Entrevista a Jesús Urqueta: la biografía personal como brújula para la dirección teatral

Por Véro Mondini

A propósito de la Masterclass que dará en el marco de la Escuela de Crítica de Valparaíso, conversamos con el director teatral Jesús Urqueta acerca de su aproximación a la pedagogía, su apuesta por la dirección teatral y su visión de mundo.

Urqueta creció en la ciudad de Ovalle, donde aprendió a desarrollar una relación particular con el tiempo, a contemplar las puestas de sol. Estudió tres años periodismo antes de iniciarse al mundo de las artes escénicas, para finalmente encontrar su voz propia en la dirección teatral. 

A sus 45 años, cuenta con una vasta trayectoria junto a su compañía teatral Versión Oficial y como director invitado. Varios de sus montajes han sido reconocidos por la crítica, entre ellos Arpeggione (2018), y Prefiero que me coman los perros (2017), ambas obras premiadas por el Círculo de Críticos de Arte de Chile.

La clase magistral se titula El documento personal como medio de construcción de identidad y punto de vista en la dirección teatral, es libre de acceso y será la ocasión para establecer un diálogo con uno de los más brillantes directores de la escena teatral chilena, el próximo martes 23 de junio a las 19.00.

-¿Cuál es tu relación con la pedagogía? ¿Qué lugar ocupa en tu quehacer teatral?

-Las decisiones que he tomado han sido en pos de dirigir, que es lo que más me gusta. Paulatinamente, me he ido alejando de la academia. El mundo de la universidad y el mundo profesional son muy distintos; creo que la universidad está demasiado alejada del mundo profesional. De hecho, me he cuestionado si se debería enseñar actuación en la universidad. Para mí, el concepto de la universidad debería englobar mucho más que enseñar solamente una técnica. Se puede aprender fácilmente la técnica de la actuación en una escuela, club de teatro, Fernando González, Gustavo Mesa, Teatro Imagen, clases particulares, talleres, pero siento que el universo de la universidad debería ser más para pensar arte, elaborar filosofía, hacer otras cosas con el arte escénico, desarrollar una visión de mundo. También el viaje contemporáneo del mundo debería ir para allá. 

“Creo que todavía estamos, por las lucas, agarrados de ciertas dinámicas que siento ya no les están haciendo sentido a los estudiantes, y no nos hace sentido a los profesores. Muchos profesores seguimos en la universidad porque nos da una estabilidad. En un momento, yo me hice esas preguntas. Para mí, ha sido importante ver de qué manera respondo a la pregunta: “¿Qué haces, a qué te dedicas?”. 

Yo pongo en diálogo el quehacer con que me gano la vida. Puedo haber estudiado una cosa, pero si no me gano la vida con eso, un título no hará eso por mi. Durante mucho tiempo, yo decía “soy profesor, docente universitario y director teatral”. Ahora, digo “Soy director teatral”. Y docente universitario por consecuencia, en el fondo. Y de todo eso, trata la ponencia que voy a hacer.

¿Cómo estás para la Masterclass que darás próximamente? ¿De qué tratará?

-Hice un magíster en artes con mención en pedagogía teatral en la Universidad Mayor, entre el 2004 y el 2006, y la defensa de tesis fue el 2007. La tesis trataba del uso del documento personal como medio de construcción de identidad y punto de vista en la dirección teatral; en ese tiempo, trabajaba en el Liceo 7 de Providencia, y tomé a mi taller como base de esta investigación. A partir de mi contacto con la pedagogía en dirección, me doy cuenta que surge la necesidad, en el campo de la dirección teatral, de definir cuál es la directora/director que quiero ser. En las primeras conversaciones para mi investigación, me di cuenta que las miradas siempre estaban afuera, y de qué manera, uno quiere hacer como otra persona, al estilo de. Empecé a investigar sobre este punto, y entender que, en las biografías de las personas, se podía detectar una coherencia entre el teatro que hacía tal directora o director, y su vida. Si veo la dirección de Manuela Infante, por ejemplo, y leo que ella estudió en Ámsterdam estudios culturales, yo veo efectivamente que hay un punto en diálogo de lo que ella hace con ese programa de estudios. De la misma forma, si veo el teatro que hace Marcos Guzmán, y leo que estudió un magister en artes visuales, también hago una correlación entre ambos hechos. Esta es la primera dinámica. Ahora, fui más allá en esta investigación, pues sentía que era un poco limitado solamente centrarme en los estudios universitarios de una persona y su posterior puesta en práctica. Empecé a investigar la biografía desde el nacimiento, desde que lugar nace, cómo y a qué hora era la puesta de sol. Hice el trabajo conmigo, entendiendo entonces el teatro que hacía yo a partir de imágenes referenciales de lo que yo fui cuando niño. 

