fELIZ 18, casi un manifiesto

ceciAbyecciones inmorales o estrategias para borrar a LA PATRIA del mapa

Por Danilo Llanos

Introducción

A propósito de un aniversario más de este país, intencionalmente decido no hablar directamente de arte o de algún objeto artístico (que es el territorio laboral cotidiano en el que me muevo). La profundización que realizaré será en torno a interrogantes y alteridades pedestres, sociales y políticas, perceptibles de forma evidente; más aún en esta época cargada de símbolos y chovinismo fatal. Hitos que se  manifiestan durante la percepción de contenidos y praxis albergadas además por la conmemoración de los 40 años del golpe militar. Un estado de esquizofrenia en que pasamos del dolor al “chuchoqueo” sin una pausa entre medio. En ese espacio de contingencia  conceptual -y también concreta-  me sumergí en un proceso teórico (y visceral) para abordar una pulsión constante y que redundaba en un profundo y total auto destierro colérico respecto de todo lo que significara CHILE. Comencé a investigar y  tratar de entender esta pulsión, este deseo irrestricto de contener todo apego a una emotividad con LA PATRIA. No hablo de arte, pero si hablaré sobre entender, desmitificar y  derribar el lugar donde yo hago arte.

Comencé por el ejercicio simple de mirar el entorno, visitar dos o tres referentes que hace tiempo no visitaba. Comprendí que el sentimiento lejos de hacerlo desaparecer, había que consolidarlo e intentar desde mi quehacer diario en tanto sujeto histórico y trabajador del arte promover dispositivos que tensen aún más esta mirada. En este texto planteo una serie de argumentos que sustentan mi accionar respecto a una pulsión en torno a un país, a una PATRIA.

feliz18_2LA PATRIA hace mal. Es decir, no la necesidad de pertenecer a un territorio que genere identidad y carácter,  esto es sin duda un deseo noble en tanto genera pertenencia y relatos genuinos propios del sujeto vivo y consciente de su rol, sino que cuando  hablo de la PATRIA -y bajo ese rotulo remarcado me referiré a lo largo del texto- planteo la anulación y agobio que genera en los cuerpos cuando es impuesta como un signo ineludible, soberbio y opresor.

La manifestación violenta de LA PATRIA, como conductora y deformadora de los motores del sujeto, es por lejos uno de los elementos que arrebata identidad REAL al individuo y establece cuerpos que se ven obligados a seguir elementos semióticos -determinados ciertamente por objetos históricos- que  dan forma a un perfil ajeno y que está por lejos de plantear y desarrollar algún vínculo genuino con LA PATRIA.

LA PATRIA deforma, convierte al sujeto y a su contexto en algo servicial que es garantía de un convivir sumiso y manso. Un modelo impuesto desde los proceso formativos que tienen como objetivo cultivar una vinculación con LA PATRIA más allá del derecho noble y práctico de habitar tal o cuál territorio.

“Tierra natal o adoptiva, ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, esa es la definición para PATRIA que da de la Real Academia Española (RAE).

Creo que es ahí en donde se plantea el eje sustancial de todo cuestionamiento a la figura engreída de LA PATRIA, desde la OBLIGACIÓN. Al existir un forzoso deseo impuesto de DEBER defender ese rótulo genera como reacción inmediata un rechazo tácito y violento (muchas veces este rechazo no es consciente) y constituido por lo tanto a un sujeto que carece de autonomía a la hora de reconocerse en un lugar propio en tanto este es su contendor histórico y social.

En este texto no hablaré de teatro ni arte, ni nada de eso que para algunos representa la más espeluznante de las intrascendencias. No hablaré de premisas estéticas ni mucho menos de propuestas conceptuales que pretenden establecer LA OBRA. Hoy hay otras cosas que pulsan y generan preguntas para desde ahí generar una reacción y cuestionamiento evidente. Para después -tal vez- pensar en hacer ESA OBRA.

Quiero situarme en CHILE pero en LA PATRIA de Chile, es ahí donde instalaré esta reflexión que apunta a evidenciar el peso aniquilador en la construcción de realidades que hoy ejerce el modelo histórico en tanto PATRIA y que da lugar a una deformación en la comprensión de la pertenencia y el territorio.

