El punto de partida de Veró

Por: Valentinne Rudolphy


Mucho he escuchado de Rey Planta o Veró, quien recientemente participó en la iniciativa “Barrio de Boleros” de las Escuelas de Rock por primera vez. Sobre aquel género, cree que es una representación de “cómo las penas de amor nos unen a todos”. De eso y más conversamos con esta nueva voz local que ya tiene un EP y singles bajo el brazo. Pronto lanzará nuevo material con el músico Sebastián Mancilla. Suma y sigue. En tiempos de COVID-19, hicimos esta entrevista digital en la que profundizamos sobre música, género, y varios puntos más. No hay que perderle el rastro.

Cuéntame, ¿qué te motiva, cómo llegas a hacer música? Es decir, una canción, una composición. Qué pasa en ti que dices “ok, estoy creando algo”, ¿cómo lo identificaste?

– En un comienzo, hacer música original fue reencontrarme conmigo. Pasé toda mi enseñanza media cantando mucho, pero hacia fines de cuarto medio y comienzos de mi primer año de universidad, lo dejé de disfrutar. No era pánico escénico, porque presentarme en público ya no me daba nervios, sino que sentí que no lo hacía bien. Estaba muy frustrada con mi voz, con su registro, cansada de sentir que nunca iba a llegar a ser tan buena como otras voces. Como no estaba en mis planes “serios” hacer una carrera en la música, pensé que lo mejor era dar un paso al costado, salir de las clases de canto, crecer, tener una profesión “de verdad”. No era tan descabellado dejar de cantar, era lo sensato de hacer, tenía que concentrarme en sacar mi carrera en pedagogía en inglés y listo.

La primera canción que hice fue como una misión: tengo este poema y tengo que convertirlo en canción. Con la letra frente mí, me senté dos horas exactas buscando melodías y acordes y así apareció la canción “Rey Planta”. Y toda la frustración desapareció. Descubrí que mi voz servía para crear. Que había un mundo de posibilidades que no había mesurado antes por pensar que solo podía ser intérprete. Ese descubrimiento es el punto de partida donde me siento capaz de hacer música.

De ahí en adelante, cada canción viene de forma distinta. Procuro estar siempre alerta, prestar atención tanto a lo que pasa a mi alrededor como a lo que sucede en mi mente, porque sé que por ahí está bullendo una idea que puedo transformar en otra cosa. A veces crear comienza con la disposición de hacerlo, como con “Rey Planta”, mientras que en otras oportunidades es una experiencia más lenta y accidentada, que toma forma casi de casualidad.

En la misma línea, ¿qué te impulsó a explorar tu creatividad en general, y en específico, la musical?

– Me gusta pensar que vengo de una familia creativa. No porque mi abuela sea artística -que lo es-, sino porque requiere mucha creatividad sacar adelante una familia grande. Mi abuela llegó a la costura para sostener a su familia y a partir de ello ha hecho la ropa más hermosa que he visto. Por otro lado, para evitar comprar ropa nueva, mi mamá aún me confecciona vestidos y otras piezas de vestir. Y todo eso, si bien es oficio y trabajo, tiene mucho arte, mucha creatividad. 

Acercándome más a tu pregunta, creo que mis papás te dirían que siempre fui una persona creativa. Ninguno de ellos se dedica al arte, pero me guiaron como podían. Primero vino el dibujo y recuerdo a mi mamá decirme “ahora vamos a dejar de dibujar con palitos y vamos a intentar hacer el cuerpo completo”, tanto como a mi papá copiar retratos familiares con lápiz grafito enseñándome que “no hay que calcar, hay que observar”. 

El impulso definitivo, eso sí, viene de la mano con escribir. Antes de la música, está la literatura. A los 11 años conocí al escritor Pancho Mouat, con quien somos amigxs hasta ahora. Ahí me di cuenta de que además de ser lector, se podía ser autor y ese descubrimiento es clave. Pancho creía (cree) en mí, que podía ser escritorx. Fue una gran luz de esperanza en medio de una infancia triste que parecía eterna. En algún momento iba a crecer y dedicarme a hacer libros. Es por eso que hacer música, para mí, está inexorablemente ligado a escribir. Por eso mi primera canción viene de un poema ya hecho, por ejemplo.

Mi acercamiento real a la música fue tardío, mi familia tenía pocos discos, pero, en cambio, la casa siempre estuvo llena de libros y enciclopedias. Cualquier exploración musical siempre ha tenido más que ver con las letras que con la música misma. La música por sí sola es un interés más reciente, en el cual aún priman dos cosas: lo vocal y la historia que cuenta.

¿Qué te emociona?

– Me emocionan las historias. Me gusta escuchar lo que las personas tienen para contar. Hablar con el colectivero o la señora que se sentó al lado mío en el paradero. Conversar con mi familia y entender todo el viaje que tuvieron que realizar para llegar a donde están ahora. Por ahí va el gusto por los libros, series y películas. El arte en general tiene infinitas formas de contar infinitas historias, mucho más allá de la concepción de belleza por sí misma, que me agrada, pero no me es suficiente. 

El poder de los boleros

Quisiera conocer un poco más sobre el proceso de “renovar” el bolero, ya que entiendo que lo has enfrentado diferente desde las letras y lo que ahí expresas.

– Creo que no podría adjudicarme el proceso de “renovar” el bolero, son palabras mayores. Lo que sí intento es no caer en imitar lo que ya está hecho, no por aspiraciones de originalidad, sino porque no puedo pretender que el resto de mi mundo sonoro no existe. Incursionar en el bolero no es aislarme de la música que escucho y en la que me desenvuelvo, ni contradecir las temáticas que me llaman a escribir.

