La Chinganera: “Hacer un disco en medio de una revolución es un regalo”

Fabiola González, más conocida como La Chinganera, tiene una trayectoria como folclorista, es una reconocida payadora,  compositora y cantante, además de una estudiosa y perpetuadora del arte de la décima. Ha publicado dos libros: Yo Brindo,  y Nunca Más Solas, en este último en conjunto con Lola Góngora recoge casos emblemáticos de femicidio en Chile, en una conjunción de décima, ilustración y justicia social. Este mes lanzó tres singles de su nuevo disco Hija Natural, producción donde da cuenta de la búsqueda de identidad asociada al folclor nacional, sin perder conexión con lo urbano ni la contingencia social.
Por Sandra Bustos G.

La Chinganera es de esas mujeres con fuerza, firmeza en su voz, sonrisa fácil y aguda. Se mueve con determinación en un mundo marcadamente masculino, el del folclor chileno, y se caracteriza por su facilidad y compromiso con el trabajo en comunidad, siempre invita a otras artistas a compartir escenario y proyectos. Quizás por esa generosidad, la cantante Mon Laferte la reconoció en el Festival de Viña recitando una de sus décimas.

En una tarde de altísimas temperaturas en Santiago, nos juntamos en la Plaza Ñuñoa a hablar de su último disco, Hija natural.

Cuéntame sobre Hija Natural. ¿Cuándo empezaste a trabajar en este disco?

-Es un disco que partió hace como tres años. Empezamos con la idea primero. Fui hasta donde Pedro Villagra a mostrarle mis canciones esperando que él pudiera transformarlas o vestirlas con una sonoridad un poco más contemporánea, sin caer en la fusión. Quería que este folclor que yo hago, que es tan patrimonial y profundo, también sonara urbano y cotidiano sin caer en la fusión. A Pedro le gustó mucho y en el camino nos hicimos muy amigos. Él empezó a hacer estos arreglos con calma y de repente me llamaba y me decía tengo algo que mostrarte. Yo viajaba a Santiago, porque en ese tiempo vivía en Casablanca, y me juntaba con él. Teníamos un rito, mientras él terminaba algunas cosas de los arreglos, yo cocinaba. Compartíamos la mesa. Siempre he sido una persona humilde, entonces con dos o tres cosas hacía una comida gourmet. Nos sentábamos con una copa de vino, comíamos lo que hacía con pan y agua, y luego pasábamos a la música.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con Pedro?

-Pese a que las canciones son mías, soy autora y compositora, el proceso de producción musical fue muy en conjunto. Fuimos pensándolo juntos, conversándolo. Nos permitimos todo porque siento que la música no es una fábrica. No tengo que responder a una industria donde tenga que hacer al año tantas canciones, eso es algo que a mí no me interesa. Pedro, que es una persona que tiene más de 40 años de trayectoria, tampoco creo que persiga eso. 

¿El disco es autogestión?

-Claro, por supuesto, autogestión. No hay que responderle a nadie. Yo pago a los músicos, los arreglos, el estudio. Por eso ha ido saliendo de acuerdo al trabajo. Hay épocas en que no hay mucho trabajo, entonces no puedo estar produciendo. Pero de repente llega una buena pega y tengo para grabar, para invitar a más músicos, para aceptar arreglos. O sea, ha sido muy natural. Sí, me gusta sentir que estamos en esa frecuencia donde lo que prima es el arte y no los tiempos establecidos de manera externa.

En el fondo respetas tu espacio creador

-Esto no es una fábrica. Creo que la música pop tal vez responde a eso, a esos cánones establecidos por la industria. Yo soy una voz popular de una cultura patrimonial, lo que sucede es que lo patrimonial no desaparece porque yo deje grabar un año. 

¿QUIÉNES SOMOS?

En este que es su tercer disco, después de La Chinganera (2008) y Todas íbamos a ser Violeta (2014), Fabiola invitó a participar a distintos artistas y músicos: Marcelo Córdova, Juan Flores, Carlos Cortés, Jorge Coulón y al payador Manuel Sánxhez. En las voces la acompañaron el tenor pehuenche Miguel Angel Pellao, la cantautora Evelyn Cornejo y la cantaora flamenca Natalia de Triano. Es así como logró una conjunción de miradas musicales que con una base tradicional no dejan de cuestionarse, tanto en lo músical como en las letras, sobre la identidad.

Cuéntame sobre la temática del disco. ¿Cuál fue tu inspiración?

-Puedo responder desde el nombre Hija Natural, que para mi abarca las distintas temáticas que tienen algo de literarias, pero también son sonoras. La hija natural para mí representa la cultura más genuina chilena, que es la reunión o la suma de lo que nosotros somos como pueblo. Somos una sumatoria de culturas: primero, de América originaria; y segundo, todas las que llegaron de Europa. Entonces, en Chile, en una cuadra de Chile, te vas a encontrar con gente migrante de distintos lugares. Me acabo de enterar que yo soy mapuche, por ejemplo, en cuarta generación. Y mi padre no es González porque su abuelo no reconoció a su padre. Entonces este hijo natural que fue mi abuelo, trajo a mi padre y de ahí vengo yo. Nuestro origen es como nuestro apellido, no se sabe realmente si somos lo que se supone que somos. También nuestra cultura. La cueca por ejemplo, que viene de distintos lados, pero la nuestra es muy distinta a la argentina, tiene otro swing. Por eso el disco es un viaje.

