Niza Solari, chamana urbana: “Que vivimos en una sola dimensión es lo más narciso que podemos pensar como sociedad”

En el Círculo Social de Terapeutas de Valparaíso, Niza Solari realiza lo que denomina “consultoría chamánica”. Una terapia que mezcla sabiduría ancestral y sicología transpersonal para trabajar en los patrones conductuales sociales.

Anarco feminista, educadora popular, comunicadora social, fue detenida y torturada en dictadura. Tenía 42 años cuando dejó su trabajo en el Consejo de la Cultura para dedicarse de lleno a esta práctica. Ha transitado por procesos SAT creados por Claudio Naranjo y se formó en la fundación de Estudios Chamánicos Michael Harner. Ha trabajado en Colombia, Argentina, Canadá. Se comunica con espíritus, hace ceremonias de luna negra y talleres de mujeres. Se autodefine como una “obrera de la espiritualidad”, declarando que su trabajo es esencialmente político. “Yo creo que la consciencia es revolucionaria. Hacernos conscientes es la revolución”, sentencia.

Aquí el diálogo con una bruja del siglo XXI.

circulo---la-juguera-magazine

Por Alejandra Delgado

SOY BRUJA

-¿Cuándo sientes que te conectaste con una sabiduría antigua?
-Siempre fue una sensación presente, toda mi vida, eso de “no encajo” o “no soy parte”. Desde pequeña, desde que me acuerdo, tendría unos 2 años. Pero claro, no tienes cómo procesarlo, no tienes la capacidad neurolingüística para hacerlo. Hay algo en el cuerpo que te mueve y te remueve. A los 3 meses de nacer me enfermé, a los 11 me empezaron a dar convulsiones que duraron hasta los 16 años.

-¿Habían síntomas físicos que no comprendía nadie?
-Nadie, ni los neurólogos. Cambiaban todo el tiempo de diagnóstico. Me daban pastillas que tomé un tiempo. De a poco empezó a ordenarse eso de la “percepción”, la “tincada”. Es parte de algo muy nuestro, pero que se tapa, se bloquea. Porque esa “sensibilidad”, en una sociedad como esta, es violentada de manera constante. Una tiene que aprender a generar mecanismos de defensa para poder sobrevivir en la urbe y toda la trama de maltrato y violencia que implica una sociedad patriarcal como la nuestra. Y Chile en el extremo.

-En tu caso, ¿cuál fue tu fachada?
-Me hice la chistosa, la fuerte, la que no le pasaba nada.

-¿Y cuándo ya lo asumiste?
-Mmm, no sé. Ayer jajaja. Es una dualidad permanente siento yo. Hay días que digo ¿lo hice yo? ¿eso se me ocurrió a mí? ¿de dónde viene esto? refiriéndome a las ceremonias, a los talleres, a lo que hago, a las puertas que se manifiestan. Yo me sorprendo y me doy permiso constantemente. Lo que a otros les puede parecer esquizofrenia, para mi es tener una posición.

-¿Y cuál es tu posición?
-El flujo.

-¿Cuándo dices “yo me voy a dedicar al chamanismo”?
-Te diría que ni siquiera lo digo, el cuerpo me manda. Me sacó de la comodidad de donde yo estaba, en el Estado, ganando dinero, posicionada, con techo y miles de comillas, con cierta cuota de poder. Renunciar al éxito es súper heavy. Me criticaron con mucho bla bla. Mi vida en ese momento a los ojos de otros era un caos.

-A los 42 años empezaste a dedicarte formalmente a la práctica chamanica…
-Sí. Y todavía con miedito. ¡Es que el patriarcado es muy fuerte! Renunciar al “éxito” requiere de un trabajo de profundo encuentro con tu verdadero ser. Tu ser no busca éxito, tu ser solo quiere hacer lo que vino a hacer. Es como que encajaras. Tú me preguntaste cuál es mi posición, creo que es develar, develar las mentiras que nos ha construido esta ficción, estos dolores, estas dependencias, estas decadencias del ser, puestas completamente en el tener. Y es político, es completamente político mi trabajo. Creo que el gran triunfo del patriarcado es habernos fragmentado de todo lo que constituye al ser y poner la espiritualidad en un lugar completamente exógeno, fuera de ti, a través de las religiones. Y cuando empieza a volver esta conciencia espiritual, se vuelve individualista, se vuelve un “salvémonos nosotros”, y todas esas cosas que me parecen egóicas. Eso es consumo de espiritualidad.

