La conducta animal de Victoria Valenzuela

Por: Andrea Jeftanovic.
Profesora Curso de Crítica Literaria. Escritora, académica, miembro de AuCH!

“Según J. D. Carthy, la conducta puede definirse simplemente como la respuesta de un organismo frente al medio ambiente. Nuestro ambiente siempre era el mismo, de Valparaíso a Viña del Mar y viceversa”.
(La conducta de los animales).

Victoria Valenzuela es una escritora vital y talentosa, con una pluma fresca y una capacidad enorme de perfilar a sus personajes. Graduada de psicología, cuenta con estudios de magíster en escritura creativa bilingüe en Hofstra University, Nueva York. Heredera de una tradición de escritores y libreros, se mantuvo siempre vinculada al mundo de las letras. Publicó su primera novela de ficción Con permiso para amar (2016, bajo el sello Ediciones B). Su segunda novela El hambre de las bestias (2019) fue publicada por Planeta posicionándose dentro de los libros más vendidos en Chile a un mes de su lanzamiento.  En estos días se publica su cuento La conducta de los animales, bajo el sello Neón, y que es parte de un libro en desarrollo que promete. Se trata de “un narrador menos servil, menos manipulador, la construcción es más sutil, más tras bambalinas”, cuenta la autora.

Fue invitada a presentar su último libro a la Feria del Libro de La Habana (2020), y formó parte de la segunda versión de la Escuela de Crítica de Valparaíso  para impartir las sesiones de escritura creativa. Victoria también es miembro activo del colectivo feminista Autoras Chilenas (AuCH!).

Si bien se encuentra radicada en Nueva York, desde donde se dedica a escribir, traducir y realizar talleres de escritura, la pandemia la encontró en Valparaíso y desde allí que se dio esta conversación. 

– Victoria, ¿cómo cruzas tu vida como autora, con tu formación en psicología y coaching, y tu experiencia en literatura? 

– Me gusta pensar que todo ha sido una preparación puesta al servicio de mi oficio literario. Por medio de la psicología puedo complejizar mi escritura, ahondando en las contradicciones, ambivalencias y pulsiones humanas desde una perspectiva que recoge cosas del psicoanálisis, la teoría cognitiva o familiar sistémica, a la hora de ahondar en las rivalidades de hermanos, lazos invisibles al interior de una familia, cuentas impagas a lo largo de generaciones, tipos de violencia y trastornos de la personalidad. 

El coaching fue una suerte de especialización para ingresar en el mundo de las emociones, porque por curioso que resulte, la carrera de psicología no aborda a cabalidad las investigaciones recientes, la conexión emoción-cuerpo-lenguaje y la reconstrucción lingüística de las emociones, los estados de ánimo; cómo se mira el mundo a partir del resentimiento, de aquel que siente que la vida le debe; y que juegan un papel a la hora de darles vida a los personajes y manejar la tensión en la narración. En ambas formaciones se lee y se analiza bastante, sobre todo en asignaturas como psicología, filosofía, procesos afectivos, antropología y sociología.

– ¿Cuál fue tu principal aprendizaje dentro del Magíster en Escritura Creativa de la Universidad de Hofstra, en Long Island? ¿Qué herramientas entrega un grado en escritura creativa? ¿Percibes si cambió tu escritura luego de vivir en Nueva York, una ciudad hiperactiva, muy urbanizada y multicultural? Por ejemplo, ¿cambió tu castellano, tu velocidad interna?

-Vivir en Nueva York, y especialmente en Brooklyn, ha sido una de las experiencias más difíciles y más enriquecedoras que me han pasado. Primero, porque es una ciudad muy cosmopolita, donde el arte y la cultura se respira por todas partes. Segundo, porque es durísima, nadie tiene tiempo, si te descuidas te empujan, en invierno te congelas, en verano te fríes, el riesgo de contraer una enfermedad de la que no tienes anticuerpos mientras viajas en metro es altísimo (como la tos convulsa, por ejemplo) y el costo de la vida es brutal. Me tomó un par de años adaptarme. Después entré a estudiar, lo que me permitió acercarme a personas con intereses similares a los míos. Al principio me costó mucho porque nadie hablaba español, pero de a poco fui soltándome hasta forjar buenos amigos, en su mayoría poetas, narradores y traductores. Por otra parte, pude acceder a una bibliografía muy distinta a la que yo estaba familiarizada, con un fuerte foco en la literatura inglesa, norteamericana, sueca, canadiense y rusa. Más tarde comprendí con cierta decepción que prácticamente no se lee literatura latinoamericana; más allá de Cortázar, Neruda, Bolaño o Borges. La experiencia fue genial; me permitió conocer a grandes escritores, presentar mis libros, y prepararme para desafíos tan gratificantes como traducir una novela del inglés al español que es lo que hoy día estoy haciendo para una editorial mexicana. Algo que no puedo dejar de mencionar: el hecho que fuera en Long Island me permitía viajar en tren, un trayecto inolvidable que atravesaba bosques, a veces cubiertos de nieve en invierno o de flores en primavera.

