Historia romana

satointro1Por Justo Pastor Mellado, director Parque Cultural de Valparaíso

Nikolás Sato es un artista chileno que reside en Valparaíso. Invitado a exponer en Roma, decidió trabajar con los íconos y emblemas italianos que pueblan el imaginario de este puerto. De partida, la primera referencia es hacia la cultura popular culinaria que reconoce en el italiano, un hot-dog sazonado con los tres colores de la bandera italiana: rojo (tomate), verde (palta) y blanco (mayonesa).  Al menos una vez al día, un estudiante de la ciudad consume un italiano. Una de las voces más escuchadas en los bares y fuentes de soda de la ciudad es la frase “!Corre un italiano, maestro!”.

Una de las explicaciones posibles es la gran comunidad italiana que se instaló en Valparaíso desde fines del siglo XIX, ocupándose del desarrollo de diversos tipos de comercio y alcanzando una sólida y reconocida posición política y cultural, en los inicios del siglo XX. A tal punto, que en 1939 cambió el nombre del Parque de la Victoria, una gran plaza  situada en uno de los lugares más relevantes del plan, por el de Parque Italia. El sello de esta nueva denominación fue la donación que Mussolini hizo a la comunidad italiana, para que ésta a su vez la ofreciera a la ciudad, de una réplica de la Loba Capitolina. Es sabido que durante la era fascista centenares de réplicas de la Loba  fueron distribuídas por todo el mundo. En Chile, otras ciudades, fuera de Valparaíso, también tuvieron este privilegio.

satointro2El Parque Italia, en la historia de la ciudad, cambió nuevamente de nombre en 1970, en que se llamó Plaza del Pueblo, recuperando su nombre de Parque Italia después de 1973. El caso es que en este predio, uno de los pocos espacios con jardines en el plano de la ciudad, la autoridad municipal comenzó a reubicar una gran cantidad de estatuas que proveníabn de otras plazas. El Parque Italia se convirtió en un parque de estatuas desplazadas, como si fueran acreedoras a un castigo institucional que les rebajaba toda dignidad.  Algunas de ellas comenzaron a sufrir mutilaciones, hasta que fueron destruídas por acciones vandálicas que comenzaron a definir el tipo de trato de los habitantes con el mobiliario público. Cuando una ciudad ya no puede salvaguardar el estado de su estatuaria, difícilmente podrá ocuparse de la salud efectiva de sus habitantes.

A Nikolás Sato, experto en el arte de caminar por Valparaíso, no podía pasarle desapercibida esta situación, que la mitad de las estatuaria del Parque Italia estuviera destruída, y que la otra mitad presentara rasgos  de vandalización extrema. Recordé entonces el relato de un amigo mío, profesor de filosofía en Paris, quien vivió su pre-adolescencia durante la ocupación alemana de Paris, durante la Segunda Guerra. Advirtió que el Estado había desplazado gran parte de la estatuaria histórica de la ciudad, dejando solamente las bases. Otros munumentos fueron cubiertos con sacos de arena. Pero mi amigo creyó por mucho tiempo, hasta después de la Liberación,  que la verdadera estatuaria era ésa; es decir, aquella base  que estaba destinada a sostener una estatua. Y todo esto le había parecido verosímil, porque las asociaba a pequeñas pirámides truncas. O sea, más bien, las recuperaba por el lado del monumento funerario.

satointro3La estatuta de bronces de la Loba Capitolina fue un presente de la colectividad italiana a la ciudad de Valparaíso y fue emplazada en una columna de proporciones, que la  ha salvado hasta ahora. Debajo de ella hay una plataforma pequeña que remata en dos volutas dóricas, sobre la que descansa el acróstico SPQR, que designa al Senatus Populusque Romanus (El senado y el pueblo romano).

Nikolás Sato no lo dudó dos veces. Tenía que devolver la copia a su origen. Lo que hace, entonces, es poner en crisis la noción de transferencia informativa. No hay transferencia sin merma. Esto ocurre tanto en el traslado de mercancías como en el tránsito de los conceptos. Lo que fue donado en 1939 (algunos datos señalan que fue en 1936) fue una réplica; es decir, la copia de un emblema imperial, por no decir, imperialista. Nikolás Sato ha resuelto reconducir la imagen de esta copia precarizada por la historia de la propia ciudad, a su punto de partida, la ciudad de ROMA. Esto habrá sido posible por la aguda observación del uso cívico de los emblemas en desuso y la cercanía con la cultura popular alimentaria, que reserva el nombre de italiano a un residuo objetual de una culinaria de emergencia.

Pero no es eso lo que importa, sino el valor del emplazamiento de la estatuaria romana, rodeada de una gran cantidad de plintos arrasados. Todas estas imágenes han sido objeto de un traslado fotomecánico para hacerse transportables en esta operación de regreso  al origen. Carecen de peso referencial. Son solo seres de grano, convertidos en un emblema de parodia cívica.  Finalmente, lo que Nicolás Sato realiza es una declinación imaginaria de un material que experimenta su devolución a la fuente, de la que ya salió averiado.

 

Más info en: Da Valparaiso (Cile) a Roma (Italia) l’arte racchiusa in un volo di api (fuente: letteratu.it)

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