Feliz cumpleaños Gabriela

Ella misma se llamaba patiloca o patiperra sudaka. La vieja loca del traje de dos piezas, de sienes grises y ojos verdes rasgados se convirtió en poco tiempo en una defensora acérrima de las niñas, niños, mujeres, indígenas. Condenó el adultocentrismo por ser primo hermano del fascismo”.

Por Breno Donoso

Ser la lengua viva de muerta

En 1889, en pleno Valle  de Elqui, -valle de ecos y constelaciones -, nació Lucila Godoy Alcayaga, la mujer que hizo de la poesía una secuencia de ecos desde sus montañas requemadas hacia lo universal.

Si me preguntan por qué recomiendo tanto leer a Mistral, diría que es por esa necesidad que tenemos de lo sobrenatural. Para mí, Gabriela está lejos de ser la poeta del canon. Ella es dark, tétrica, como esos rostros aztecas, y eso me encanta, porque pienso que la realidad es lo más sobrenatural que hay, a pesar de lo absurdo e injusto. De ahí viene esa hermandad con la muerte que tenían nuestros pueblos originarios, ese pacto con la tierra y las montañas: la mascarada de la muerte, de la contra-madre, adorarle, tenerla cerca es mejor que temerle.

Me impresiona cómo en menos de 10 años el interés por su vida y obra ha crecido. La autora de Tala (1938) resulta más contemporánea que nunca antes. Ha sido leída con mucha más claridad desde la llegada de su legado a este país en 2007. Desde hace un tiempo las editoriales editan y reeditan sus poemas, ensayos y epistolarios inéditos. La Pollera ediciones reeditó Poema de Chile, el poemario póstumo de Mistral; también hizo lo suyo Editorial Catalonia el año pasado aumentando el Diario íntimo recopilado por Jaime Quezada, Bendita mi lengua sea; ediciones Libros del Cardo en 2017 publica Cuentos inéditos y autobiografías; Garceta Ediciones publica Gabriela Mistral. Manuscritos. Poesía inédita en 2018, entre otros títulos que deambulan.   

Convite a la hermosa oscuridad 

Este renovado interés muestra a una mujer latinoamericana diversa y compleja, rauda y visionaria, amorosa y amante. Me produce gracia cómo Enrique Lihn la llamaba la andrógena perfecta; ese transversal interés  híbrido que despierta su obra y los rastreos entre el yermo religioso y erótico del personaje, de su poderoso lenguaje. Obstinados por descifrar su sexualidad, por ejemplo, hemos olvidado leer Desolación (1922):

Sin el temblor incontenible

Que yo tengo al balbucear

La invariable pregunta lívida

Con que araño la oscuridad

 O su impecable prosa crítica:

El gran corruptor ha podido con el billar entero y las bolitas corren a su gusto haciendo su juego. El Patrón de Juegos no es siquiera un maquiavélico ni un zorro: es un palurdo vuelto futre elegante y sonriente que ha hecho polvo nuestra economía pobre, usando ese polvo mismo en crear empleos y repartir gollería”.

Lo que habría de rescatarse es que la obra de Gabriela Mistral es pública como ninguna otra obra, de hecho así lo confirman los repositorios de su poesía y prosa en el Retablo de Literatura chilena de la Universidad de Chile, o las digitalizaciones de manuscritos y libros disponibles de la Biblioteca Nacional, o en diferentes medios alternativos que descontruyen la figura pétrea y maternal melosa del imaginario nacional, reapropiándola en las consignas de los movimientos sociales.

La Política: acción en la errancia

Cuando hablamos de Gabriela Mistral, hablamos de una mujer “que se representó como indígena en una nación que se empeñó en llamarse blanca”, su acción, el nivel de agenciamiento la convierte en precursora de la sororidad a través de su correspondencia y favores con amigas escritoras y artistas de su tiempo, el mujerío de Tacámbaro. Es tan así, que son sus amigas las que movilizan su postulación al Premio Nobel a partir de 1938.

