Graciela Iturbide: “Nunca tomo una foto a escondidas. Tiene que haber complicidad con las personas”

Hasta el 15 de julio en el GAM, en Santiago, se pueden ver las más de noventa fotos que componen la primera muestra en Chile de Graciela Iturbide. Hace unos días, la destacada fotógrafa mexicana estuvo en Valparaíso compartiendo detalles sobre su trabajo en el Centro de Extensión Duoc UC. Conversamos con ella al terminar su charla.

Graciela Iturbide (a la derecha) en Valparaíso. Fotografía de Freddy Ojeda.

Graciela Iturbide (a la derecha) en Valparaíso. Fotografía de Freddy Ojeda.

Por Alejandra Delgado

Cuenta siempre con orgullo que es fotógrafa gracias a Manuel Álvarez Bravo, considerado el máximo representante de la fotografía latinoamericana del siglo XX. “Nunca me dijo si mis fotografías eran buenas o malas. Me enseñó a que hay que tener tiempo”, dice. Hoy, Graciela Iturbide (1942, Ciudad de México) es una de las exponentes más destacadas de la fotografía contemporánea. Ha expuesto individualmente en el Centre Pompidou (1982), el San Francisco Museum of Modern Art (1990), el Philadelphia Museum of Art (1997), el Paul Getty Museum (2007), la Fundación MAPFRE, Madrid (2009), el Photography Museum Winterthur (2009) y la Barbican Art Gallery (2012), entre otros.

Ha recibido más de quince galardones internacionales, entre ellos el respetado premio Hasselblad, y, más recientemente, el Infinity Awards, premios que otorga cada año el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York.

Para la muestra que se exhibe en Chile, la curadora Cristina Alemparte hizo una selección de emblemáticas fotografías de sus primeras series: “Autorretratos”, “Fiesta y muerte”, “Juchitán”, “En el nombre del padre”, “Pájaros”, “Seris, los que viven en la arena”. Además de imágenes de las series “Naturata” y “El baño de Frida”. Esta última exhibe implementos médicos y ortopédicos develados en la Casa Azul de la pintora. Un “santuario privado” donde Iturbide registró muletas, prótesis, animales disecados, afiches políticos, medicinas, entre otros objetos que la pintora guardó durante los 50 años que estuvo cerrado.

"Mujer ángel" (Desierto de Sonora, México, 1979). Graciela Iturbide.

“Mujer ángel” (Desierto de Sonora, México, 1979). Graciela Iturbide.

¿Cual de tus fotografías recuerdas con más afecto?
-“Mujer ángel”, porque nunca me di cuenta que la tomé, sino que la descubrí en mis contactos muuucho tiempo después. Me sorprendió que yo hubiera tomado una foto bien hecha. Los contactos muestran toda la serie de la mujer caminando por el desierto, pero no supe ni a qué hora tomé esa foto en especial. Digo que fue como un golpe de suerte, como si la cámara, solita, hubiera tomado la foto. Fue un regalo que me hizo la vida.

Era de las primeras fotos que hacías…
-Sí. Esas fotos sintentizan los que son lo Seris que eran nómadas y cómo entran abruptamente al capitalismo por su cercanía con Arizona, Estados Unidos.

La radio que lleva la mujer en la mano simboliza ese cruce.
-Exacto. La intitulé “Mujer Ángel”. Me gustaba el hecho de que ellos fueran autónomos y no hubiesen perdido sus tradiciones, pero al mismo tiempo tomaban lo que necesitaban de la cultura americana. Como esa radio que los Seris consiguieron de los americanos a cambio de artesanías, como cestas y esculturas, para escuchar música mexicana.

¿Qué foto quisiste mucho hacer y no pudiste?
-Ahhh eran unos novios mayores que pasaron entre el polvo, caminando, por un camino de tierra, con la mamá atrás llevando el velo de la novia… Era como una película de Fellini, o de Antonioni… Me quedé tan fascinada que no pude sacar la foto, la tenía conmigo la cámara, pero no pude tomar la foto de la maravilla que me pareció lo que estaba viendo.