¿Y cuánto hay de tu propio viaje en este disco?

-Yo soy quien soy por la vida que he tenido, por el origen que tengo. Crecí en la ciudad, pero también viví en el campo. Escuchaba rock pero también estudié música clásica, canto lírico, debuté cantando zarzuela, ese fue mi primer amor. En un escenario soy una suma de cosas. Soy ese resumen. En mi disco hay canto campesino, pero que no es tan campesino, porque yo no soy tan campesina. Lo que intento es plasmar algo genuino. 

Al principio dijiste que querías sonar más actual, pero que no es fusión. ¿Por qué? 

-Para mí la fusión es la mezcla de géneros musicales. Es como ya, a mi cueca le voy a poner una frase jazz. No, mi cueca no tiene eso, pero sí tiene guitarras eléctricas que se escapan de lo tradicional. Tiene instrumentos como el saxo, pero hay una armonía que está siempre en la cueca tradicional. Hay un sonido que te lleva a lo urbano, pero que no es un cambio de género. 

¿Y cómo fue el proceso de grabación?

-El trabajo colectivo es muy bonito, porque ya no es mi voz solamente la que determina qué parte se edita, qué parte se corta, sino que somos un equipo de personas y la razón ya no la tengo yo, la tiene la música.

-Crees que es un momento favorable para tu música. ¿Cómo ves este escenario de cambio social?

-Ayer estuve viendo La Batalla de Chile, que tenía la deuda de ver. Para mí ahí hay una profunda reflexión de cómo nos fuimos alejando culturalmente. Por ejemplo, los obreros, es impresionante como hablaban de la cultura que ellos tenían. El nivel de educación de gente que a lo mejor era analfabeta, de respeto, de compañerismo, de pensamiento colectivo. El valor que le daban a la clase obrera era emocionante. Entonces me quedé pensando en eso. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó con ese chileno? Pareciera que nos transformamos en un país de ricos. Entonces creo que cuando vino el estallido social también vino un despertar de ese pensamiento. Ahora la gente se está cuestionando, seguramente no todo el mundo, pero una parte lo está haciendo. Se está mirando y preguntando qué pasó, qué nos pasó con nuestro origen. 

¿Y qué pasó con nuestro origen?

-Yo vengo de una familia humilde, trabajadora. Cuando estaba en el liceo tenía una compañera a la que le daba mucha vergüenza ser pobre. En los noventa nadie hablaba de política, este era un país como inventado. Estábamos todos la raja. Todos iban a la disco a bailar y hablaban de la teleserie, veían mucha tele. Yo me sentía en la nada, porque venía de lo profundo del campo. Mi madre era dueña de casa, en mi casa había una panadería, pero yo no tenía vergüenza. Mi compañera sí. Entonces pienso que eso hoy día no sucede como antes. Hay un cuestionamiento. Creo que el estallido vino a ayudar en eso. Independiente de lo que haya pasado con la política o lo que pase, creo que nosotros como personas, como ciudadanos, como parte de un país, estamos cuestionando más cosas.

¿Y cómo enlazas la pandemia en este nuevo escenario?

-Nos ha llevado hacia nosotros mismos, vino a reforzar esa cuestión. Creo que, por ejemplo, la paya ha sido tergiversada por años.  El público común cree que es un humorista que hace rimar cualquier tontera y hace reír a la gente, pero la paya es una tradición ritual que tiene cientos de años y es una actividad intelectual donde hay que improvisar en décimas. Es el canto a lo poeta. Es un aprendizaje oral. Y hoy día hay mucha gente del público diciendo: “Sí, la paya es una tradición”. Lo veo y me emociono, porque en qué momento logramos que la gente lo notara. No lo logramos nosotros, pero de alguna manera se logró el reconocimiento.

Me gustaría que habláramos de tu vínculo con la poesía. Me imagino que hay referentes en Violeta Parra y tu trabajo en la Casa de la Décima es una recuperación de esa tradición.

-A los ocho años me fui a vivir al campo y ese fue un viaje profundo al interior. Fue una valorización de quiénes somos. Como que me transformé en investigadora a esa edad porque algo pasó conmigo. Me conmovió tanto que me hice responsable. No sé de dónde salió eso, nadie me lo enseñó, sino que yo sentía que tenía una responsabilidad al saber esto. Por ejemplo, ver a las cantoras cuando tocaban guitarra campesina. En las afuera de mi casa se hacían las carreras a la chilena todos los domingos, que era todo un lenguaje. No sé si tengo un don con la poesía o con el arte, pero creo que recibo y no puedo guardármelo, ha ido creciendo y me he transformado en algo así como una mensajera.

En ese sentido, ¿sientes que es un buen momento para hacer y lanzar este disco?

-Creo que hacer un disco en medio de una revolución es un regalo. Y que estoy entregando un mensaje más allá de la música, de cómo suena la armonía, del verso. Hay un lenguaje tácito. Entonces si bien no planeé el momento, este era el momento. Y es así cómo se vincula el arte con lo que está pasando. 

Eso resuena, remueve…

-La manera más linda de aprender de la historia es el arte. Si tú lees un libro de tal o cual época, o ves una pintura de la revolución, la guerra, las muertes, las otras pandemias… Todo está contado en el arte y es la manera más genuina y más transparente de acercarse a ella.-

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