“Escuela” o el camino hacia la justicia y libertad

escuelaintroLeyendo me entero que llegué tarde a la novedad de ver “Escuela” ya que su estreno fue en enero de 2013. Ocurre que uno puede conocer bien la cartelera teatral, pero no siempre se tiene tiempo para viajar a la capital. Estrenos tan apetitosos como este, él último montaje del dramaturgo chileno Guillermo Calderón, están lejos del puerto.

Por Alejandra Delgado

Y ganas no faltan porque este Calderón es un capo. Siempre he pensando que él y Manuel García pudieron hacer la revancha de mi generación. En cierto aspecto, esa rabia contenida que la democracia pactada nos generó en los ‘90, García la expresó en poesía y música, Calderón en un teatro político impecable. Ambos liberados de eslóganes panfletarios.

La oportunidad de ver “Escuela” se dio por fin, un año después de su estreno, en la reciente versión 2014 del FITAM. Me colé a una función para programadores en el Teatro de la Palabra el día que más calor hizo en la segunda quincena de enero. Una sala pequeñita, ideal para sentirse parte de ese lugar secreto que es donde un grupo de chilenos en los ‘80 recibe instrucciones para resistir y derrocar a la dictadura. Son el “ejército del pueblo”. De eso versa “Escuela”.

Pero la cosa no es tan simple, porque acá no nos encontramos con la idea romántica de la lucha contra Pinochet, acá también hay crítica, una que apunta al error de los rebeldes por ser ilusos. O al menos así lo leí yo. Lo que impresiona en los textos de “Escuela” es su contemporaneidad, la increíble maestría con que Calderón nos trae una mañana de 2014 a esta sala lo que para los revolucionarios de los 80 eran diálogos cotidianos, instructivos de lucha, pero también de vida. Como si fuera hoy.

escuelaintro2En la sala apenas se cuela aire, nos ventilamos con abanicos que la producción de FITAM nos ha prestado. Me distrae el calor, y pienso si los actores y actrices que están en escena acaso no estarán ahogados con esas capuchas que no se sacan ni se sacarán de la cabeza durante toda la obra. Avanza el montaje y recuerdo a mi amigo Mario. Pienso en su convicción como militante del FPMR de estar siendo parte de una guerra justa y necesaria.

Las bombas que hacen volar torres de alta tensión, la fabricación de bombas caseras, los “puntos”, los disfraces, la doble vida, la chapa, las armas que no sobran y los disparos que se deben ahorrar. Las dudas que nacen, las certezas que se acumulan. Un manual completo de acciones que la obra despliega en esta “Escuela”. Historias todas que me relataba mi amigo en la micro que nos llevaba a La Cisterna después de las clases en la U, cuando ya esas historias eran pasado, y la cana y la tortura casi al filo de la transición, habían hecho mella en su corazón.

La emocionalidad que transmite “Escuela” se basa en su espíritu. Concreto. Directo. Pedagógico. Y sobre todo realista. Imagino el escozor que debe despertar en los temerosos de siempre. Creo que esta obra es en sí misma un bello instructivo de cómo se lucha contra el capitalismo y sin embargo esas palabras hoy parecen sonar anacrónicas. ¿Acaso las luchas mutaron en formas, razones, esperanzas?

Leo después de ver la obra que a Calderón no le gusta que haya gente que quiera negar o esconder esta historia o más bien, esta parte de la historia, “hay un pacto de silencio en torno a ello”, dice la nota. “Me incomoda porque se niega un lado legítimo de resistencia, y por otro, se niega y se hace desaparecer una generación y una idea que tuvo un legítimo espacio en la historia. De alguna forma ‘Escuela `le da visibilidad a esa historia, para ser valorada y discutida, para que el recuerdo de la Dictadura sea algo más complejo y contradictorio que esa historia de silencio”.

Recuerdo haber salido indignada de la sala de cine cuando fui a ver “NO, la película”. Demasiado simple verlo todo como si el retorno a la democracia sólo hubiera sido el resultado de negociar con los militares y civiles de derecha que copaban el Estado chileno. Como si sólo del éxito de una campaña publicitaria se tratara el asunto. Cuando salí de ver ‘Escuela’, el sentimiento fue distinto. Creo que la idea de que abrazar esa opción por la violencia armada (“A mí tampoco me gusta la violencia, pero el capitalismo nos obliga”, algo así dice una de las combatientes en la obra) tuvo (y quizás no ha perdido) legitimidad.

Y salgo a la calle pensando que allí afuera todo está en calma relativa, y no dejo de pensar en mi amigo Mario y en sus compañeros de militancia, de ideas. ¿En qué estarán hoy? ¿En qué creerán? ¿En qué no volverán a creer? Si la historia los ocultó, este montaje los saca a flote. Y los saca con elegancia, con un ritmo en la puesta en escena que casi parece un baile donde las parejas se pasan el turno.

Esa fuerza política que luchó y desapareció en el tiempo, hoy “está encarnada en esta otra fuerza, la de las demandas estudiantiles” dice Calderón. “Ellos no responden a la transición, las respuestas a lo que ellos buscan está en la Dictadura. ¿Qué pasó ahí para que nosotros siguiéramos en este sistema tan nefasto? Esta generación es la nueva encarnación, la que dice ‘queremos todo o no queremos nada. ‘Escuela’ va dedicada a estos jóvenes que protestan en las calles, para decirles que lo que están haciendo tiene una oportunidad histórica”.

FICHA TECNICA:
Producción: Fundación Teatro a Mil
Dirección y dramaturgia: Guillermo Calderón
Asistencia de dirección: María Paz González
Actores: Luis Cerda, Francisca Lewin, Camila González y Carlos Ugarte
Diseño: Loreto Martínez
Música: Felipe Bórquez
Productora Fitam: Daniela Montt

 

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