La búsqueda de lo imperceptible de la artista noise Alejandra Pérez

alejandra perez

Por Carolina Lafuentes Leal*

Nacida en Punta Arenas, Alejandra Pérez Nuñez, artista, ruidista, investigadora y buscadora sensorial, habitó por 20 años la Patagonia donde están sus raíces de inspiración y conexión con la naturaleza. Estudió Psicología y Licenciatura en Estética en la PUC en Santiago, donde luego de siete años obtuvo una beca que le permitió emprender vuelo a Madrid para trabajar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ahí se encontró con la posibilidad de dedicarse al arte, preguntándose cómo traspasar la lógica y el rol del artista más allá del objeto para poder representar e ir mas allá de las relaciones de poder para comunicar. Así llegó a Holanda en 2005 donde estudió arte, articulándolo con los medios, GNU Linux y software libre, como pure data, arduino y circuitos electrónicos sencillos para generar ruido.

Aunque desde su infancia ya había experimentado realizando creaciones, fue acá donde comenzó a dedicarse a la música, específicamente al ruidismo (noise), Su búsqueda se origina por una parte en utilizar herramientas y software libres para que el conocimiento sea compartido y por otro, el ruidismo con la noción de que todo es musical, con la posibilidad de afectar a otros y otras a través de las frecuencias.

Después de esta experiencia se instaló en Valparaíso donde habitó por 5 años, lugar al que vuelve frecuentemente. Fue becada nuevamente, esta vez por la facultad de Media Art and Design en la Universidad de Westminster en Londres, “una ciudad gris y enladrillada”, dice. Aquí se encuentra desarrollando una investigación doctoral.

DETECTAR LO IMPERCEPTIBLE

¿Cómo nace tu búsqueda investigativa?

-El año 2009 fui a la base Prat en la Antártica para hacer una investigación sobre cómo representarla de un modo que no fuera visual, sino que fuera un poco más allá de esa imagen de lo blanco y lo puro. Quería detectar de alguna forma lo imperceptible, lo invisible y para eso utilicé un receptor de muy baja frecuencia para escuchar la ionosfera, con la idea de que en un espacio tan despoblado como la Antártica iba a ser capaz de escucharlo mejor (porque eso se puede escuchar en cualquier parte) pero efectivamente la calidad del sonido que grabé era muy distinta, también entendí que la presencia de bases militares hace que este lugar no sea realmente un lugar tan puro como uno lo podría imaginar. En el doctorado la temática es esta, una investigación centrada en desarrollar una metodología para detectar lo imperceptible. Mi investigación de doctorado busca representar la Antártica fuera del modo de representación sublime y relacionado a la figura del héroe, la metodología entonces esta centrada en aspectos imperceptibles y en una relación incorporada del paisaje antártico y la mente. Estos puntos de partida pretenden cuestionar los modelos de representación basados en lógicas racionales y separadas, que tiene que ver con el modelo científico, con el modelo de entender el mundo separado de una misma. Estoy tratando de hacer un marco para entender la experiencia Antártica como un fenómeno de la conciencia, porque en el fondo el paisaje, en este caso el antártico, se desarrolla al mismo tiempo que la mente del que esta ahí.

¿ Como un espejo o en una conexión?

-Claro, en una dialéctica mas bien, en un “ser” ahí. Entonces el paisaje me define y no existe una diferencia, sino que es una totalidad. Y bueno, estoy viendo cómo otros artistas han hecho esto y para mi sorpresa, sí hay casos. Hay un deseo de buscar formas de representación que vayan más allá de lo sublime, que es el modelo dominante de representación de la Antártica.

¿Estás buscando una metodología para mostrar cómo se puede percibir, captar?

-Sí, percibir. Porque es hacerlo perceptible, hacer algo que no es perceptible a los sentidos desnudos, consiente.

¿Tienes algunos límites? porque te escucho y es muy amplio, ¿todo puede ser ahí?

