El Rincón del Poeta: Versos de sabor

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Pablo Neruda es el indiscutible tótem de Isla Negra, pero Ingrid Weinrich y sus cocineros son los guardianes de una de sus más reconocidas cualidades: un fino sibaritismo, el amor por la cocina local y más allá. Ese estilo es el que cultiva con gracia y cariño El Rincón del Poeta, justo a un lado de la última de las moradas del Premio Nobel.

Escribe y fotografía Carlos Reyes M.*

Neruda, el poeta inmenso, es una de las célebres confirmaciones de un curioso paradigma de la literatura nacional, ese que nos dice que la poesía es prácticamente la dueña de la comida y del vino. Es que, ¿hay algo más famélico que la prosa chilena? ¿Hay algo más allá que meras descripciones de cocinas o de febles comidas a lo largo de los relatos criollos de todos los tiempos? Poco y nada. Comer, beber y gozar es cosas de poetas, parece. En el papel y en la vida. De Neruda, no son pocas las historias tejidas en torno a su existencia entre gozos culinarios. Que sabía reconocer las diferencias entre el caviar ruso y el iraní. Que la más célebre de sus recetas, el Caldillo de congrio, se cocinaba con los pescados más rosaditos y cercanos a la costa, porque entre roca y roca se alimentaban mejor de los crustáceos que le daban tan delicioso color a este insumo clave. No se sabe si el congrio de El Rincón del Poeta sea el mismo que disfrutaba con papas, cebolla pluma y un chorrito de crema fresca nuestro Premio Nobel, pero una cosa es cierta: sabe bien y se prepara con cariño.

Aquel es un plato canónico dentro de la cocina de Ingrid Weinrich, cocinera y empresaria. Para los memoriosos del sabor, también tiene un poderoso curriculum que le avala tanto a ella como a su equipo. En Santiago creó Balthazar, reconocido comedor de los ’80 y ’90, y luego, en los albores de la democracia, se encargó de los fuegos del Palacio de la Moneda, sin “medida de lo posible” de por medio. No quiso o no pudo retirarse (¿Logran retirarse los cocineros alguna vez?) y desde hace más de 15 años, junto a su hijo Eric Jenkin, se aboca a una cocina donde el mar rebosa. No se trata de la tradicional cocina marina, esa que va de Arica a Puerto Montt casi sin sobresaltos en términos de recetas. Lo suyo es la creación, pensando, además, en la gran cantidad de visitantes, chilenos y extranjeros, que desean encontrarse con gratos sabores, aparte de aspirar a un trozo de inspiración frente a los objetos que decoran la última morada de Neftalí Reyes. Puede ser un Cebiche de cochayuyo, suavizado para algunos y sorprendente para otros. O un muy bien sazonado Congrio frito con una pastelera de choclo que nos recuerda que esa costa del Litoral Central también posee una respetable despensa vegetal en sus tierras bajas.

Hay una carta de vinos sustanciosa, diversa en cepas y estilos sin ser demasiado extensa, pensando en maridajes mirando al mar y en las exigencias de una clientela cosmopolita como pocas en Chile. Pero lo esencial está en la sencilla elegancia de sus platos, muchos de ellos originales, que permiten escapar del común denominador de las recetas costeras comunes y corrientes, internándose como Pablo Neruda, en un lenguaje singular y personal pero comprensible para muchos. Ahí radica su encanto.

Ficha:
Poeta Pablo Neruda s/n, Isla Negra, El Quisco.
Tel. (35) 246 1774

*Periodista, editor de la revista LA CAV (Club de Amantes del Vino). Autor de libros-guías de restaurantes de Valparaíso y Viña del Mar.
**Crítica publicada en La Juguera Magazine nº 10

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