– Tu reciente relato, “La conducta de los animales” – publicado en la colección Neón -, es un relato muy rico y fluido en los procesos biológicos de las especies. Hay un trabajo muy interesante sobre lo sensorial, la simbiosis, el apareo como una actividad espejo. Te quiero preguntar por esas imágenes. Entre los varios hallazgos, me interesó mucho, por ejemplo: “Fueron tiempos felices; descubrimos que las termitas materializan su sentido de solidaridad en una mochila explosiva de color azul que cargan en el cuerpo, la cual pueden detonar en cualquier momento para proteger a la comunidad. Termitas suicidas, dijo ella, abriendo su boquita de manera graciosa. Explotan para salvar la vida de las demás, dije yo”. Me gustaría escuchar qué hay detrás de esa imagen. 

– Me pareció una metáfora que encierra varios significados. Por una parte, la cuestión del sentido de conservación que atraviesa prácticamente todo el libro; La conducta de los animales apunta al desarrollo de mecanismos de adaptación que permiten a las especies sobrevivir en un medio siempre amenazante. Por otro lado, el esfuerzo por querer forzar el ciclo vital que pone el acento en la función reproductiva: tenemos espacio en la medida que nos multipliquemos. Finalmente, establece una comparación con la conducta animal, sobre cómo los animales despliegan comportamientos mucho más “humanos” que las personas; llevándolo a un extremo, la renuncia de la propia vida por el bien de la colectividad.

– ¿Y este cuento es parte de un proyecto mayor?

– Sí, es parte de un proyecto de relatos muy breves, con mucho manejo de elipsis, usar el mínimo de adjetivos, el lector completa lo que sucede, insinuar, no caer en el exceso de explicaciones.  Estoy explorando en metáforas, por ejemplo, que use más hechos que sentimientos. Mostrar los hechos que suceden desde un punto de vista subjetivo. Por ejemplo, en el relato trabajo desde la biología, de las especies y su estrategia de sobrevivencia, que este caso es fallido porque no tienen manada.  Es una analogía de mecanismos de las especies para sobrevivir y ellas tratan, pero fallan en eso, no pueden subsistir. Y, la falta de luz, el encierro, esa escenografía precaria completa en tono emocional.

Durante la pandemia estoy explorando en otra forma de escritura, lo hago de madrugada, cuando la casa y los estados mentales están alterados. También estoy trabajando la verticalidad de los cerros de Valparaíso, los incendios, la sequedad. 

El hambre de las bestias, tu segunda novela, también menciona en el título a los animales; un trabajo sobre alteridad, sobre la capacidad de crear personajes ficticios muy particulares y distintos. Pasas con mucha fluidez desde un niño en Sename que se escapa y se suma a un grupo de grafiteros de la ribera del río Mapocho, a una peluquera con relaciones complejas, un drag queen que ensaya danza en una academia. En un sentido, es una novela sobre la noche, sobre el abandono, de los márgenes y la dignidad en esa adversidad. ¿Cómo fuiste construyendo esos personajes tan disímiles entre sí y tan lejanos a tu biografía? ¿Hubo investigación, cómo entraste en su piel?

– Siempre tengo una idea más o menos de lo que quiero construir y su esbozo se acompaña de mucha investigación, en lo posible un involucramiento personal que me permita comprender los códigos de determinadas comunidades. En el caso del libro, conocí directamente a los personajes, los acompañé en sus recorridos nocturnos, tomé clases de muralismo y estudié el contexto político y social sobre cómo se formaron estos movimientos y su evolución en Latinoamérica. El segundo paso es construir los planos, la arquitectura del libro, el escenario donde se van a movilizar: el río Mapocho, las calles estrechas de la ciudad, las montañas circundando y la luna como elemento que permite romper la oscuridad. Tercero, las historias personales, las tensiones internas y la vinculación con el entorno siempre alternativa, siempre marginal. 

– Eres hija de libreros y profesores, ¿cómo ves los desafíos de esos oficios en el actual panorama de la pandemia? 

– Es complejo lo que está sucediendo porque después del estallido se hizo patente que la única manera de cambiar el sistema “vampiresco” que nos subyuga es educando a las nuevas generaciones para que puedan romper el círculo de la pobreza y de la violencia. A veces siento que no hemos aprendido a pensar críticamente, a desarrollar argumentos, a cuestionar lo que se nos ha impuesto como verdad. Y lo digo pensando en la Constitución de 1980, las lógicas de mercado, la mercantilización de la vida cotidiana, el consumo, etc. Y ese conformismo es lo que tiene que terminar. Necesitamos enojarnos, despertar de verdad. Para eso la lectura, para eso la cultura, para eso las redes sociales. Veo que al comienzo de la pandemia la tendencia fue a consumir series de televisión, lo cual no es malo en tanto no sea programación puramente chatarra. Quisiera pensar que también eso cansa y es ahí que el libro encuentra una abertura para entrar en la vida de niños y adultos. Profesores y libreros pueden ser agentes claves de este cambio, uniéndose con editoriales independientes, estableciendo un contacto más cercano con la comunidad a través de las redes; iniciativas preciosas que he estado observando de las librerías y editoriales que sigo de cerca, no solo de Chile, sino que de Latinoamérica. Ojalá como adultos estemos más disponibles para acercar la cultura a las nuevas generaciones, ojalá las redes sociales sirvan para mostrar otros valores, ojalá que empecemos a pensar lo que el encierro posibilita y mirar a aquellos que no tienen los mismos privilegios que nosotros.

Acá puedes encontrar el link de descarga de La conducta animal, publicado por Neón Ediciones - Disponible hasta el jueves.

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