-¿En qué prácticas se manifestaría ese consumo de espiritualidad?
-En todas. Atraviesa todas las prácticas porque nos han fragmentado en mente, cuerpo y espíritu. Cuando logras integrar, eso es la conciencia. Somos múltiples. Encasillar la mente en una forma de conocimiento, es una de las fragmentaciones a las que nos ha llevado el patriarcado. Necesitas sentir, no restringir la intuición, porque si tú te conectas con eso, te haces libre.

-¿Cuál sería según tú el camino para hacernos conscientes?
-Hay muchos, depende de cada lugar. Es en una develación y deconstrucción permanente, y en algún momento debes dejar de ser el centro de eso.

-¿Te reconoces como una bruja, una chamana?
-Yo diría que soy bruja. A mí me gusta ese lugar. Me gusta la brujería. La entiendo como un desacato. Lo digo y el cuerpo se me mueve. Me provoca una microcrisis de miedo y pánico jajaja.

-¿Y por qué crees que se produce ese miedo al reconocerte como bruja?
Porque hay una memoria ancestral que nos dice que el miedo está traspasado a través de esa memoria. Hemos sido muy castigadas las brujas. Se lleva en la memoria ancestral, en nuestras células. Está en nuestro calcio, en nuestro oxígeno y eso se despierta y revive como burbujas en tu cuerpo y yo ahora te lo digo y mi cuerpo burbujea. Son vibraciones. Esa memoria se hace presente. 

SALIR DEL CLÓSET

-¿Será esta la época más difícil para que las brujas puedan “salir del closet”?
-Jajajaja. Yo creo que este es el momento porque es alucinante como están abriéndose fuegos, aguas, cráteres en miles de lugares. Yo miro Latinoamérica y creo que acá tenemos un encuentro realmente poderoso. Podemos hacer un encuentro de cultura, fusionar dos lugares del pensamiento y posicionar nuestro pensamiento ancestral, como la filosofía que es. Es una forma de entender el mundo, de aprender. Es un sistema cognitivo distinto. Como dicen las brujas, cuando te empiezas a entramar con otros/as que están soñando el mismo sueño, el sueño se construye. Y eso, es tremendamente político. Puede transformar sociedades, comunidades.

-¿Crees que a partir de ahí se pude hacer una revolución?
-Yo creo que la consciencia es revolucionaria. Hacernos conscientes es la revolución.

-¿Para eso hay que renunciar a muchas cosas como tú lo hiciste?
-Sí, hay que tener renuncias y seguir siendo consciente de todo lo que renuncias día a día. El patriarcado ha sido tramado como un engranaje tan fino que está dentro de nuestro ser, dentro de lo que queremos ser. Está completamente atravesado por esta psicogenética cultural. Chile tiene una psicogénesis terrible, y mientras no la sanemos, mientras no detengamos a ese guerrero permanente que tenemos dentro, no vamos a sanarnos. Vamos a estar siempre en esa lucha interna.

-¿Te refieres a hombres y mujeres?
-Sí, nosotras tenemos una posibilidad maravillosa que es saber entramarnos entre nosotras. Si logramos sacar el patriarcado, cuyo gran tema es la competencia, si dejamos de competir entre nosotras, podemos hacer lo que queramos. Somos poderosas. Y los hombres tienen que reconocer su femenino profundo, tienen que renunciar a sus privilegios que el patriarcado les ha otorgado y darse cuenta que son lugares de dominación que los llevan a engendrar violencia, a la desconexión de sí mismos. Los hombres viven muy afuera, todo lo ponen afuera, no tienen intimidad. Un logro profundo del sistema patriarcal, capitalista, neoliberal, megalómano como el que estamos viviendo es el rapto de la intimidad. Todo se ha vuelto completamente visible, público, como Facebook, por ejemplo. Sigo sin entenderlo. Lo que veo no me hace ningún sentido.

-Es un proceso bastante largo de los medios de comunicación el de la exhibición, de una aparente conexión con lo público que pareciera no ser tal…
Así es y digo que el rapto de lo íntimo es un logro muy fuerte del sistema y no nos damos cuenta cómo lo hemos perdido. La conversación de la pareja, por ejemplo, de los vínculos, que antes era íntima con preguntas como qué te está pasando, en que estás, qué sientes, ahora es, el supermercado, la cuenta de teléfono, el cable, la película, la serie, el reality. O sea, nos robaron la intimidad.