Este país de Chile nos presenta una PATRIA mala. Nos enseñó no un país, lo que hizo fue enrostrarnos una PATRIA a la que había que reivindicar en cada visita a símbolos y figuraciones de seres casi mitológicos, a los cuales había (hay) que santificar y proteger, porque ellos son los PADRES DE LA PATRIA. Y sabemos que lo que ha buscado el arte en toda su historia es MATAR AL PADRE.

bamndera1.- La Patria como síntoma de Negación o la Anulación del primario deseo de existir

El trayecto que se presenta entre la imposición del statu quo que posee LA PATRIA y la autenticidad más genuina del sujeto que desea pertenecer, es un cúmulo de subjetividades que carecen de sustentabilidad identitaria. Los cuerpos ya se fragmentan y comienza a prescindir de espontaneidad cayendo en el más oscuro de los relatos: defender a la PATRIA. Si entendemos el trayecto como un proceso de temporalidad que abarca un dispositivo y lo constituye como algo vivo y trascendente en tanto es Espacio, decimos que LA PATRIA es un detonante de sistemas de relaciones que conmueven al ser–sujeto, y lo sitúan en un rol impuesto que lo inhibe y margina a un escalafón inferior en la escala de toma de decisiones del cuerpo. Es ahí en donde se proyecta un estado de irritabilidad desde el emocionar y aparece un deseo consciente y arrojado de hacer desparecer la patria y anular su rol como acondicionador de cuerpos y realidades.

El relato que aparece desde los cuerpos en opresión es una reacción, un desapego de toda convención que represente siquiera semióticamente a la relevación de la PATRIA como lugar feble y noble. Será entonces la violencia el eje central de todo dispositivo de cambio y sublevación en contra de la patria (el padre) que provoca desaparición en los cuerpos que la habitan y definen.

La forma de responder a las derivaciones negativas que genera el deseo de permanecer de la PATRIA no puede  ser sino acciones violentas, transgresoras y vehementes en tanto estas vienen a destrabar una alienación que se fecunda en el marco de educación formal. Analizando las consecuencias nefastas en los cuerpos y estados producto del peso histórico de la PATRIA no pueden haber otros elementos más ajenos a la violencia para combatir y contrarrestar ese mal y anular y hacer desaparecer a ese mal PADRE. Acciones radicales que atenten directo al corazón del (o los) símbolos patrióticos es un gesto de rebelión y de catarsis que remece el status construido de la PATRIA y merma su capacidad de guiar a un sujeto o constituirlo como un cuerpo con una falsa identidad.

La posibilidad cierta de que a través de actos que emergen desde la subjetividad de lo simbólico, hasta llegar a espacios de realidad más concretos, categóricos y directos que se manifiesten en odiosidades hacia la figura de la PATRIA, es hoy por hoy un acto necesario, convincente y que se deben ramificar. La desmitificación de signos, símbolos y verdades históricas serán anuladas evitando que estas continúen la instauración de modelos de pensamiento, de acción (y de omisión) en los sujetos que intentan constituirse como sujetos territoriales y con identidad.

vestido2.- La escuela o donde nace LA PATRIA

Sin duda esto tiene un origen, un lugar en donde no nace, pero si se cultiva y se promueve. El espacio de las relaciones humanas y las condiciones determinantes del ser se comienza a construir como materialidad en el contexto de LA ESCUELA. Es -al menos así se ha entendido- el lugar de la recepción de saberes heredados por décadas, es lo que DEBEMOS recibir porque ESO ES ASÍ. Cuando el sociólogo francés Pierre Bordieu dice que “la escuela es el lugar en donde se fabrican personas”, inferimos que NO HAY MARGEN. No existe en la escuela el espacio vivo para la espontaneidad de los cuerpos. Es una reproducción en serie de modelos mitificados que carecen de toda lógica identitaria y que terminan por atrofiar un cuerpo y determinarlo en pos de una estructura banal y violenta.

Ya no hay espacio para la comunidad, para el relacionarse entre sujetos en un espacio de convivencia acordado y bajo criterios en términos de proyección y sobrevivencia. La comunidad de la que nos habla el biólogo chileno Humberto Maturana, por ejemplo cuando nos intenta explicar el porqué la deformación de la escuela en los cuerpos de nuestros niños es clara y radical. “…en el origen de la Humanidad, y en las tempranas culturas, no había educación como una actividad especial en la vida de los niños que crecían dentro de la comunidad. Los niños aprendían todas las prácticas y dimensiones relacionales de su vida como miembros de la comunidad humana a la cual pertenecían, viviendo todas sus dimensiones en su vida diaria” señaló Maturana en el programa radial “Vuelan Plumas”.