-En eso estoy precisamente, creo que no hay muchos límites de hecho, que incluso una reinterpretación del modelo sublime podría servir. Lo que estoy tratando de hacer es una metodología que no separe el sujeto del objeto, más vinculada a los modelos pre-científicos, y ahí entra desde el ocultismo, las escuelas naturalistas del siglo XIX de pre-sentimientos, el pre-conocimiento, hasta la utilización de tecnologías que aumenten la experiencia perceptual, como sensores, receptores de radio. Casi todo puede ser, hasta los sueños pueden servir, hay que pensar un poco cómo mostrar esto.

Y en esto que tú planteas sobre cómo ha sido hasta ahora la representación de la Antártica masculinizada, con significantes militares ¿te encuentras con el feminismo en un ejercicio de fuga a esta idea?

Es como una fuga porque, por ejemplo, si yo como mujer voy a Antártica, o por ejemplo hay unas mujeres que van en bicicleta al Polo Sur y documentan su experiencia, igual ellas están en el mismo modelo heroico de la Antártica si no lo hacen más bien desde el ecofeminismo que busca cambiar el modelo de comprensión de los fenómenos. Traspasar fronteras es más interesante para la creatividad, es una fuente inagotable. No estoy buscando ninguna vía tradicional de expresión, sino al contrario, formas que han sido silenciadas. Por ejemplo, yo veo que la mujer cuando performa, cuando actúa en un recital haciendo música, se expone y corre el riesgo de utilizar su imagen para lograr un efecto. Entonces, es un feminismo que tiene que ver con un modelo de entendimiento de la realidad que no separa entre yo y lo otro. Y eso para mí es feminismo.

 ¿Y ahí te has encontrado con metodologías feministas?

-Sí. Estoy leyendo a una física feminista que se llama Karen Barad, que ofrece un modelo materialista, dice que las cosas se crean sin separación. Esta teórica habla desde el post feminismo y las teorías de lo post humano que a su vez también se alimentan del ecofeminismo y desde a ahí a cosmovisiones originarias. Ella viene de la física cuántica, explicando la realidad pero más allá de lo humano, donde lo humano y lo mineral tienen el mismo peso, porque a una escala muy pequeña, en realidad, no hay bordes. Y eso es parte de teorías post feministas.

 

ale perez

 

Si un mineral y un ser humano tienen el mismo peso, como lo plantean las culturas originarias, ¿cómo es para ti esa experiencia de llegar a lo esencial?

-Es que yo creo que para mí eso es bien natural, intuitivo y ahora estoy buscando las formas de explicarlo racionalmente. Crecí en la Patagonia y esa experiencia de inseparabilidad, de no estar separada del entorno o de sentir la disolución del yo con el entorno, es algo que he vivido desde niña. Se va perdiendo esa conexión por la educación. Lo que hago es buscar las resonancias que me permitan validar en la academia el método que estoy tratando de buscar. El conocimiento científico no es suficiente para entender lo complejo.

 ¿Cómo han influido en tus búsquedas, los lugares en los que creciste y has estado?

-Los colores del paisaje y la vastedad de la Patagonia, esos espacios tan vacíos y poco poblados, marcaron mi personalidad. Luego, los otros lugares en Europa o los años en Santiago, son ecología con personas y eso me ha marcado. Mis herramientas tecnológicas las aprendí con otros, de la gente con la que me he ido encontrando. Todos los lugares me parece que son una conjunción de elementos como del paisaje o la luz, pero tiene mucho que ver con la gente con la que una conversa, conocer otros modos de vida, y también entender un poco más el pensamiento occidental.

NOISE, REBELDÍA Y VIENTO

Alejandra Pérez en Dom Center, Moscu.

Alejandra Pérez en Dom Center, Moscu.

 ¿Cómo llegaste al noise?