-¿Cómo podría el feminismo recuperar ese espacio perdido?
-Haciéndolo visible, trabajando sobre la develación de esa realidad. A mí me suena mucho eso de sacar el rito a la calle, colectivamente, no sola. Sé que no estoy sola, que somos muchas y que cada día nos vamos encontrando, razonando y entretejiendo. Y esta deconstrucción de a poco va llegando a los hombres conscientes, para hacer nuevas conciencias. Esto no es una pelea. El feminismo no pelea. Es una frecuencia de libertad, por lo tanto, no puede haber confrontación. Podemos estar en desacuerdo, caminar diferente, pero no confrontarnos.

-La gente está muy necesitada de darle un sentido a su vida, sienten un vacío, pero a veces no tiene las herramientas para encontrar el camino adecuado y cae en charlatanes. ¿Qué piensas de eso?
-Creo que hay gente que creemos de maneras distintas. Vivimos en dimensiones y maneras distintas. Y ahí yo elijo. Si yo convibro (sic) con alguien es porque algo tengo que aprender, pero me tengo que hacer responsable de lo que me sucede. No le puedo echar la culpa al otro. El otro está en su mambo. Hay hartos charlatanes porque el capitalismo está en todo. Tienes que mirar dónde el capital atraviesa, coopta y empieza a vender. El capitalismo te desentrama. Por eso estar conscientes es político. Mi sobrina de 11 años me preguntaba el otro día “Niza ¿tú eres chamana?” Y yo le respondí “sí y no”. Sí porque así me ve mucha gente y yo no puedo desconfiar de lo que la gente ve de mí. Y no porque yo no me puedo nombrar a mí misma. Sin comunidad no existo, ¿de qué me sirve? Y comunidad es gente que quiere construir de manera diferente, desde otro lugar y otro entendimiento.

-¿Has recibido mala onda con respecto al trabajo que realizas?
Sí. Harta. Mucha. Gente que sale enojada conmigo, diciendo cosas de mí, del trabajo, de lo que supuestamente yo quiero, o pienso, porque uno de nuestros grandes problemas de las sociedades es que vivimos de supuestos. Suponemos lo que la otra quería y pensaba sobre mí, o analizamos algo desde nuestro lugar de conocimiento y creencia. Por eso la conciencia es expansiva y por eso es política, porque al ir expandiéndose, vas transformando tu realidad. De repente vas develando y se cae todo lo que tu has creído ser, vivir o entender. Se desmantela. Es el arcano de la muerte en el Tarot, quedan solo los huesos. Y hay que atreverse a que se queden los huesos. Hay que morir para poder nacer.

-¿Cómo definirías tu trabajo?
-Pongo énfasis en la educación popular. Creo que eso es mi real trabajo. Me gusta el concepto de obrera de la espiritualidad, ser educadora popular, trabajar desde ese lugar. Llevarlo a todos haciendo esto tan orgánico y transpersonal.

-¿Desde el Círculo Social de Terapeutas de Valparaíso?
-Claro, ya son tres años. Partimos en el 2011 soñando con ir construyendo otras realidades de manera paralela a la que te han impuesto. Viendo cómo ir entrando en otras frecuencias sin dejar de estar en este sistema, sin volverte ermitaña tampoco, porque es esencial que trabajemos en la urbe, ya que aquí está la enfermedad. Acá es donde las cosas necesariamente necesitan transformarse. Sanarte individualmente va generando un campo de resonancia y eso se vuelve energía y así va contagiando a otros. La apertura de la conciencia también es contagiosa.

SOMOS MULTIDIMENSIONALES

-¿Qué piensas de la depresión?
-Me gusta. Tiene ese nombre con una carga connotativa muy fuerte pero la depresión es invierno y es necesaria. Es un momento donde realmente sientes. Este sistema nos quiere hacer dejar de sentir. “Si estás triste, estás mal” se nos dice. Este sistema solo ha puesto las cosas entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo feo y lo lindo y ahí estamos super dicotomizados. Por eso la vida se nos torna en esa cosa tan fuerte, tan dura, tan bipolar. Por eso está toda la gente tan brotada, tan bipolar y obvio, ¿cómo no va a ser bipolar si este sistema es tan violento?