La formación entendida como un vehículo para la constitución del ser en tanto este recibe elementos para la acumulación de saberes que lo definirán como sujeto histórico y social, opera como un mecanismo que ofrece una gran gama de dispositivos simbólicos que responden a un orden histórico -e ideológico- que ha forjado la historia de LA PATRIA y por tanto ha empapado de semiologías abrumadoras a todos quienes han transitado por los cánones establecidos que definen a LA ESCUELA.

Quiero cantarle a mi suelo;
Beber tus festividades
Flamear junto a mis anhelos.
Tienen tus horas instantes,
De volantines alegres
De páginas vibrantes,
Chile aquí me tienes.
Multicolor de septiembre,
Quiero mirarme en tu historia;
Quiero admirar a tus héroes,
Y empaparme de sus glorias.
Tienen tus tardes primicias;
De azules horizontes
Nuestras bandas militares
Nos adornan con sus bronces.
Multicolor de septiembre,
De mi patria sus instancias;
Siento latir en mi alma,
Tus legados y fragancias.
Nos señalas tus paisajes,
Donde hay flores que se extienden
Y en la atmósfera el ropaje
De nuestro “Multicolor de septiembre…”
(Anónimo)

Notamos con claridad que la excesiva adoración y relevación del aparataje patriota es promovida también por un deseo de prolongar ciertas jerarquías que han intentado -a lo largo de la historia- hegemonizar su poder y su injerencia en las construcciones sociales individuales y colectivas. Así lo sostiene Bourdieu  cuando plantea que la escuela es la reproducción de estructuras sociales en el documental “L’ecole”. Una de las formas mas “eficaces” de mantener una dominación a lo largo de la historia, y en la proyección de esta, es tratando de forzar un reconocimiento emotivo, casi místico con el deseo acérrimo de defensa a la PATRIA. Si amo La PATRIA, estoy siendo PATRIOTA. Violencia al fin y al cabo.

“Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”. (Definición para Patriota del Diccionario de la Real Academia Española). Si estoy con LA PATRIA quiero su bien, si no estoy con ella no sirvo.  Esa es la inferencia brutal y categórica que se desprende de lo que podemos ver en el diccionario de la RAE.

Al vincular el sentimiento de profundización de la PATRIA con el espacio formativo de LA ESCUELA., logro avizorar muy lejanamente pero acercándose al fin y al cabo un deseo -así  se recibe en las nuevas generaciones- de negar esas premisas que nacen en el espacio de formación – pedagógicas- y, avanzar con absoluta autonomía e identidad sin tener la necesidad de depender de consignas que se entienden como únicas a la hora de definirse como un ser de tal o cuál territorio. El terreno del aula, de la escuela y de toda determinación patriótico-histórica pierde cada vez más peso y se percibe una actitud que defiende el libre derecho a negar LA PATRIA y constituirse -desde un acto trasgresor y revolucionario- de igual forma como un individuo (o) sujeto que se destaca por su lugar particular y su cuerpo vivo.

LA ESCUELA y todas su derivaciones y /o aplicaciones ha sido el gran culpable del amor engendrado y narcisista que debemos aplicar hoy hacia LA PATRIA que redunda en el más puro y categórico sentimiento facistoideo que nutre de actitudes con ese carácter a nuestros niños jóvenes y adultos.

3.- La estética (estrategia) del signo, del símbolo

Blanco, azul y rojo
Tus colores son
Yo los tengo puestos
En mi corazón.
Banderita mía
Yo te doy mi amor
Para defenderte
Muy valiente soy.
(Mi Bandera. Oscar Jara)

Hablamos de LA ESCUELA, es allí donde de consolida LA PATRIA y se ha logrado una invasión no solo de historia y saturación de procesos míticos de batallas y gallardías épicas de dudosa veracidad, sino que también -y tal vez con mucho mas fuerza- un rol importante lo han jugado los símbolos y su carga semiótica que se instala como los dispositivos válidos a la hora de defender y hablar de nuestra PATRIA. La bandera, el escudo, el himno, ciertas consignas folclóricas y estructuras que derivan de un militarismo grosero y actividades masivas morbosas (desfiles, campañas solidarias), son armas estratégicas para codificare al sujeto y hacerlo entrar en una convención en donde el relato auténtico y genuino queda relegado para que ingrese con fuerza todo el deseo único de respetar y vanagloriar a LA PATRIA. Es en este tópico, en donde tal vez si podemos hablar de estética -de semiótica- y de cómo a través de dispositivo estructurados desde el recogimiento referencial histórico se fabrican objetos de culto y veneración que impactan y trascienden también por su composición plástica y color.

