Kim TallBear: La pensadora poliamorosa que quiere destruir el sexo

Destruir la sexualidad como se conoce en el mundo “occidental” es para Kim TallBear igual a develar un aspecto del colonialismo que nos pega en lo más íntimo: la imposición de la monogamia y el matrimonio como manera de dominación sobre la tierra y sus vidas. La pensadora Dakota, afirma que su práctica del poliamor no se centra en el sexo sino en las múltiples relaciones que mantiene con personas humanas y no humanas. Sobre la pandemia actual, dice que hay demasiados monógamos moralizando el contacto y que nos haría bien aprender sobre consensos poliamorosos de manejo del riesgo.

Entrevista y traducción por Montserrat Madariaga Caro 
Ilustraciones por @prottocandy_

Kim TallBear es una de esas personas-pulpo. Con cada tentáculo está haciendo algo diferente. Es académica, teórica, performista y twittera. Escribió un libro sobre el DNA de los nativo americanos, su sentido de pertenencia y la falsa promesa de la ciencia genética. Es autora de textos eróticos de no-ficción que lee regularmente en el show Tipi Confessions, que co-produce. Es invitada a dar charlas, entrevistas y talleres en diferentes universidades del mundo. Tiene un blog llamado The Critical Polyamorist o La Poliamorosa Crítica. Actualmente, vive en Canadá y enseña en la Universidad de Alberta.

TallBear es una mujer alta, con cuerpo, sexy, le gusta usar aros grandes y botas vaqueras. Habla sin pausas, excepto cuando ríe. La entrevisté en enero de este año en Austin, en la Universidad de Texas. Ella andaba de visita artística en la ciudad. Venía de dar otra entrevista cuando nos vimos, pero su energía era como la de un tren bala.

La entrevista que leerán, en su mayoría, corresponde a un podcast publicado en Pterodáctilo, revista online del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Texas, en Austin. Algunas preguntas fueron agregadas posteriormente para esta entrega, desde Viña del Mar.

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Antes de que hablemos de tu trabajo ¿Puedes contarnos de dónde eres, cuál ha sido tu camino y cuál es tu relación con la indigeneidad y la colonización?

-Crecí principalmente en las zonas rurales de Dakota del Sur, así que crecí entre dos reservas de Dakota en el noreste y el sureste del estado, a lo largo de la frontera oriental de Minnesota. Una de ellas es la Tribu Flandreau Santee Sioux y ahí es donde crecí y tengo muchos parientes allí. Pero en realidad soy ciudadana de la reserva Sisseton-Wahpeton Oyate, que está al norte en la misma carretera. Y toda la gente está relacionada entre esas dos reservas de Dakota, pero nuestro territorio histórico es donde están hoy las ciudades de Saint Paul y Minneapolis. De hecho, el centro de Saint Paul es donde estaba la aldea de mi cuarto bisabuelo, quien se llamaba Ta Oyate Duta, en inglés lo llamaron Little Crow [Pequeño Cuervo], lo que no es una traducción del Dakota [se ríe un poco]. Bueno, él era un líder reticente de la guerra Dakota de 1862 contra los colonos en Minnesota, cuando establecieron el estado, cuando exiliaron a la gente Dakota a reservas en lo que se convirtió en Dakota del Sur. Pero todavía migrábamos de ida y vuelta entre las Ciudades Gemelas [Saint Paul y Minneapolis] y esas reservas Dakota en el lado este del estado.

Y así crecí allí, criada por mi bisabuela y mi abuela. Luego, finalmente me mudé con mi madre a las Ciudades Gemelas cuando estaba en la escuela secundaria, pero era una niña muy apegada a mi abuela, yo solo quería estar en el campo con ella. Traté de vivir en la ciudad con mi madre, pero no pude acostumbrarme. Simplemente no era lo suficientemente fuerte como para vivir en el sur de Minneapolis en “los proyectos” [vivienda social]. Finalmente, cuando estaba en la escuela secundaria pensé: en la reserva no hay suficientes oportunidades, es demasiado racista, no hay ningún lugar para trabajar. Sentí que en la ciudad tendría más oportunidades y que sería menos anti-indígena. Y lo era, quiero decir, al menos de una forma diferente.

