Crítica Teatral: “Intolerables”, o la nueva burguesía

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Por Matías Jaque*

Algunos meses lleva dando vueltas por los escenarios de Valparaíso Intolerables, la adaptación de El cepillo de dientes, el clásico de Jorge Díaz, con la que La Compaññía arranca su producción. La iniciativa de tomar el texto de Díaz corresponde a la actriz española Maite Colodrón, una de cuyas primeras actividades en el año que lleva en la ciudad fue buscar un equipo, conformado finalmente por actores chilenos y extranjeros, para dar vida a este montaje. La acompañan en escena Néstor Carvajal, en el papel de marido, y Juliana Serra. La última parada de Intolerables, que ha pasado ya por la sala Pascal 79 y La Piedra Feliz, en Valparaíso; y Hangar 270, en Concón, es la Sala Negra de la Universidad de Valparaíso, en donde se presentará hasta el próximo sábado 10 de octubre.

Por cierto, la apuesta de llevar a escena un clásico (y más aún debutar con él) entraña los riesgos propios de enfrentarse con la tradición. Existe el cometido inmediato de preservar la memoria de las buenas obras y la ventaja de jugar una carta segura, pero se presenta también la exigencia de ofrecer un montaje que sepa dialogar con el pasado y pueda, en última instancia, ofrecer de él una mirada fresca. La Compaññía, juzgándola por la reacción del público en sus ya más de quince presentaciones, ha sabido estar a la altura de dicho desafío no solo al mostrar una interpretación limpia de los diálogos medulares del texto, sino al introducir giros en el montaje que suscitan nuevas claves de lectura.  

Quizás el aspecto más notorio de esta nueva versión sea la ruptura de la “cuarta pared” para dar cabida a los debates de los propios actores, que interrumpen de cuando en cuando el desarrollo “natural” de las disputas de los cónyuges. Esta ruptura no es en sí misma novedosa, y ha pasado con gran probabilidad a ser un recurso al que la retórica contemporánea nos ha terminado acostumbrando. La gracia está, por supuesto, no en la exhibición de un recurso, sino en el rendimiento semiótico que se extrae de él. Y aquí aparece, materializado en las peleas de los actores, un giro que reviste cierto interés.

intolerables3---la-juguera-magazineEnsayemos algunas de sus posibilidades. En principio, este gesto concede fuerza a la idea de que nuestros odios cotidianos y tal vez buena parte de la dinámica que funda el matrimonio son apenas un espejismo absurdo, un ritual de bufones que no acaban de aprenderse el texto. Para eso, por supuesto, no necesitamos romper la cuarta pared, porque el propio código del teatro del absurdo con que Jorge Díaz formula el texto abriga ya, y cumple, ese objetivo. Que las cosas comiencen a ir mal entre los miembros de la compañía teatral, tal como han ido cómicamente, absurdamente mal entre los personajes de este matrimonio de mediados de siglo, puede leerse también desde los intereses gremiales de los actores, obligados a convivir largas horas de ensayo y a forzar una armonía que cada minuto que pasa parece contradecir. Esta no pasaría de ser una curiosidad para el que, como yo, es un espectador externo a la intimidad de la profesión.

Vista, no obstante, desde un ángulo más amplio, y en el que creo radica su fuerza mayor, la enemistad de los actores traslada la parodia y el absurdo desde el ámbito de lo privado al ámbito de lo público. Está muy bien denunciar que la familia y su mitología esconden muchas veces un pequeño infierno; que el amor conyugal podría ser una tibia retórica que no alcanza a disfrazar las torturas de la rutina. Bien. Pero estas no son las miserias protagonistas de nuestra generación, o no lo son con las mismas fuerzas con que las sufrieron las generaciones de nuestros abuelos. Nosotros podemos separarnos, o puede ni siquiera quitarnos el sueño el proyecto de casarnos y formar una familia. Pero no podemos sustraernos a las exigencias de un mercado laboral cada vez más atomizante o a las dificultades de llevar a la práctica la creatividad en una sociedad que exalta los beneficios comerciales.

Los actores, en este contexto, se corrigen, se acusan de sus irresponsabilidades y de su falta de compromiso, del peso relativo de sus egos y cómo estos impedirán tarde o temprano que la tarea colectiva salga adelante. Estas pequeñas denuncias no se aplican solo al gremio de los actores, sino que sirven de metáfora de las circunstancias del espacio público en el Chile actual. Nuestras mayores dificultades no radican tanto en calibrar los afectos del hogar, de la vida privada: ese era el mensaje de nuestros padres fundadores, los economistas liberales. Décadas de lucha individual nos han dejado algo entumidos para el desafío de las obras colectivas. Todavía desconfiamos los unos de los otros, todavía nos resultamos mutuamente intolerables y, por supuesto, en esas circunstancias -parece decirnos La Compaññía a través de Jorge Díaz- la construcción de una vida privada, incluso imaginada, incluso absurda o cómica, se tropieza y fracasa.

Las funciones serán los días 2, 3, 9 y 10 de octubre en la Sala Negra de la Universidad de Valparaiso a las 20:30. Adhesión $2000 estudiantes; $3000 general.

Ficha Técnica

Compañía: La CompaÑÑía Teatro, Obra: Intolerables, Dirección: Cristián Romo, Asistencia de dirección: Juliana Serna, Dramaturgia: versión libre de El Cepillo de dientes de Jorge Díaz, Música: Penélope Jaque, Sonido: Patricio Cabello, Técnico: Constanza Silva

*Profesor de lingüística de la Universidad de Playa Ancha

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