“La estructura atañe a lo esencial, es decir al ser” (Catherine Malabou. La Plasticidad en Espera)

El emblema PATRIO opera como un estandarte que va por delante de toda acción espontánea, no hay autonomía -eso se enseña- para actuar si el emblema no está erguido y destacado. Aparece su figura que más allá de lo que representa en términos de simbología patriarcal es en el acto de su instalación -según el contexto- una puesta en escena estudiada y una conjunción de elementos que operan como una herramienta de hipnosis y alienación en torno a quienes se prestan para rendir culto a LA PATRIA.

En la noción de violencia simbólica me parece necesario designar una forma de violencia que podemos llamar “dulce” y casi invisible. Es una violencia que juega un papel importante en muchas situaciones y relaciones [humanas]. Por ejemplo, en las representaciones ordinarias de la relación pedagógica es visto como un acto “de la elevación, donde el remitente es, de alguna manera, en la medida de que el receptor se tarda en subir hasta el conocimiento de que el remitente es el portador” (esto lo dice en una entrevista Bourdieu).

El (o los) dispositivos estéticos y formales que se construyen cuando se contemplan los emblemas constituyen per se  un acto de instalación plástica que se basa en la estructuración estratégica de formas, colores y direcciones que saturan el inconsciente y obligan a homenajear, seguir y venerar. Lo mítico de los símbolos también se ha encargado de afianzar el modelo semiótico de los emblemas y constituirlos una y otra vez como elementos obligatorios en la construcción de un sujeto que se dice vive en un territorio y condiciona por tanto su construcción social más inmediata.

Un colegio formado en el patio de un colegio dirigiendo sus cuerpos hacia uno o dos emblemas patrios.
Un colegio haciendo discreción mirando todos unos emblemas patrios.
Un colegio cantando una melodía nacional mirando un emblema patrio.
Un profesor ordenando a un grupo de alumnos mirando un emblema patrio.
Dedicándole un mal poema a un emblema PATRIO.
Un niño en un colegio llora porque no quiere bailar cueca.
Un profesor se frustra porque no quiere enseñar cueca.
Un niño al final de día quema una bandera y
Se acaba LA PATRIA o comienza a acabarse.

gatobanderaLa PATRIA ha provocado que el sujeto, el ser, el individuo, el chileno no actúe con independencia respecto a la definición de su identidad en el territorio. ¡NO QUIERO SE PATRIOTA! Grito que tal vez hoy se puede gritar con más fuerza y fundamento incluso histórico que debería combatir con aquellos apostolados que conducen el sentir identidad de un país.

4.- A modo de epilogo

Hoy considero que la constitución de uno como pensador social y político debiera estar muy lejos de la adoración a emblemas y signos que se nos han adosado históricamente como representantes de LA PATRIA. El país está,  y se puede habitar sin mayor pretensión que desarrollar un deseo de convivir y ejecutar sistemas de relaciones desde el acto relacional con el otro. Desde ahí, desde esa construcción colectiva honesta y consensuada se podrá prescindir de todo vestigio de la negativa PATRIA. La indagación de los cuerpos contemporáneos se debe desprender de todo estatus semántico y semiótico que conduzca hacia la relevación de una figura que no corresponde a una identidad en tanto territorio. Es el sujeto es que debe retraerse y obstinarse para reversionar la historia y proyectar el futuro asumiendo un rol de identidad genuino. Negar y hacer desparecer su historia ofrecida por otros. El cuerpo debe asumir un rol de cambio y de transgresión. El ser debe aparecer como umbral que genere un estallido para que los viejos y negativos vestigios de aquellos que se nos heredó caigan y se pueda constituir un cuerpo social verdadero en tanto este posee identidad verdadera.

“Es preciso que el sujeto se modifique, se transforme, se desplace, se convierta, en cierta medida y hasta cierto punto, en distinto a si mismo para tener derecho al acceso de la verdad” ( Catherine Malabou. Papel Maquina: ¿Qué es Formar el cuerpo?)

Es espacio para instalar y proyectar una historia nueva desde la desaparición  de todo relato jerárquico y obsoleto que funda y sustenta a LA PATRIA. Esta ya perdió su lugar y es el momento de encontrar una identidad histórica nueva que se desmarque de la mitología PATRIOTA que ha conducido y dañado la espontaneidad de la creación de identidad. Hay que matar a la PATRIA.

“Arturo Prat era un perdedor” Gabriel Salazar. Historiador Premio Nacional de Historia

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