Invierno docente

El pasado mes de junio fue un periodo crudo para los profesores de Chile. La tramitación en el Congreso del proyecto de Carrera Profesional Docente decantó en cientos de manifestaciones y un paro indefinido que terminó luego de cuatro semanas. En el siguiente reportaje de LJM, los invitamos a conocer las opiniones sobre este proyecto en las voces de diferentes generaciones de profesores.

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Escriben Jonathan Galarce y Ricardo Salazar / Ilustra Flor Alai

El paro nacional docente –que comenzó el 1o de junio y finalizó el 27 del mismo mes de 2015– dio paso a un duro debate sobre las condiciones laborales de los profesores y el ejercicio de la pedagogía. El rechazo de los maestros a la idea de legislar el proyecto de Carrera Profesional Docente y las múltiples manifestaciones pusieron a su realidad y demandas en el centro de la atención pública.

Casi a fines de junio, un protocolo de acuerdo entre el Gobierno, el Magisterio y los diputados de la Comisión de Educación atendió, de alguna manera, las exigencias del gremio. El conflicto de 57 días había terminado y el proyecto pudo aprobarse en su idea de legislar en la Cámara, pasando al análisis de sus artículos.

El proyecto

El texto en trámite parlamentario, en líneas gruesas, se enfoca en las temáticas: selección y formación docente, acreditación para carreras y competencias profesionales, remuneraciones, aprendizaje y condiciones de trabajo. Pero, el Gobierno no ha sido claro sobre cómo está abordando políticamente la iniciativa. El proyecto de ley que presentó el Ministerio de Educación al Congreso señala la creación de un “Sistema de Desarrollo Profesional Docente”, mientras que en la web del Mineduc se habla de “una Nueva Política Nacional Docente para la Reforma Educacional”. Podríamos entender de esto que a los legisladores se les presenta la idea como una estructura técnica, mientras que el mensaje a los profesores se acentúa en el compromiso político del gobierno para cambiar la institucionalidad educativa.

Lo que ha señalado el Ejecutivo es que la política del plan docente nos dice que es necesario nivelar al profesor a través de tres ejes: Selección y Formación Inicial Docente, Inducción e Ingreso a la Carrera Docente y Carrera Docente. En tanto, en el desarrollo profesional, el proyecto contempla otras categorías como los tramos Inicial, Temprano, Avanzado y Obligatorio, agregando según los niveles de capacidad, tramos como Superior y Experto, que definen sus remuneraciones. Este último punto ha sido criticado por el Magisterio, ya que el sistema de evaluaciones y sueldos asociados llevaría a una competencia económica entre profesores.

El documento también establece que se exija a los futuros postulantes obtener al menos 550 puntos en la PSU para ingresar a Pedagogía, además de la obligatoriedad de la acreditación de las carreras de Pedagogía ante el Consejo Nacional de Acreditación (CNA).

En los últimos meses, los docentes han tratando de entender qué es lo que quiere el Gobierno del sistema educacional. En definitiva, la piedra de tope son las evaluaciones y categorizaciones que convierten al docente en un competidor, sujeto a las exigencias que demanda el sistema y desligado de su relación con el estudiante

El Ministerio quiere continuar con la política de evaluación docente, que hoy incluye incluso la grabación audiovisual de clases. En el debate del presente proyecto se ha hablado de herramientas como una prueba de conocimientos, según el nivel en que ejerce y la especialidad del profesor, y el sistema de portafolio que registra programas, metodologías y pruebas.

Voces

Pese a que el paro terminó y en los colegios se respira normalidad, una de las principales críticas que sigue planteando el Colegio de Profesores al proyecto del Mineduc se relaciona con el enfoque del plan, ya que se no se explican cómo este programa podría garantizar mayor calidad en la educación que se está entregando en las salas.

Alicia Olea (65), quien ejerció como  profesora de Castellano por 19 años, cree que para mejorar la educación en Chile primero debemos analizar lo que se vive en el aula. Nos cuenta que cuando trabajaba en el Liceo Eduardo de la Barra, el día a día era muy importante, ya que era un desafío: “El hecho de encontrarme todos los días con alrededor de 300 alumnos diarios, pues tenía 44 horas a la semana, hacía que para mí lo más importante fuera entregar los contenidos y hacer partícipe a los alumnos de lo que estaba pasando en el contexto del establecimiento educacional”.

