Infierno en Valparaíso. 12 de abril

Por Andrea Lagos G.

incendio_en_valparaíso

Medianoche.
Silvia, albergue de la Escuela Grecia: “Fui a torrantear cerca donde empezó el incendio, pero cuando llegué a mi casa, el fuego se propagó como una lengua que ardía. Mis niños estaban ahí. No querían salir. Corrí, los saqué y saqué a mi tía Marta y bajamos el cerro. Caían carbones encendidos que parecían meteoritos. Podían caernos encima, en la cabeza. Pero nos rozaban por el lado. El calor era tremendo. Bajamos caminando, con lo puesto no más. No alcanzamos a salvar nada. Bajamos yo y los tres niños y la tía Marta que venía con pantuflas. Una camioneta de fletes nos bajó. En el camino vimos a los animales que una vecina criaba en la quebrada. Los chanchos veían prendidos. Los patos aleteaban. La mula y la yegua se habían muerto. Era como el infierno. Nuestra casa desapareció: Tía Marta, no llore”

Tía Marta: “Mi Perrito, no alcancé a salvar a mi perrito”.
Silvia: “Es que los perritos se esconden y no escapan, tía”.

Afuera del albergue de la Escuela Grecia, una cadena humana distribuye los colchones que envió la Onemi. La misma cadena humana, entra agua mineral y cajas de alimentos. Los colchones los ponen en las salas. Y los tapan con frazadas rojas de polar. Aún no hacen entrar a la gente a las salas de los colchones. Pronto lo harán.
No hace frío. Hay luna creciente.

Los niños en el patio juegan a la pelota. Meten goles sólo a un arco. Los viejos fuman. Las señoras esperan y se anotan “para los beneficios” futuros que no saben cuáles serán. Anotan sus nombres, sus apellidos, sus direcciones.
A la familia Jiménez llegan a entrevistarla de la televisión. Les preguntan si se les quemó todo. Y ellos dicen “Sí, se nos quemó todo”.
Están en las escaleras y una voluntaria les lleva té caliente.
Todos tienen los ojos rojos. Se les ven los ojos hasta que se corta la luz. Vuelve la luz. Se apaga de nuevo. Los semáforos no funcionan. Hay un silencio raro en el puerto. Y es sábado.
Marisol Gallardo, reparte Milo gratis en la Plaza O`Higgins. Su termo inmenso funciona sólo con energía eléctrica. Tras el apagón decide volver a su casa en micro. En la micro que su marido choferea. El hombre la espera en una esquina con sus tres  hijos. Ella, la madre, sale de voluntaria cada vez que hay una tragedia. Esta vez bajó con Milo caliente y con los cobertores de la casa. Los regalo todos.
– ¿Hasta cuando nos pasan cosas?- le pregunta una señora que recibe agradecida algo con qué taparse. A su lado, Zuliana Araya, la concejala transexual, invita a otros damnificados que están en plaza a abrigarse en el Albergue. Hay varios albergues: “No se quede acá, vaya a anotarse para que la consideren después en la ayuda del Estado. Hay espacio en el Consultorio Mena, en el Reina Isabel, en La Escuela Pablo Neruda, en la Junta Vecinal Nº66, en el Fortín”.
– ¿Por qué nos va ayudar ahora el Estado si hasta ahora nunca lo ha hecho?”- pregunta un joven que mira cómo las llamas bajan y bajan desde el cerro por la quebrada.
– A mí se me quemó mi casa, la de mi tía, la de mi prima y la de mis amigos. Desapareció todo. No quedó nada.
A su lado, una  señora insulino-dependiente está postrada en el pasto de la plaza. Unos enfermeros la toman en brazos y la llevan a una silla de ruedas.
Cerca, una mujer reparte sándwiches. Otra, plátanos.
Desde la Plaza Sotomayor siguen saliendo los carros de bomberos.
En el Barrio Puerto, la PDI agarra a un asaltante en un callejón y lo atrinca contra un muro.
Los marinos ya sacaron a toda la gente de “El Máscara” y de todos los otros recintos para bailar y tomar. No se puede tomar hoy. Hay “Estado de Excepción” decretado por la presidenta. Los marinos están acuartelados. Todos los bomberos en el cerro.
Algunos presos en canchas de fútbol, 8.000 personas evacuadas, 500 casas quemadas, 300 hectáreas arrasadas, 1500 uniformados en las calles, un cinturón de fuego de un kilómetro y medio y cuatro personas muertas.
Y el fuego sigue.

La fábrica de historias: http://andrealagos.wordpress.com/

Hulla Digital. Fotoperiodismo http://www.huelladigital.cl/

Comenta desde Facebook

Comentarios