Luego fui a la universidad, de hecho, mis primeros dos años de pregrado fui a la Universidad Cristiana de Texas, solo para alejarme mil millas de casa. No sabía nada de Texas, aunque terminé amando Texas porque es como Dakota del Sur pero con más español y mejor comida, botas vaqueras y música country. Es muy parecido a mi hogar en muchos sentidos. Luego terminé mi licenciatura en la costa este, en la Universidad de Massachusetts en Boston, donde obtuve un título de Planificación Comunitaria, y fui al MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts] para obtener una Maestría en Planificación Urbana y Política Ambiental. Terminé trabajando para organizaciones ambientales tribales y para agencias federales en proyectos de ciencia y tecnología ambiental. Eventualmente, realicé un doctorado en Antropología y escribí un libro, Native American DNA. Entonces, ha sido una ruta enrevesada a lo largo del trabajo que hago.

DESCOLONIZAR EL SEXO Y LAS RELACIONES

Hablemos de descolonizar el sexo. Hace algún tiempo, una amiga se quejó porque estaba cansada de escuchar a gente decir que son poliamorosas cuando en realidad solo están teniendo sexo con mucha gente. Mi amiga dijo: “¡E-du-ca-tu-se-xo!”. Ciertamente, tú has educado tu sexo. ¿Puedes compartir con nosotros lo que es para ti ser poliamorosa?

-Sí, claro. Es común que personas se retiren de comunidades poliamorosas cuando ven que esto no se trata solo de sexo. ¡Y dejen de usar nuestras palabras para sus nefastas actividades! [se ríe] Las personas poliamorosas son muy quisquillosas sobre lo que significa este término. Significa múltiples amores y no siempre significa sexo. Conozco gente asexual que es poliamorosa. Ahora, la mayoría de nosotros cuando amamos a nuestras parejas románticas probablemente tenemos sexo con elles, pero no todos y el sexo no es un componente necesario de ese tipo de relación. Entonces, creo que mi experiencia con el poliamor es que son múltiples amores. Soy poliamorosa, no soy una swinger. Puede haber superposiciones entre estas dos cosas, les swingers tienden a tener múltiples relaciones sexuales, pero tienden a tener reglas que, por lo que puedo decir de las personas que conozco, en realidad inhiben los compromisos emocionales profundos. Las personas poliamorosas son un poco diferentes, en realidad buscamos el compromiso emocional profundo. Muches de nosotres buscamos relaciones a largo plazo, pero de esta forma plural.

En tu trabajo hablas de sexualidad colonial, ¿podrías explicar a qué te refieres?

Yo utilizo el poliamor como un punto de partida para criticar la imposición de la monogamia obligatoria y el matrimonio uno-a-uno y de por vida legitimado por el Estado colonial. En los Estudios Indígenas y en las comunidades Indígenas siempre nos quejamos del sistema de cociente sanguíneo [blood quantum], de las reglas tribales de ciudadanía, de la imposición colonial de la sangre, de la ideología racial y ese tipo de exclusiones, pero de la mano con eso se llevó a cabo la imposición de la monogamia y el matrimonio, del matrimonio singular no plural como tuvieron mis antepasados—nosotres no éramos monógamos. Los colonos dividieron la tierra indígena colectiva en parcelas de 160 acres que le daban al jefe de la comunidad, que siempre era un hombre, y él podía obtener 80 acres por esposa y 40 acres por cada niño. Entonces, aquí tienes una imposición de la sexualidad heteronormativa y de la estructura familiar sobre la tierra.

Todo esto va junto, así que no entiendo cómo podemos perseguir al sistema de cociente sanguíneo y a la propiedad privada sin perseguir la monogamia y el matrimonio. Y así, muchos de nosotres en las comunidades Indígenas nos compramos esta historia, lo que lleva a lo siguiente: que nuestra sexualidad ha sido etiquetada de desviada. Transformaron en algo desviado que nuestros antepasados ​​tuvieran matrimonios plurales y que pudieran tener relaciones entre personas del mismo sexo. Si observas el registro histórico y antropológico y nuestras historias orales, verás que las comunidades indígenas en todo el continente americano tenían prácticas homosexuales, tenían múltiples géneros, no esta cosa binaria de género que los colonizadores nos impusieron. Y fue un ámbito de tremenda violencia, quiero decir que torturaron y asesinaron a personas que practicaban la homosexualidad. Hicieron estas prácticas ilegales, nos dijeron que éramos depravados sexuales y lo hemos absorbido profundamente en nuestra propia psique. No solo la iglesia nos dijo esto, el Estado nos lo dijo y la ciencia nos lo dijo. Hay científicos que a comienzos del siglo XX seguían asumiendo que los binarios de género y la heterosexualidad era lo normal y lo bueno y todo lo demás, desviado.