En la clase magistral, voy a tomar algunas obras como referencias, entre ellas Todo se limita al deseo de vivir eternamente, que dirigí en el GAM el año 2014. Es una obra muy biográfica, a partir de la lectura de quien fue mi profesora, para  tratar de la deuda histórica con los profesores, que hicimos con Roxana Naranjo, Belén Abarza, Álvaro Pacheco y Cata Saavedra. A partir del relato, yo tomo lugares biográficos, como colores que yo veía en la puesta de sol de los viajes que hacía con mi familia en auto. Tiene que ver con un tiempo. Es entender el tiempo contemplativo que he utilizado como recurso en muchas de mis obras, este tiempo real que a veces extenúa, en el que la gente se aburre. Pensar con esta sensación de espera. Me pregunté acerca del uso de la temporalidad en mis obras. Para mí, es un tiempo cómodo, con el que me crié en Ovalle. Es el tiempo de cuando tomaba un teléfono para llamar a mi abuelita, pero tenía que esperar a que me atendiera una operadora. Yo agarraba el teléfono, esperaba, esperaba, esperaba y de repente, me decían “¿número?”, “300”, y me comunicaban. Pero antes, había un tiempo. Para mí, fue común esperar. Empiezo a tomar y a dialogarlo. Años después, en la universidad, descubro Tarkovski, y veo el tiempo en la construcción de sus paisajes, y ahí empiezo a dialogarlo. Pero la primera imagen viene de una imagen de infancia. De esto se trata la ponencia, de que cada uno de nosotros empiece a establecer puntos de diálogos con la persona que fuiste, la persona que eres para proyectarte hacia la persona que vas a ser. 

Lear, el Rey y su Doble / Foto: Djalma Orellana

-¿Que metodología usas para crear este puente entre biografía y puesta en escena? ¿Cómo estableces el diálogo de la dirección teatral con la experiencia personal?

Es una metodología expositiva que desarrollo en base a tres preguntas. En primer lugar, los estudiantes responden a un pequeño cuestionario: “yo soy”;”lo que más me ha marcado”; “lo que me gustaría”. Son 3 preguntas que vienen de la estructura dramática también. “Yo soy” podría ser la introducción, “lo que más me ha marcado” podría ser el conflicto, y “lo que me gustaría” podría ser el desenlace.  Desde ese lugar, incentivo los estudiantes a que llenen las preguntas de imágenes, hasta el cansancio. Como si estuvieran 50 minutos hablando en torno a estas 3 preguntas. Y finalmente, cuando tienes que pasar a lo políticamente correcto, lo que tú cuentas, a lo formal, es escarbar. Es una metodología que cada estudiante aplica por su cuenta; yo no intervengo, ni voy a saber de su vida. Porque tampoco se trata de eso. Se trata de poder ayudarlos en lo que ellos proponen.

Las tres preguntas son el punto de partida desde el cual los estudiantes van a  dialogar hacia un pequeño manifiesto, de entre 5 y 10 puntos. El manifiesto se transforma en Mis primeras certezas. En el curso de técnicas escénicas de la mención de dirección teatral en la Universidad de Valparaíso, aplicaba esta metodología. En 18 clases, salíamos con un ejercicio de dirección de unos 30 minutos; las primeras 6 clases eran solamente aplicar esta metodología teórica. Luego, las clases iban hacia unos ejercicios prácticos y lo interesante era que desde un mismo ejercicio, aparecían otros ejercicios solamente por el uso del documento personal diferente, por las distintas biografías. 