A juicio de Alicia Olea es una vergüenza que, según el proyecto de Carrera Docente, los profesores tengan que tener tutores al iniciar su carrera profesional. “Por qué no le ponen tutores a los médicos, abogados o a los ingenieros que han incurrido en errores ejerciendo su profesión”, recalca. También piensa que la acreditación de las Pedagogías es menos importante que la motivación de los universitarios que entran a estudiarlas. Para Olea es lógico: los que no están interesados en educar van a ser malos profesores.

Concordando con Olea, María Ester Rojas (38), estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Playa Ancha (UPLA), opina que “la universidad entrega los conocimientos necesarios para desarrollarse en el ámbito laboral, pero debería haber más práctica, aprender de la realidad que se vive en el aula y no basar el conocimiento solo en teorías o realidades ideales”. A pesar de eso, dice estar totalmente preparada para ejercer su profesión, por eso piensa que no debería incluirse la aplicación de una prueba de conocimientos en materia de contenidos a los egresados de Pedagogía, como plantea el proyecto del Mineduc. “Si la universidad me ha otorgado el título de profesor es porque estoy preparado para ejercer mi profesión. Además, el profesor está continuamente perfeccionándose. Creo que el foco debe estar en la formación que da la universidad. No creo que sea justo estar todo el tiempo probando que soy competente en lo que hago”, sostiene Rojas.

El compañero de María Ester, Manuel Calderón (26), tampoco está de acuerdo con la prueba de conocimiento para los nuevos profesores, porque con ello la solución a los problemas de la educación recae en aumentar la exigencia en la formación inicial. En cambio, considera buena la idea de realizar un portafolio con las prácticas didáctico-pedagógicas que se ejercen en la sala de clases: “Como cada persona, cada curso es distinto al otro, por ende se necesitan prácticas diferentes acordes a la dinámica de cada grupo”, señala.

Según Calderón, “las universidades deberían aterrizar y conocer la realidad de los colegios públicos de Chile. Los profesores que nos dan cátedra, en su mayoría, no hacen clases en escuelas o lo hicieron hace muchos años”. Con esto en mente, hace una crítica al proyecto de Carrera Profesional Docente: “Más allá de los distintos expertos que las autoridades puedan llamar para asesorías, son los profesores los que están en las escuelas y es a ellos a los que se les debería consultar para poder trabajar en conjunto”, aclara.

Giselle López (41), quien trabaja como profesora de Lenguaje en el Liceo Bicentenario de Viña del Mar, cree que el proyecto “no aborda la dignidad del profesor”. Aprueba la idea de que los profesores sean evaluados “porque los contenidos han ido cambiando con el tiempo”. Pero no está de acuerdo con la forma en que se llevaría a cabo esa medición, “no tiene ni pies ni cabeza”, dice.

Uno de los anhelados cambios por parte de los docentes es la equidad entre las horas lectivas y las no lectivas. “Nos llevamos mucha pega a nuestra casa –explica López–. Debería haber una relación de cincuenta y cincuenta, para que haya una posibilidad real de que el profesor pueda preparar bien sus clases, pero este proyecto no lo resuelve”, sostiene.

“Aprendizaje es afecto”

Con 45 años de servicio, Luis Alberto Díaz, quien es decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UPLA, recuerda que comenzó como ayudante ad honorem en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Sobre el proyecto de Carrera Docente opina: “De reforma educacional no tiene nada, porque no hay un perfil de educación pública”. Piensa que se debe tener en cuenta las visiones de los actores, evaluar el actual estado de las cosas y analizar “cuál es la persona que queremos formar para el país y cómo”.

Díaz advierte que es una falacia señalar que los profesores no quieren evaluarse: “Los profesores están siendo evaluados. ¡Lo que hay que evaluar es cuál es el aprendizaje que logran los alumnos!”, puntualiza. Entre la prueba de conocimientos y el portafolio, prefiere este último porque “evidencia lo que hace el profesor en el aula, registra su actuación, los materiales que utiliza, la construcción de aprendizajes con los alumnos, algo que no registra la prueba de conocimientos”. Por eso, afirma: “Cuando, ya de viejo, a mí me preguntan: ¿Me podría decir qué es aprendizaje? Yo contesto aprendizaje es afecto”.

El académico manifestó que está de acuerdo con la figura de un tutor en el proceso inicial del docente, ya que “cuando el profesor ingresa solamente con su título, debe ser orientado de la cultura escolar”. Al mismo tiempo, destacó que sea obligatoria la acreditación de las carreras: “Lo alabo, porque la acreditación es un buen proceso autoevaluativo, la universidad debe tener innovación y perfiles de ingreso y egreso”, manifiesta.

*Reportaje publicado en La Juguera Magazine nº 11

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