“Los poliamorosxs que no son críticos no entienden la monogamia y la no-monogamia dentro de un análisis estructural del racismo y el colonialismo de los colonos”.

No es solo la iglesia, es el Estado, la ciencia y la iglesia trabajando juntos en una estructura colonial para imponernos estos violentos binarios de género y las prácticas obligatorias de monogamia y matrimonio. Entonces, mi propio poliamor es una forma de vivir la vida que quiero vivir, pero también una forma de examinar críticamente y a diario, supongo que hago auto-etnografía sobre mí misma, contra qué se está rebelando la gente cuando practica el poliamor. Creo que muchos poliamorosxs, en el fondo, se resisten a lo mismo que yo pero no tienen el lenguaje teórico, no tienen la politización que tengo para culpar al Estado colonial por este problema, porque el colonialismo no solo daña a los pueblos Indígenas, nos daña a todes y está devastando el planeta.

ESTAR EN RELACIÓN

Gracias por decirlo. Es inspirador. Relacionado con lo último que dijiste sobre cómo el colonialismo destruye el planeta, entiendo que tu comprensión del poliamor también incluye relaciones con lo no-humano. ¿Cómo podemos hablar de relaciones afectuosas, relaciones amorosas, sin poner el foco en lo sexual sino abriendo el tema a las relaciones?

-Uso el término poliamor porque quiero ser inteligible y porque es lo que hago en mis propias relaciones románticas y amorosas. Pero, en última instancia, la palabra “poliamor” me falla en mi ética de relaciones y la palabra “sexo”, sexualidad y toda su familia de palabras me fallan. El sexo, como lo definimos, donde usualmente hay una conjunción de dos cuerpos pero puede ser más de dos cuerpos, está demasiado enfocado en los genitales o ciertas zonas erógenas. Las personas tienen sexo para relacionarse, es una forma importante y buena de relacionarse pero esa no es la única forma de relacionarse, por lo que, en última instancia, lo que quiero hacer centrándome en la sexualidad, tanto en trabajo docente como en mis performaces, es destruir esa categoría.

Uno de los teóricos con los que pienso es mi buen amigo David Delgado Shorter, que enseña en UCLA [Universidad de California en Los Ángeles]. David tiene un artículo que se llama “Sexualidad” y otro llamado “Espiritualidad”. Él considera que tanto la sexualidad como la espiritualidad han sido convertidas por los pensadores occidentales en pequeños objetos y conceptos manejables. Y lo que él afirma es que no se trata de sexo o de espiritualidad, en absoluto, estamos hablando de conjuntos de relaciones; y al hacer que el sexo y la espiritualidad sean cosas u objetos, o al sobre-categorizar, se inhibe la intimidad y se inhiben las buenas relaciones. Entonces, yo trabajo con estas teorías.

“En mi trabajo uso los términos poliamor, sexo, sexualidad, pero estoy tratando de llegar a un conjunto de palabras más relacionales: hablar sobre relaciones y formas relacionales de ser, y mezclo todo esto con la sexualidad para, eventualmente, poder hacer que la gente piense más acerca de estar en relación”.

No tenemos que hacer del sexo algo tan especial. Creo que el sexo no debería ser tan especial, pero tampoco creo que deba ser estigmatizado. Para algunes de nosotres, es una forma muy importante de relacionarse, pero no debería ser esta cosa especial que se pone en el estante de premios o, por el contrario, en una pequeña caja privada, eso tan especial que tenemos que gritar desde las cimas de las montañas que tuvimos sexo o no podemos hablar de eso en absoluto. El sexo es solo sexo. ¿Por qué tiene que ser tan especial?

QUEER ¿EN RELACIÓN A QUÉ?”

¿Cuál es tu postura sobre las políticas de identidad en relación al género y a la sexualidad? Por ejemplo ser cis, ser queer, ser lesbiana.

