El mundo onírico y vanguardista de María Luisa Bombal

Un 8 de junio, pero de 1910, nació María Luisa Bombal en Viña del Mar. En su aniversario número ciento diez, repasamos su vida y su obra vanguardista, en donde cuestionó las imposiciones del sistema patriarcal a través del deseo y el inconsciente femenino. 

Por Sandra Rojas

La creación literaria de María Luisa Bombal fue breve, pero excepcionalmente intensa: dos novelas cortas, cinco cuentos y algunas crónicas poéticas. Eso le bastó para marcar un precedente en la literatura chilena e hispanoamericana. Si bien nació hace ciento diez años y murió hace cuarenta, su obra fue pionera al explorar el inconsciente femenino y fusionar, con su prosa poética, aspectos fantásticos con hechos de la vida cotidiana; lo que pronto fue bautizado como realismo mágico.

Describió a la mujer burguesa, ahondó en la frustración del proyecto de vida familiar y fue la primera escritora latinoamericana en narrar un orgasmo femenino. “A mi garganta sube algo así como un sollozo, y no sé por qué empiezo a quejarme, y no sé por qué me es dulce quejarme”, escribió en La Última Niebla, y en La Amortajada se pregunta: “¿por qué la naturaleza de la mujer ha de ser tal, que tenga que ser siempre un hombre el eje de su vida?”. Bombal no se imaginaba que con esos cuestionamientos se convertía, desde su cuna burguesa y conservadora, en un referente para el feminismo en la posteridad.

De forma injustificada, su condición de mujer, los prejuicios debido a su origen social y algunos escándalos de tinte policial enturbiaron parte de su carrera literaria y fue rechazada para el Premio Nacional de Literatura en cinco ocasiones. Pero el legado es evidente. Así lo hace notar la compiladora de su obra, escritora y crítica literaria Lucía Guerra, al asegurar que Bombal “elabora un espacio propio en el cual la mujer deja de ser una musa y mujer esculpida en un relieve, para convertirse en un personaje de una problemática que devela, en parte, la circunstancia de la mujer latinoamericana durante la primera mitad del siglo XX”.

Entre Viña, Buenos Aires, París y Nueva York

María Luisa Bombal nació en Viña del Mar un 8 de junio de 1910 y allí vivió hasta los 9 años. Se trasladó a París, en donde estudió literatura y teatro para luego volver a Chile en 1931. En su regreso, se enamoró de Eulogio Sánchez, un pionero de la aviación en proceso de divorcio. Pero el amorío no resultó; al menos no como Bombal lo deseaba. Luego de una discusión, la escritora sacó un revolver y se disparó en el hombro izquierdo. “¿Intento de suicidio? ¡Ay, no, nunca tendría ese valor! Y sin embargo quería morirquería morir, te lo juro”, explicó años más tarde.

Para subirle el ánimo, Pablo Neruda —uno de sus amigos más cercanos, de quien luego se distanció por diferencias políticas— la llevó a vivir a Buenos Aires con él y su primera mujer, María Antonieta Hagenaar. Allí comenzó la carrera literaria de Bombal. “Fueron casi siete años en lo que escribió toda su obra, cada palabra por la que hoy sigue siendo recordada y leída”, explica Diego Zúñiga, autor de María Luisa Bombal, el teatro de los muertos, biografía publicada a fines de 2019 por Ediciones Universidad Diego Portales de Chile. 

Apostados de frente en la mesa de la cocina de Neruda, mientras él terminaba la segunda parte de Residencia en la tierra; María Luisa escribió La Última Niebla. Una de esas tardes, el poeta la apodó “abeja de fuego” por su carácter enérgico y apasionado. Antes, había dicho —en un piropo algo despectivo hacia el género femenino— que Bombal era “la única mujer con la cual se puede hablar seriamente de literatura”. También le aconsejó que no aceptara correcciones: “sé siempre tú tu único juez”. Y ella tomó en serio sus palabras, especialmente cuando su otro amigo, Jorge Luis Borges, intentó disuadirla de escribir La Amortajada, por la dificultad de mezclar lo realista con lo sobrenatural. Ella se arriesgó. Años después, Borges reconoció su error y definió a esa novela como el libro que no olvidará nuestra América”. 

Si bien en Argentina Bombal se casó con el pintor Jorge Larco, su obsesión con Eulogio Sánchez seguía latente. En 1941, volvió a Chile y, en un encuentro fortuito con su primer amor, le disparó cuatro veces. El ataque no fue fatal: Eulogio sobrevivió, no puso cargos y la escritora quedó absuelta de toda culpa. Al matarlo, mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”, confesó después. 

Cosmopolita y viajera empedernida, decidió marcharse a Estados Unidos, se estableció en Nueva York y se casó con el conde francés Rafael de Saint Phall, con quien tuvo a su única hija, Brigitte, de quien también se distanció más adelante. 

La melancolía marcó gran parte de la vida y obra de María Luisa Bombal. Al enviudar, volvió una vez más a su tierra natal; lugar en donde tuvo que enfrentar, como un golpe despiadado, la indiferencia y el poco reconocimiento de su obra. La angustia y su adicción al alcohol quedaron plasmados en sus últimas cartas: “Estoy enferma del alma y he perdido toda alegría y deseo de vivir (…) “aunque la muerte misma debe ser menos solitaria y triste”.

Realismo Mágico

A María Luisa Bombal mucho se le ha criticado la brevedad de sus creaciones, como si en literatura la cantidad primara sobre la calidad. En la introducción de sus Obras Completas de Editorial Zig-Zag, Lucía Guerra compara a la escritora chilena con Juan Rulfo: en extensión, pero también en contenido. De hecho, la mayoría ignora que el autor de Pedro Páramo admiraba profundamente a la escritora chilena. 

Se conocieron en México en 1940 y, treinta años después, se reencontraron en Chile. “Ahí recordamos cómo nos habíamos conocido, y le agradecí su apreciación de mi obra. Le dije que sus páginas habían inspirado varias calles de Comala y dijo sentirse honrada”, recordó el mismo Rulfo en una entrevista. 

A los elogios se sumó Gabriel García Márquez al asegurar que no leyó “la obra de Bombal sino mucho después. La encontré buscando las propias lecturas e influencias de Rulfo. Ella es la adelantada de lo que se ha dado en llamar realismo mágico.”

Al parecer, la genealogía paterna de la literatura latinoamericana ha impedido incluir su nombre como pionera en esa corriente. Otros críticos han querido encasillarla en el surrealismo o suprarrealismo, sin embargo, la Bombal siempre se mantuvo al margen de estas definiciones. El poder de su obra va mucho más allá del estilo en el que pudo ser clasificada, especialmente al romper y cuestionar las imposiciones del sistema patriarcal a través del deseo y el inconsciente femenino. En cada novela o cuento de María Luisa, es posible encontrar mujeres que, sin ser necesariamente personajes dominantes o avasalladores, exploran su interioridad, su sexualidad y disputan los roles de género dominantes en la época.

Han debido desfilar más de cien años para que el legado de María Luisa Bombal sea reconocido, aunque sigue en desventaja respecto a sus contemporáneos hombres. La casa de su niñez, en Viña del Mar, todavía está en pie: al fondo del pasaje Monterrey en Agua Santa, signada con el número 52 y sin placa de identificación ni nada que indique la importancia de la construcción. Como su obra, muchas veces pasa desapercibida, pero esconde un valor histórico y cultural incalculable.

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