy veinteañeros. Veo muchos “My Bloody Valentine” en mi cerebro.

Luego de escuchar las bandas me voy a la estación del tren con una sensación de satisfacción e intranquilidad. Satisfecho porque veo que la rueda no para de girar en el sentido musical y eso habla del espíritu activo que caracteriza a Valpo. Siempre pasa algo interesante en Valpo, donde se conocen personas, discos, libros, cervezas, calles, aromas, vistas… es imposible escapar al hecho de conocer, del “aprender a saber, conociendo”. Intranquilo pensando en cuando explotará esta ciudad por fin (¡ka boom! le dicen).

Comenta desde Facebook

Comentarios