-Entiendo la necesidad de este tipo de categorías en la sociedad colonial y el arduo trabajo tras este tipo de identificaciones, como herramienta para hacer retroceder al Estado por parte de personas no-Indígenas, en su mayoría—de nuevo, no creo que sean conscientes de que es eso lo que están haciendo. Pero cuando hablan de ser queer, ¿queer en relación a qué? En una reunión de la Asociación de Estudios Indígenas y Nativos Americanos, yo estaba sentada junto a Kēhaulani Kauanui en la audiencia de un panel de teóricos queer Indígenas. Nos miramos y le dije: “Bueno, supongo que alguien es queer si quiere identificarse en relación con la sexualidad de los colonos. Pero si su punto de referencia no es el sexo colonial estatal, sino su propio conjunto de prácticas y relaciones Indígenas, entonces ¿es queer?”

Fui criada para ser heteronormativa y muy heterosexual. Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que no solo me atraían física y románticamente los hombres. No me di cuenta de esto porque de hecho me atraen mucho los hombres, y como soy mujer no me lo cuestioné y pensé que era heterosexual. Y ahora estoy como… bueno, no quiero adoptar estos otros términos. Quiero decir, sé que me muevo por el mundo con privilegios hetero-cis y lo reconozco, lo reconozco porque he sido socializada en este cuerpo y en esta subjetividad. Pero también soy Dakota y conozco la forma en que fui criada, unas formas sutiles, no verbalizadas, de relacionarse que son más fluidas.

“Entonces, nunca diría que soy queer, nunca. En primer lugar, porque tengo mucho privilegio hetero y cis. Número dos, porque soy Dakota y ese es mi marco de referencia”.

No siento la necesidad de adaptar estas categorías a mi vida y hay una declaración política real en el hecho de que yo no lo haga, pero entiendo completamente por qué otros lo hacen. Entiendo totalmente la necesidad de abogar por derechos en torno a esas categorías. Tengo una visión pragmática de esto. Creo que, como Pueblos Indígenas, deberíamos tener una conversación más sólida sobre qué estamos haciendo cuando nos identificamos como queer, en vez de decir two-spirit, versus decir soy Dakota y voy a relacionarme en concordancia con mi cultura. Y tal vez dentro de esto podría tener algunas prácticas sexuales que ustedes colonos podrían pensar que son queer, pero ¡no son raras para mí!

Sé que hay personas, como lxs pensadores pan-africanistas, que también están pensando en esto. Y estoy prestando atención en silencio a lo que ellxs están haciendo. Allí, hay cierta resistencia a la imposición de las categorías LGBTQ y queer, que pueden considerarse homofóbicas o anti-trans, pero no creo que eso sea todo. Por lo que escucho, les escucho decir “tenemos nuestra propia historia, nuestras prácticas y formas de relacionarnos y, tal vez, deberíamos usar nuestros propios términos para eso”. Entonces, esta es una gran conversación que tener, ¿verdad?

RELACIONARSE EN TIEMPOS DE PANDEMIA

¿Cuáles han sido tus pensamientos en medio de esta pandemia, desde la perspectiva de tu trabajo, de “estar en relación” y enfrentarse al colonialismo?

Mis pensamientos iniciales sobre la pandemia de Covid-19 tienen menos que ver con el colonialismo que con las lecciones que podemos extraer de los consensos no-monógamos para gestionar mejor el riesgo en nuestras relaciones sociales. Muchos poliamorosos, por ejemplo, ya tienen práctica en interacciones físicas conscientes y más seguras. Usamos protección hábilmente en nuestras relaciones sexuales. Hablamos abiertamente de eso y con detalles técnicos. Mantenemos conversaciones explícitas con amantes o posibles amantes sobre la “unión de fluidos” (“fluid bonding”), el sexo sin protección. Aceptamos el contacto físico sin protección o protegido (en algún nivel), pero solo después de una conversación abierta sobre les amantes actuales y la tolerancia al riesgo.

Algunes de nosotres pertenecemos a una “polícula” (“polycule”), un grupo de personas que tienen relaciones sexuales dentro de su grupo, pero no fuera de ese grupo. En una polícula todos les participantes podrían aceptar tener intimidad sexual (sin protección) solo dentro del grupo, no se permiten amantes externos. Se acuerdan niveles de riesgo aceptables dentro del grupo. Esto es similar a un hogar en la era del Covid-19 o a dos familias que tienen prácticas y tolerancias similares de riesgos y que solo aceptan relacionarse cara a cara entre sí.

Para les poliamoroses, este tipo de acuerdos discutidos explícitamente casi siempre se combinan con pruebas regulares de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual). Todo esto combinado, los acuerdos, la educación de salud y las pruebas minimizan el riesgo. Del mismo modo, uno puede imaginar que tener acceso a pruebas de coronavirus universales y regulares, junto con educación y conversaciones abiertas, sería un enfoque inteligente para minimizar el riesgo.