Desde esa vereda, en las letras quiero abordar temas sociales: la protesta cruzada con ser disidente y el amor en su amplio espectro. Para ello me he propuesto escribir sin género, sin referirme a un él o ella, referirme tan sólo a personas. La única excepción es “Jueves de Javiera” que está dedicado a una mujer, o como me gusta presentarla, a todas las Javieras que componen mi vida, grandes amigas a las que deseo sean amadas y felices como merecen.

El resultado de esta incursión se dará a conocer definitivamente hacia julio de este año, con un EP que estamos preparando con Sebastián Mancilla titulado “Otrxs canciones Vol. 1”, que vendría a ser el primer material de estudio que lanzo desde mi incorporación al Sello Probeta. El EP es un proyecto que venimos preparando desde que Escuelas de Rock nos invitó a participar de Barrio de Boleros, que finalmente se tuvo que realizar online como web serie. Aparecemos en los dos primeros capítulos tocando un adelanto de lo que vendrá en el EP: “Alita rota” y “Jueves de Javiera”. 

¿Cómo has vivido al bolero, cómo te has acercado al género, a ese sentimiento?

– Un primer acercamiento fue escuchar El Bloque Depresivo en la adolescencia, donde descubrí un montón de música que ignoraba. Generalmente las personas conocen el bolero a manos de sus padres o familiares más viejos, pero en mi casa casi no se escuchaba música, por lo que todos mis descubrimientos fueron algo tardíos. Supongo que por lo mismo rayaba tanto con estas “novedades”, por años mi canción predilecta para guitarrear (aunque en mi caso sería ukelelear) fue Los Continentales.

¿Cómo fue evolucionando esa relación?

– En mi primer año de universidad estudiando música, el bolero era uno de los géneros que reinaba el patio, de forma que allí lo empecé a vivir de cerca, escuchando a mis compañerxs. Allí entendí su transversalidad, cómo las penas de amor nos unen a la mayoría. Las letras no envejecen porque esas penas no envejecen.

El punto álgido de mi gusto por los boleros se dio el año pasado. Para una clase de la universidad leí un texto de Daniel Party sobre un disco bien desconocido de Lucho Gatica, curiosamente llamado “Boleros inolvidables con Lucho Gatica”. Por partes iguales, la investigación y la discografía de Lucho Gatica, me inundaron y volví a obsesionarme con el tema, de la misma forma que en su momento El Bloque caló en mí. El bolero tomó un sentido completo, porque era algo que además de poder escuchar y cantar, podía investigar. No fue para nada sorpresa cuando a fin del 2019, el resumen de Spotify de mi año mostró que lo que más había escuchado era boleros y trap. 

He leído en otras de tus entrevistas y me surge esta pregunta: ¿cómo amar desde las disidencias, desde la resistencia?

– Es una pregunta difícil. Últimamente me he cuestionado harto el denominarme queer o disidente, porque me doy cuenta de que tengo mucho privilegio cisgénero. Me visto principalmente como se define lo femenino, pero no puedo andar explicando por la vida que lo que me gusta en realidad es la ropa como objeto, formas y colores, y no su género. Casi nadie baraja la posibilidad de que al hablarme podría estar tratando con una persona no-mujer. Incluso para mí es algo reciente, después de años de incertidumbre y escrutinios secretos de “¿qué chucha soy?”. Ahora se puede hablar más de ello y de a poco siento más tranquilidad al presentarme como una persona no binaria. 

Por otro lado, mi experiencia es trágicamente heterosexual. ¿Cómo le planteas a la persona con la que estás, que no eres mujer? ¿Ni hombre? No he tenido respuestas muy positivas. Súmale el decir “oye, mi cerebro está cableado diferente, soy bipolar”. Qué ofertón. Después de muchas frustraciones y, a pesar de escuchar “no entiendo qué eres, cómo puedo quererte así, solo estás buscando llamar la atención” tantas veces, supongo que amar desde la disidencia y desde la resistencia, no es muy distinto a amar desde “la norma”. Es un acto de paciencia y entrega, pero también de amor a unx mismx. Al final, aprendes a valorar a quienes no te piden justificaciones. Sé que mi mamá me ama incondicionalmente. Que me rodeo de personas llenas de amor, empatía y entendimiento. Una vez un amigo me dijo “te quiero aunque seas un kiwi”. Eso es todo lo que necesito por ahora.

Finalmente, ¿a qué acudes cuando Chile estalla, cuando la sociedad te cansa, o el mundo te desilusiona?

– El fin de Chile me pilló de noche en un bus desde La Serena a Santiago, escuchando por radio todo lo que pasaba. Una vez en Santiago, cerca de las 6 de la mañana, todo parecía normal en el terminal de buses, como si todo lo del día anterior fuese un sueño. Fue en la V región, la noche del 19 de octubre, donde todo se me hizo más real, cuando estando en Viña me tocó correr de las lacrimógenas y hacer dedo a mi casa.

El estallido del país fue mi refugio en medio de momentos personales difíciles. La mayor parte de mis desilusiones con la sociedad desaparecieron, y en cambio, creció mi desconfianza en las instituciones. Desde la rabia y el amor, me reencontré con amigxs en las marchas. El arte adquirió un nuevo sentido. El feminismo se hizo más fuerte. No puedo negar que el miedo es parte de la ecuación, que los horrores que ha perpetuado el gobierno no me afectan, pero en el movimiento social he encontrado fuerza, alegría y sentido. Lo que hoy me cansa son las decisiones de arriba, la inoperancia y foco económico individualista del poder, y no suelo ser muy optimista, pero es en la gente donde encuentro esperanza. El pueblo cuida al pueblo. Lxs amigxs nos cuidamos entre nosotrxs.

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