“En Valparaíso hay que apostar por el pasado, pero darle nuevas funciones y usos a los edificios”

El reputado arquitecto español Luis Alonso analiza el estado del patrimonio porteño y del país. “Sería una pena si la ciudad se desarrolla a costa de incendios”, dice.

Luis AlonsoPor Miguel Correa para La Juguera Magazine

El escritorio de Luis Alonso está colmado de papeles. Hay que correrlos para poner un vaso de agua. En ellos están los bocetos de la gran cantidad de proyectos en que trabaja este arquitecto español, que se avecindó en Chile hace unos años enamorado del país y que desde acá piensa edificios y espacios públicos para más de una decena de países.

Sus ideas adornan también las paredes de su despacho y las que no alcanzan están en su iPad, que consulta cada vez que desea explicar cómo lograron levantar o restaurar algún inmueble que se ha convertido en ícono de alguna ciudad.

Ahí está la Torre Bacatá, de Bogotá, que con 250 metros será la segunda más alta de Latinoamérica, tras la nacional Costanera Center, que mide 300. Su gracia es que tiene varios parques entre sus 70 pisos. También está la Plaza de Toros que recuperó para Barcelona, a la que le creó una cúpula que permite ver la ciudad en 360°, de acceso abierto, que visitan anualmente 11 millones de personas.

Además cuenta ahí con una obra emblemática para entender su postura. Eran unas bodegas que el municipio catalán iba a botar porque no tenía las ideas ni los recursos para mantener, y sí la necesidad de contar espacio para necesidades vecinales. Lo convencieron de que no lo hiciera y llamara a un concurso con ideas posibles de concesionar administrativamente.

“Lo ganamos, creamos un centro de diseño integral, más de 500 personas trabajan y desarrollan allí su función creativa –incluida su agencia Alonso Balaguer y Arquitectos Asociados-”, introduce.

“Así se generan usos totalmente compatibles con lo que allí había, con el entorno, lo potencian y la inversión la hace el privado. A la vez, todo ese edificio da servicio a la comuna. Por ejemplo, que en el hall tenemos el Museo de la Cerámica. Las empresas necesitábamos un auditorio, lo hicimos, lo tenemos todo el día para nosotros, pero a partir de las 8 de la tarde y los fines de semana es para la ciudad. Eso es sostenible, lógico y por donde tiene que ir el futuro”, afirma.

 

Valparaíso es una ciudad rica en inmuebles patrimoniales. ¿La conoce?

A Valparaíso lo conozco porque creo que un recién llegado al país tiene la obligación moral de conocer al máximo todo lo que tenéis de bonito en este país, que es mucho.

¿Y qué opinión te merece?

Es una ciudad con el atractivo marítimo, que ha vivido bastante de espalda a ese gran atractivo, con muchas barreras. Todo lo que fuera la supresión de barreras para permeabilizar el tráfico peatonal hacia el mar creo que sería muy bienvenido. Es una ciudad ejemplo para apostar firme y decididamente por salvaguardar el patrimonio histórico. Hay que poner mucha más potencia en rehabilitar edificios o ciudades.

¿Qué hace falta para ello?

Generar confianzas para que la iniciativa privada se ponga a rehabilitar y se piense en nuevos usos y actividades para edificios rehabilitables.

Un dicho en Valparaíso es que la ciudad se moderniza sólo a través de incendios. ¿Eso es un síntoma de algo?

¡Hombre! Sería una pena si realmente funciona así. Los planes estratégicos están para generar expectativas de cómo y de qué manera avanzar. En este país habría que poner énfasis en generar iniciativas público – privadas para intentar poner en valor ese interesantísimo patrimonio.

Ideas como las que ustedes mismos lograron plasmar en Barcelona, ¿hacen falta en Valparaíso?

Un par o tres de operaciones ejemplificantes serían absolutamente necesarias y detonadoras de procesos de rehabilitación. Nosotros en Barcelona vivimos una época entre 25 o 30 años en que un gran alcalde -Joan Maragall- y un gran arquitecto, como ha sido Oriol Bohigas, se pusieron en la labor de rehabilitar todo el centro histórico de Barcelona. Lo hicieron a  través de pequeñas operaciones de cirujano que iban limpiando zonas muy complejas, a través de incrustar grandes equipamientos dentro de la ciudad antigua, que estaba deteriorada y abandonada.

¿Y cuál ha sido el efecto urbano?

Ha hecho una transformación tan sorprendente, que al cabo de 30 años es casi irreconocible, porque se ha salvaguardado todo el patrimonio que valía la pena salvaguardar, que es muchísimo, pero a su vez se le ha dotado de nuevos usos, nuevas actividades, ha regresado la gente joven a vivir allí. Eso es un modelo de transformación y regeneración urbana.

Valparaíso es Ciudad Patrimonio de la Humanidad. ¿Eso ayuda o perjudica a su desarrollo?

En la vida hay que volverlo todo en positivo. Creo que de entrada puede parecer que no ayuda, pero si conseguimos esa sinergia entre el público y el privado se puede salvaguardar patrimonio de común acuerdo. Nosotros hicimos la reconversión de la antigua Plaza de Toros de Barcelona, de Las Arenas, que estaba en desuso y abandonada y ni siquiera estaba protegida patrimonialmente, se podía botar, pero conseguimos a través de imaginación arquitectónica y de machaconería convencer a las autoridades políticas y a los inversores privados que valía la pena preservar ese edificio, pero darle nuevos usos. Eso es apostar por el pasado, pero metiéndole nuevas tecnologías, nuevas funciones, nuevos usos a  los edificios. Ese edificio hoy es un auténtico motor de regeneración social. Eso se puede hacer con mayor razón si tenéis edificios protegidos, es una oportunidad para que el privado también le dé nuevos usos y contenidos.

Pero en algunos lugares el ingreso de privados genera suspicacias.

No digo que no pueda suscitar esos malos sentimientos, pero nos ponemos todos a intentar salvaguardar eso de común acuerdo, o vamos compitiendo y cada uno hace su cosa, y eso se va a seguir deteriorándose. Sería muy importante tener dos o tres ejemplos para demostrar que es totalmente compatible esto de que llegue un privado que evidentemente tiene que rentabilizarlo, porque si no gana plata, ¡para qué va a ir a salvaguardar! Pero se puede ir a ganar plata de forma respetuosa y poniendo en valor algo que tiene un valor extraordinario histórico, aunque no sea un valor extraordinario en lo físico.

¿Quién tiene que hacerlo: la autoridad política o los gremios arquitectónicos, de diseño urbanístico?

Tiene que ser un tema de consenso absoluto entre los diferentes actores. Ahí se puede generar una mesa de discusión donde estén las autoridades oportunas, los gremios de arquitectos y también los promotores privados, para intentar entre todos ver planes estratégicos de áreas o de edificios concretos, sobre cómo a esa zona se le puede dar valor añadido. Los arquitectos tenemos mucho qué decir, tenemos mucha responsabilidad social en lo que pasa en nuestras ciudades, y podemos tomar iniciativas que se pueden transmitir a las autoridades políticas y que se pueden linkear con promotores privados, como para poder ir desarrollando todo eso. Hay que ir al win to win, que todo el mundo gane, que gane la ciudad, el ciudadano y el privado. Si no es así, no tiene sentido.

LA BARONDA (ESPLUGUES DE LLOBREGAT)

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Las Arenas

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