En redes sociales, me he preguntado sarcásticamente si no hay demasiados monógamos y pensadores normativos “occidentales” a cargo de la salud y otras políticas públicas. Desde el inicio de esta pandemia, vimos a los Estados Unidos y Canadá tener un pensamiento iluso y negacionista de la seriedad de lo que estamos enfrentando. Creo que en esta negación está en juego—tal vez producto del excepcionalismo colonialista de Estados Unidos y Canadá—, un convertir en el “otro” a China y el “este”. Esta “otredad” incluye hablar del Covid-19 como un “virus chino”, que se rumorea deriva de prácticas sociales y culturales chinas extrañas para nosotres.

“Quizás, como en la crisis del VIH, los observadores norteamericanos heterosexistas y racistas pensaron que esta epidemia también era mortal sólo para los “otros”, que no consideran como sociedades humanas normales o avanzadas”.

Demasiados líderes gubernamentales en Estados Unidos y Canadá podrían haber tenido creencias similares a las de los líderes anteriores que pensaron que el VIH asolaría principalmente a las comunidades homosexuales y a los países africanos y, por lo tanto, importaba menos ya que esas comunidades se consideraban atrasadas y culturalmente desviadas.

Para mí está claro que los pensadores normativos—en su mayoría monógamos, estoy segura—están empeorando la situación del Covid-19. Existe evidencia de que los monógamos practican sexo menos seguro, incluso cuando “engañan”. Creo que necesitamos más hacedores de políticas públicas y expertos en atención médica no-monógamos, que sean menos moralizantes sobre la exposición a la infección, que comprendan que todes estamos en riesgo porque todes somos organismos en los que los virus y los patógenos bacterianos pueden prosperar. Pero ese riesgo y el sufrimiento concomitante pueden ser disminuidos con suficiente educación, discusión y prácticas médicas proactivas.

¿Qué papel juega la conexión entre humanos y no humanos en el “estar en relación” y a la luz de la pandemia?

-En la historia de la humanidad, pensar en términos de categorías de seres, por ejemplo, razas, géneros, especies, etcétera, parece inevitablemente dar lugar a un ranking de formas de vida, una jerarquía que trae crueldad y explotación.

Cuando hablamos de buenas relaciones, ya sea entre humanos o con lo no-humano—en la variedad de formas en que podemos relacionamos: sexual, íntima pero no sexual, como alimento, como combustible o “recursos” materiales—, estamos hablando de sostenernos unes a otres. Esto no significa que no haya relaciones de poder. El poder circula. Se puede compartir. Si se piensa en una red de relaciones, hay tensión en la red y cualquier movimiento, a la larga, tiene repercusiones en esa red. Es mejor pensar en cómo nuestros movimientos y acciones afectan a muchos seres en relación.

Como lo expresa Donna Haraway, esas jerarquías de vida que heredamos del pensamiento europeo moderno nos perjudican cuando vemos algunas formas de vida como categóricamente “matables”. Como ella dice y como reconocen las filosofías indígenas, no es que podamos vivir sin matar, pero debemos entender que matar siempre es matar. No se debe tomar a la ligera. No debe hacerse como un derecho o sin consideración. Hay consecuencias. Y no debemos ignorar el sufrimiento de los humanos y de nuestros parientes no humanos. Las jerarquías de vida que prevalecen tanto en la religión “occidental”, como en la gobernanza y la ciencia parecen promover el sufrimiento más que reducirlo.

Para volver al tema de la pandemia actual, minimizar el movimiento de este virus a través de nuestra comunidad humana requiere reconocer, así como lo hace el virus, nuestra relación expansiva no solo entre humanos, sino también entre vidas no-humanas.

“Poner fin a esta pandemia mortal y prevenir futuras pandemias requerirá actuar con más consideración por los diversos cuerpos dentro de nuestros colectivos, tanto humanos como no humanos”.

Los científicos piensan que el virus saltó a los humanos debido a la pérdida del hábitat de la vida silvestre y/o a través del complejo industrial de alimentos. Esta pandemia tiene su origen en el desprecio por parte de los humanos poderosos de las condiciones de vida tanto de los humanos menos poderosos, como de nuestros parientes no humanos que sufren mucho en este sistema capitalista global colonial.

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