-Y en ese sentido, ¿estás en contra de las categorías de la psiquiatría?
-Siento que son lugares de domesticación, que a lo mejor partieron con una buena intención, como tantas otras cosas, como muchos que han escrito cosas maravillosas. De la ciencia salió algo tan fuerte cosas como la bomba atómica y no sabes cómo llegamos hasta ese punto. Hay mentes perversas, pero es parte del equilibrio del universo que necesita caos.

-¿La gente no debería ser medicada por estos “males modernos”?
-Me cuesta y quiero desaprender de las categorizaciones, entonces el “no debería” lo descarto. Creo que hay gente que ya se fue tanto al carajo con su disociación que la única forma que puede estar acá es a través de un medicamento o de una contención. Pero no siento que eso sea la solución, porque solo quita el síntoma. El problema sigue existiendo, el vacío sigue siendo parte. Creo, por experiencia personal, que esas disociaciones que se producen y que te pueden llevar a la psicosis, la bipolaridad y la esquizofrenia pueden ser por medicalización. Yo viví todo eso. Hoy ya no me da miedo decirlo, pero había algo dentro de mí que era muy salvaje, que me decía no, eso no, déjalo ahí, no lo digas, anda a la playa, grítale a la roca, habla con el mar. Hay algo que me llevaba a no mostrar esa disociación tan grande que estaba teniendo. Por eso, cuando tú me preguntas cuál fue mi careta yo tengo claro el día, el momento donde decidí hacerme una máscara para protegerme. Hoy en día ya no trato de entenderlo, es un misterio y punto. Hay cosas que no podemos entender y punto. Si las llegamos a codificar, ya no vamos a existir. Somos energía.

-¿Cómo sientes que te conectas con los espíritus?
-Nos duele la cabeza, vamos al neurólogo, como si no fuéramos un todo. Pero ¿cómo podrías transmitirle a alguien que se siente mal que hay un trabajo que sirve, que puede ayudar a sanar y es la conexión consigo misma, pero también con los espíritus que no están en este plano?

-¿Cómo se puede transmitir?
-Siento que ahí el feminismo entra a jugar. El feminismo, a mis 24 años, me pegó una patada en la cabeza que fue notable. Por sincronicidades de la vida fui a parar al 1er Encuentro de la Mujer Latinoamericana en Canadá. Me equivoqué de workshop. Yo que me había inscrito en “Mujer y política” porque yo era exiliada. De pronto empiezo a escuchar a una tipa que hablaba cosas que me hacían pensar: “todo eso me pasa a mí”. Salgo a mirar el cartel y decía “Violencia psicológica de género”. ¡¿Qué es esto?!, pensé. Y ahí me explotó la cabeza. Me acerqué a la mujer después, le pedí el paper y le pedí que me explicara qué era eso del género y me quedó la escoba. Inmediatamente cuando llegué de vuelta a Chile le pedí a mi pareja que nos separáramos o que hiciéramos terapia. Y empecé terapia con perspectiva de género. Es muy necesario volver a retomar la confianza entre nosotras y para eso yo tengo que mostrarme con corazón abierto.

¿Nos han enseñado a desconfiar?
-Claro, me han enseñado a desconfiar de mi hermana, de mi amiga y de mi madre.

-Pero también de lo que no vemos con los ojos. Por eso te preguntaba por los espíritus…
-Claro, también. Los espíritus son energía. Son aspectos no visibles a nuestra retina, pero coexistimos. Es lo que las religiones han llamado ángeles de la guarda, santos. Es una conciencia del todo y que ocupa, desde el chamanismo, manifestaciones como animales, animales de poder o guía y también manifestaciones humanas. Es tejer una trama hacia la conciencia toda. Estamos conformados por la multidimensionalidad. Creer que vivimos en una sola dimensión es lo más narciso que podemos pensar como sociedad. Tenemos que mostrar ese lado de locura, ese lado salvaje, ese instinto, esa espontaneidad.

Este sistema nos ha encapsulado. No es que las mujeres estemos enfermas, estamos en desencuentro con nuestro ser salvaje. Y nuestro ser salvaje está adentro rugiendo, quiere salir. Lo primero es entender que no me pasa a mí no más, sino que nos pasa a todas. Si me siento a hablar con la de al lado me encuentro con que le ha pasado algo muy similar, o a su tía o a su hermana o a su mamá. Insisto en el aprendizaje con el hombre porque hay mujeres que pueden estar teniendo esta visión, mujeres que quieren dejar de ser esclavas o mostrarle a la pareja que está siendo esclava.