Nombro a ese grupo de mujeres, porque en sociedad preponderante de visibilidad científica, artística y literaria de biohombres heterosexuales, el nombre de estas inspiradoras mujeres siempre queda invisivilizado, mermando la necesidad de conocer sus obras para estudiarlas y así reconstruir los cimientos actuales del Género y la Cultura, asiéndose a sus cajas de herramientas, a sus ricas intertextualidades: Adelaida Velasco Galdós, Alfonsina Storni, Teresa de la Parra, Victoria Ocampo, Luisa Luisi, María Monvel, Isolina Barraza, Marie Curie, Laura Rodig, Doris Dana, Palma Guillen, entre muchas.

Ya en 1910 Lucila se encontraba haciendo clases a obreras en escuelas polvorientas del desierto del norte chico. Porque además de su obra inspira su acción. De joven proyectó un camino que la aupara por encima de las montañas y la llevara a ese mundo inquietante que le habían mostrado sus primeras lecturas, los libros más quemantes, su etapa iniciática y astral. Ante panorama tan hostil, de un país laxo espiritualmente, habituada a recibir prejuicios del patriarcado oligárquico parlamentarista, a ser chaqueteada por la pitucada de Amanda Labarca y el feminismo de salón, Gabriela rompe esquemas, se vuelve pública y viaja entonces a México, donde es invitada por el Ministro de Educación José Vasconcelos en 1922 a implementar la reforma educacional en escuelas rurales y bibliotecas públicas.

Desde su estadía en México no paró más de moverse. Fue “mochileando” por largas temporadas en distintos países de Latinoamérica y Europa. Ella misma se llamaba patiloca o patiperra sudaka. La vieja loca del traje de dos piezas, de sienes grises y ojos verdes rasgados se convirtió en poco tiempo en una defensora acérrima de las niñas, niños, mujeres, indígenas. Condenó el adultocentrismo por ser primo hermano del fascismo. El niño intuye, es sensorio, y el arte para su creación requiere de ese amargor tierno de la infancia: el adulto destruye a cada paso que da, y ser adulto no es más que desarrollar cierto carácter para sobrevivir a la vorágine. 

Los derechos de autor de Tala (1938) los donó para las niñas y niños víctimas de la Guerra Civil española, por condenar el fascismo derramado por Europa, el dictador Benito Mussolini la echó de Italia. Huye a Portugal desde donde regresa a Latinoamérica, pero no a Chile, a Brasil, junto a su hijo Yin Yin. La demencia de las guerras mundiales había aplacado el patiperreo de Gabriela. En 1943 Petrópolis, Brasil, su hijo Yin Yin se suicida a los 17 años de edad. Durante dos años permanece sin vida pública, confinada a la locura que le produce esta nueva pérdida.

Será en 1945 cuando sentada en una poltrona de mimbre carioca, bebiendo licor de manzanilla, escucha en la radio la noticia que la Academia Sueca, después de 5 años desierto el premio, mira al continente latinoamericano, a su poeta, una vieja que escribe versos, nacida en un rincón prístino del Valle de Elqui, mujer que por dónde anda habla como loca de todo lo que extraña, rescata y odia de su país, con una escritura salvaje, poderosa.

Actividades de celebración virtual

El Museo Gabriela Mistral de Vicuña estas semanas se encuentra realizando #Cuarentenamistraliana, actividades vía online donde se pueden mandar videos leyendo textos de Mistral y portadas de los libros que el público posea de la poeta, subiéndolos  a sus redes sociales, entre otras actividades.

Visionaria, un trabajo músico-literario presentará la voz de Gabriela Mistral, las recitaciones, el rock, el funk y la música electrónica, fundidos en una obra poderosa y vibrante. Grabado en Monte Grande, en el Valle de Elqui, en las hermosas terrazas de Viña Cavas Del Valle, este concierto online estará disponible a partir de las 19:00 hrs del 7 de abril en la web WWW.ARCMEDIA.CL

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