-¿Cómo abordas esta metodología en tu masterclass?  
-Voy a mostrar un par de videos, exponer esta metodología, y preguntas. Creo que en el diálogo se van a desprender más cosas. La idea es despertar la inquietud, entender que la gracia de dedicarse a la dirección escénica es tener una voz propia. Yo creo que hace mucho faltan voces propias en el teatro. Tenemos que entender que no tenemos que hacer como otras personas. Porque nunca vamos a ser como esa otra persona. Parece muy obvio, pero al parecer no lo es. Desde ese lugar, creo que uno tiene que tener la expertise de tomar esa decisión, de apuntar por un teatro auténtico. Quizás no logre el estrellato -si es que lo quiero- pero en un camino, si uno es trabajador, como hormiguita, logra instalar una poética particular y creo que ahí está el punto de aporte a la humanidad. 

“Hacerse preguntas, cuestionarse, más que contar solamente historias. Creo que el teatro es más que contar solamente historias. Es elaborar poéticas personales, que hagan preguntas y que se puedan resolver cosas”. 

-Para ti, el teatro es una forma de decir lo que piensas. ¿Es un motivo para dirigir? ¿Cómo definirías tu sello como director teatral?

-Durante mi primer periodo como director, con las obras más políticas, usé un poco el teatro como derecho de réplica del ciudadano Jesús Urqueta. Sentía que no tenía el espacio para contrarrestarlo. Solo tenía mi voto, que no era mucho, y desde ese lugar, sentí que habían cosas que tenía que develar, que sentía que eran injustas. Toda la traición, que este ciudadano cree que tuvo cierta clase política, la Concertación, cuando partió la democracia. Esto también tiene relación con mi biografía. Estudié periodismo durante 3 años, antes de estudiar teatro. Entonces, hay una búsqueda por la verdad y por una línea editorial que me hace salir de periodismo y terminar como director de teatro. Ni siquiera como actor me sentí cómodo en la búsqueda de una línea editorial. Creo que la primera gran búsqueda de mi identidad tiene que ver con una libertad editorial, de decir, de guiar sobre lo que se va a hablar. Desde ese lugar, sentía que habían cosas que no se decían, que Televisión Nacional o Canal 13 no le iban a hacer con sus programas de investigación. “La Oficina” era un lugar  importante en la historia de Chile, por ejemplo. Después con el tiempo, nos fue dando la razón, al comprobar que todos sus miembros terminaron como Ministros del Interior de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría. Jorge Burgos, Mario Fernández, Marcelo Schilling está hoy de diputados, etc. 

Prefiero que me coman los perros

-Dices que tu teatro fue más político antes. ¿Hay un cambio con las últimas obras que has dirigido? ¿Reconoces una evolución en este sentido?

-He tomado ciertas decisiones que me han hecho abrirme un poco. Hacía muchas clases, y dirigía en mis tiempos libres. Siempre he tenido el deseo de convertirme en alguien que viva de la dirección teatral. Cuando tomé esa decisión, me di cuenta que solamente haciendo obras autorales, en el contexto del teatro en Chile, no iba a poder vivir de la dirección teatral. E iba a tener que seguir siempre dependiendo de las clases. Tomé la decisión de vivir de la dirección teatral, entendiendo que tenía que ceder un poco y abrirme a otros lugares. Desde ese lugar, empiezo a aceptar invitaciones a dirigir. He aceptado encargos de centros culturales, de teatros independientes, pero también he aceptado trabajar con otras personas. Como el trabajo al que me invitó Montserrat Estévez Prefiero que me coman los perros; o Junto al Lago Negro. No los tomo como encargos, sino como el gusto de trabajar con otras personas que no son quienes trabajo siempre.