AMOR LIBRE

-¿Se puede salir de a dos de esa “esclavitud” que señalas?
-Claro, es maravilloso si lo puedes hacer en concordancia con otro. Encontrarte con otro que no quiera cooptarte, que honre tu libertad, que honre tu estar en el mundo sin querer encasillarte en los modelos que el patriarcado ha creado del ser mujer, que es preocupada y ocupada del resto, nunca consigo misma. Siempre sentirse mal y culpable por ocuparse de sí.

-¿A los hombres les pasa lo mismo?
-Sí, les pasa lo mismo, pero bueno, que se despierten. Hay una cosa que me gusta mucho pensar, cómo puede entender una pareja que la vida erótica no es solo coital, por ejemplo, que va por infinitos recorridos, que no te satisfagas con una sola parte de tu cuerpo. ¿De adónde salió la idea de la privatización del amor? Eso considera la monogamia. También se malentiende el amor libre como ir a coger. Volvemos a poner el amor y lo erótico en un solo lugar. La libertad es expansiva. Por eso es que en pareja es muy complejo realizar la sanación, independiente del sexo de la pareja, porque se parte de la individualidad. La violencia es la impotencia pura, ser consciente de su poder pasa en el hombre por el reconocimiento de su femeneidad. Por el honrar la vida de la mujer sin competencia. Honrar la vida y el cuerpo de la mujer. Para eso hay que conocerlo milímetro a milímetro, saber cómo vibra, cuándo vibra, cuándo necesita estar en su resguardo absoluto, cuándo necesita espacio o estar con el otro. Estar con sus mujeres.

-¿Eso sería una forma de bien amar?
-Para mí eso es el amor. Es una forma de aceptación. No quiero que tú entres en mi imaginario o que seas mi imaginario. Todo eso es una construcción. Yo me di cuenta cuando chica que todas queríamos lo mismo y pensaba: qué raro ¿Cómo todas vamos a querer lo mismo, casarnos y tener hijos? Es un deseo tan creado. Me pareció anormal. ¿De dónde vino esa voz? Hoy en día digo: de los espíritus. Me disocié y me salí de esa búsqueda de aceptación permanente.

-¿Entonces decidiste no ser mamá?
-Decidí no ser madre. Fue una elección. Después el cuerpo igual me llevó para allá, pero a los 15 años decidí no querer serlo. Todas mis compañeras sabían que se iban a casar y a tener hijos. No querían, sino que lo sabían. Y a mí eso me volvió loca, ¿Cómo era posible que todas quisieran lo mismo? ¡Wow! En mi conciencia soberbia de los 15 años, me rebelé.

-¿Cómo defines el amor libre?
-Es te amo porque te amo, no espero nada, pero tenemos acuerdos. Es que todas las relaciones son parejas, horizontales. Pero se ha establecido LA pareja como algo único, exclusivo, donde todo tu deseo de amar y tu reciprocidad del amor tiene que ser satisfecha. Eso es enfermo. Antes te tenía que satisfacer tu mamá, después tu pareja y después tus hijos. ¿Y tú? ¿Cuándo te satisfaces tú misma? Las transformaciones, para que tengan sentido y muestren una posibilidad, hay que practicarlas. La experiencia es lo que te da el conocimiento. Y este sistema nos ha cambiado eso. Nos ha puesto a hablar de conocimiento sin experiencia. El Círculo Social de Terapeutas de Valparaíso hace práctica.

¿En qué se diferencian con otros espacios?
-Creo que es la mezcla que hacemos. Si bien hay un montón de espacios de sanación, yo diría que este es un lugar de búsqueda, autoconocimiento y sanación. Por eso es más laboratorio, es más experiencial. Nosotras también tomamos los talleres que traemos, con las que vamos haciendo redes con las que están en la misma lógica. Y así trabajamos con amigos y amigas de México, Argentina, Colombia, el próximo año Guatemala. Trabajamos desde el autoconocimiento transformador, es decir, una psicoterapia más vanguardista de conciencia espiritual. Una espiritualidad política. Eso nos hace entender que si abrimos esos espacios de bienestar, estamos haciendo política.

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