¿Te costó en otras ocasiones perder una imagen? A propósito de lo que decías en la charla de que a veces es necesario sacrificar fotos por respeto…
-Siempre fui a los pueblos con el permiso del pueblo y viví con ellos, entonces estaba implícito que yo tenía el permiso para tomarles las fotos. Y siempre tomo con complicidad, nunca tomo una foto a escondidas. Nunca, nunca. Ni siquiera tengo telefoto, no me interesa. Tiene que haber complicidad con las personas.

Hoy las imágenes abundan y la forma de tomarlas y compartirlas también, muchas veces no existe esa complicidad que mencionas…
-Pueden haber muy buenas fotos tomadas así… Cuántas fotos vemos en anuncios por ejemplo, que son buenas, sin embargo, uno sigue con las imágenes que quiere tomar… Hay muy buenas fotos de publicidad y yo admiro a los fotógrafos que lo hayan hecho, pero estamos tan repletos de imágenes, que lo importante es seguir con un camino y un lenguaje.

"El rapto", de la serie "Juchitán" (México, 1986) - Graciela Iturbide

“El rapto”, de la serie “Juchitán” (México, 1986) – Graciela Iturbide

Has estado muy cerca de rituales femeninos, ¿Cuál es tu reflexión sobre ellos?
-El rapto no es muy bonito, por ejemplo, es tremendo. Son rituales que yo tomo, pero que pueden ser muy dolorosos también. Puede ser una tradición muy de ellos, pero que pueden ser fuertes, porque eso de que te quiten la virginidad y que vengan a ver si hay sangre porque eras virgen o no eras virgen, es duro. Pero si tengo la oportunidad de tomar esas imágenes ¿Porqué no? En Juchitán esta tradición se da solo en una clase social. Las mujeres son muy fuertes, administran ellas el hogar, el dinero. Son mujeres de las que aprendí muchísimo, son mujeres maravillosas.

"Calzada de los muertos" (Teotihuacán, México, 1979) - Graciela Iturbide.

“Calzada de los muertos” (Teotihuacán, México, 1979) – Graciela Iturbide.

Y qué hay sobre la muerte, rituales que también has fotografiado… ¿Cómo ves la muerte hoy?
-Normal. Nacimos para morir. Cuando yo fotografío pienso en una frase de Cocteau que es muy interesante, que dice: “la única forma de matar a la muerte es la fotografía”. Tú mueres pero queda tu retrato. Entonces, para mí, hay escenas de la muerte que tomo y otras que no tomo. Uno va eligiendo dentro de los rituales qué le gusta y que no, uno va teniendo preferencias detrás de la cámara.

¿Cual es el próximo lugar al que irás?
-Voy a Madrid y luego a Japón a hacer una exposición. Si hago esta exposición, me iré un mes antes a Japón, ahorita estuve en una residencia y no me acaba de gustar el trabajo que hice, entonces pienso seguir fotografiando.

¿Qué llamó tu atención en Japón?
-Es un pueblo impenetrable. Me atrae su poética, pero también su esquizofrenia. En el día son unas personas, sobre todo los hombres, y en la noche otras, porque beben mucho. Es un pueblo que me encanta, su literatura me fascina, pero para nosotros los occidentales, son un poco impenetrables. Por eso quiero irme con tiempo, para meterme más y poder tomar, como yo siempre dije, lo subjetivo. No voy a fotografiar el Japón verdadero, voy a fotografiar el Japón que es de Graciela Iturbide.

¿Tienes un tema ya pensado?
-No, nunca pienso los temas. Siempre es lo que me sorprende. Ahora, si dentro de lo que me sorprende hay un tema que seguir, lo sigo haciendo.

*Revisa el trabajo de Graciela Iturbide en http://www.gracielaiturbide.org/

gam- 

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