Por otro lado, están los encargos: Arpeggione con el centro cultural M100; La verdad o las ventajas de callarla, para el Teatro San Ginés, fue mi primera incursión al teatro más comercial, el año pasado. Dirigí también El Rey y su Doble, sobre el Rey Lear, producción de la Corporación de Quilicura. Paralelamente, he tratado de seguir con mi compañía de teatro Versión Oficial, con Belén Abarza, diseñadora, Álvaro Pacheco, compositor musical, Francisco Herrera en la parte audiovisual. Con ellos, seguí trabajando, con obras como Todo se limita al deseo de vivir eternamente, y luego Cuestión de Principios. Son producciones mías, las financio yo, las gestionamos. Siempre está el interés por las temáticas políticas, pero igual estoy ahora en un proceso de introspección porque dentro de lo mismo, he tenido que resolver la vida para poder sobrevivir con el teatro.

En este ceder, me excedí un poco y me he descuidado un poco de mi búsqueda artística y de una poética. Estoy solamente contando historias, y creo que el teatro no es solamente eso, tiene una dimensión más reflexiva. Tengo que encontrar, es una búsqueda personal, la equidad en esas dos cosas. Poder vivir de la dirección y desarrollar la otra dimensión, ir creciendo en esa densidad de mi autoría como director. Es un camino, ahora tengo 45, creo que todavía estoy aprendiendo. Estoy en un proceso, educándome como director. No tengo tantas certezas como que el teatro es de una manera. Todavía lo estoy buscando.

-¿Cómo estás viviendo el momento actual? El teatro es un arte en vivo, ¿qué pasa con las proyecciones post pandemia? ¿Cómo volvemos al escenario?

-Dentro de todo lo terrible, he sido como una ostra y es como si me estuviera preparando toda mi vida para una cosa así. Tengo esa dualidad, me gusta leer noticias, escuchar la radio. Pero no tengo redes sociales, y me salí de twitter hace tres semanas, encontraba que era demasiado violento todo. Traté de abstraerme un poco de eso. Desde ese lugar, estoy más tranquilo. Mi vida no es muy distinta, tengo la capacidad de la soledad, y la manejo bien. Soy consciente del contexto, es importante. Desde él habito, por ejemplo. A propósito de mi identidad, fui futbolista, jugué casi como profesional hasta los 20 años, he sido deportista toda mi vida. Y hace tres meses que no entreno. Es entender el contexto. Creo que es una madurez entender que lo importante no es uno, sino que la sociedad por completo. Independiente que no estoy de acuerdo con quienes nos gobiernan, si dicen quédense en la casa, y yo puedo estar en la casa, lo hago. También entiendo quienes no pueden. Tengo la posibilidad de hacer clases en línea, trabajo con colegas, nos juntamos a conversar temas. Tomar el tiempo para conversar con los amigos de infancia, que no son del medio teatral. Es como un respiro.

Arpeggione

Para abordar el después, creo que hay algo más grande que nuestras carreras, la Humanidad. Encuentro que es lo primero. Tiene que ver con un apoyo mutuo, entender que la sociedad no es el individuo, sino que es la suma de muchos. Hay que aportar en la medida que sea, en la construcción de esa nueva ciudadanía, sociedad. Con paciencia”.

Nuestra profesión es una de las más afectadas, porque uno trabaja con el ser humano, y con una presencia en vivo. Desde este lugar, siento que vamos que tener que trabajar con la paciencia y entender que quizás va a costar, pero finalmente es un trabajo constante, como siempre hemos hecho. Olvidar lo que uno ha construido hasta antes de eso, y tratar de ser autocrítico. 

-¿Qué te genera dictar esta masterclass de la Escuela de Crítica de Valparaíso?

-Muy interesante y agradezco mucho la invitación que me ha hecho Javier Ibacache en una primera instancia. Es un desafío importante. Cuando se enfrenta a estudiantes, en este caso también a un público abierto, uno tiene que tener una responsabilidad con lo que va a decir y prepararlo. ¡Y en eso estoy! Lo demás son nervios. Para mí, es más fácil, sentarme a conversar con más personas en un espacio cerrado, donde los pueda ver, los pueda sentir, escuchar. Tomo el desafío en este caso, con esta plataforma digital. 

La Masterclass El documento personal como medio de construcción de identidad y punto de vista en la dirección teatral se llevará a cabo el próximo martes 23 de junio a las 19:00hrs. La actividad es abierta a todo público. Vía Zoom por orden de llegada. Encuentra más detalles en el siguiente link.

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