-Desde 2007 he pasado por varios periodos y en este momento estoy un poco desencantada de esa parte tan críptica que tiene, tan poco comunicativa. He visto que el noise podría llegar a alienar al otro más que abrirlo a otra experiencia. Aunque he vivido también que la gente se siente estimulada de otras formas, de formas más corporales, menos mentales. Ahora estoy tratando de complementar el noise con otras cosas, que lo permitan hacer más conversable, que permitan establecer una relación más horizontal. Me di cuenta del problema de la cultura del espectáculo: cuando tú tienes a alguien que está performando algo, lo pones en un lugar de poder, arriba de un escenario, con el poder de afectar al otro, con el poder de la frecuencia. Creo que llego al noise con una influencia bastante fuerte por el viento de la Patagonia. Allá el viento es un ruido constante, para el que viene de afuera a veces es intolerable. Pienso que aprendí un poco a notar las diferencias, así como los esquimales saben reconocer los tipos de blanco, aprendí pronto a entender que todo puede ser expresivo. Por ejemplo, ahora paso harto tiempo en unos túneles bien ruidosos del Metro y a veces soy capaz de disfrutarlo y pienso que eso es bonito, porque te abre un poco los umbrales del placer, se amplía un poco la conciencia.


Sí, porque el placer está capturado entre lo que da placer y lo que no…

-Exacto, y también llegué al noise por lo mismo, por un tema de rebeldía ante lo que nos dicen que es la música. ¿Por qué la música clásica va a tener más valor que otros tipos de formas musicales? ¿por qué necesitamos tener un sonido de un bombo para poder bailar si ese sonido se parece tanto al de las marchas militares?. No es necesario tener un instrumento caro o una tecnología cara para hacer sonido. Todas esas cosas he tratado de deconstruirlas para entender el fenómeno de la música de manera más libre, que no dependa ni de un instrumento, ni de un género musical, ni de un tipo de conocimiento.

¿Qué pasa con este género musical en Chile?

-En Chile, el problema es que todas las disciplinas son muy cerradas y dependen de los nichos en donde se desarrollan, entonces, los artistas definen lo que es arte, los psicólogos definen quién hace terapia o no, y así. En Latinoamérica hay una tradición larga de noise de más de veinte años, por ejemplo en Perú. En Chile y Valpo también, pero son ambientes muy fronterizos, en las casas ocupas. Conocí el noise con grupos antisistema, con gente que no quería trabajar y dedicarse solo a lo que querían hacer, creo que esos grupos son con los que me sentía más cómoda, sobretodo a nivel artístico, porque es gente que está abierta a cualquier forma, mientras sea auténtica. No tengo ningún tipo de relaciones con el festival Tsonami y realmente me extraña que, con toda la experiencia que tengo, nunca me hayan invitado a tocar en las mejores salas de Valparaíso, que son a las que ellos tienen acceso. También suele pasar que los festivales suelen concentrar las subvenciones, pero muchas veces son descuidados con las escenas locales.

 ¿Cómo vinculas tus estudios de psicología con todo lo que estás creando?

-Dejé de practicar la psicología de forma constante a los 28 años. Ahora tengo 43. Salí expulsada porque sentía que una adquiere demasiado poder al ser psicóloga y la gente espera que le digas lo que tiene que hacer. No me sentía cómoda con ese poder. Siempre me ha gustado la psicoterapia, pero como tenía estos cuestionamientos tan fuertes, me especialicé en la educación. Me parecía que podía aportar de una forma más horizontal, no necesariamente en ese rol de poder del terapeuta y en eso sí que he continuado haciendo cosas, a través de los talleres que hago. Claro, no son necesariamente terapéuticos, pero sí tienen que ver con aprender nuevas tecnologías, y esa mediación no es trivial, el miedo que provoca aprender a usar un computador. Cada año voy a Punta Arenas a participar en unos talleres de Explora donde enseño a niños y niñas a utilizar herramientas libres para hacer sonidos, también entornos para programar, enseñando que todo puede ser expresivo, desde el sonido de una puerta hasta el sonido del viento, hasta el sonido de las palabras.

 

 


*Sicoterapeuta feminista. Participante del Taller de Escritura La Juguera Magazine.

 

 

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